El Ministerio de Salud de la Nación informó en este inicio de semana que se detectó el primer caso de viruela del mono (Mpox) del clado Ib en la Argentina. Se trata de un hombre de 31 años residente en la Ciudad de Buenos Aires (CABA), sin antecedentes de viaje, que fue atendido de manera ambulatoria y evoluciona de forma favorable.
Durante 2026 ya se habían confirmado cinco casos de la enfermedad en el país, aunque todos correspondían al clado II: cuatro en la Ciudad de Buenos Aires y uno en la provincia de Río Negro.
La detección de esta variante en el país ocurre en un contexto de expansión internacional. En lo que va de 2026 se confirmaron 14 casos de este lado en la región de las Américas: nueve en Estados Unidos, dos en Canadá, dos en Brasil, uno en México y ahora uno en Argentina. Además, también se registró transmisión comunitaria en países europeos como Francia, Portugal y España.
Para profundizar sobre el alcance de este escenario, el médico infectólogo Hugo Pizzi dialogó con FM 89.3 Santa María de las Misiones y llevó tranquilidad respecto a la situación local. “No, en absoluto. Este caso de Buenos Aires es un caso que prácticamente debe engrosar los 70 que ya tenemos. Porque ya tenemos muchos, lo que pasa que este caso es una pequeña variación genética que lo hace un poco diferente”, explicó.
El especialista contextualizó el origen de la enfermedad y recordó que la viruela del mono fue detectada por primera vez en África.
“La viruela del mono surgió en Zaire en la década del 70, hoy República Democrática del Congo. Allí se empezó a notar una gran mortandad de monos”, señaló. En ese sentido, relató que la comercialización de estos animales para investigación permitió identificar el problema sanitario. “Los monos comenzaron a aparecer en la floresta con vesículas en distintas partes del cuerpo y los belgas fueron los primeros que investigaron y se dieron cuenta que era un virus muy parecido, como un primo hermano de la viruela humana”, añadió.
En cuanto a las formas de transmisión, Pizzi explicó que el virus fue mutando y adaptándose al ser humano. “El virus fue mutando y de los monos pasó a agredir al ser humano. Evidentemente los roces del sexo eran los que permitían que las ampollas contaminaran a otra persona”, indicó. Además, advirtió que existen otras vías de contagio. “También estaba en la saliva, el estar muy cerca de la persona enferma podía contagiarnos. Además, hay trabajos que dicen que las pústulas que se rompen en la cama y dejan la sábana húmeda, si alguien viene y se acuesta en ese lugar también puede contaminarse”, detalló.
El infectólogo sostuvo que, en la mayoría de los casos, la transmisión está vinculada a prácticas de riesgo. “Hay varias formas de contagio, pero de 100 casos, 99 siempre son debido al sexo casual, grupal y sin cuidado”, remarcó.
En ese contexto, también alertó sobre el aumento de enfermedades de transmisión sexual en general. “Si uno lo analiza fríamente, va a ver que todas las enfermedades de transmisión sexual subieron en la Argentina y en el mundo. Nosotros tenemos un grave problema con la sífilis, por ejemplo”, afirmó.
Por último, el especialista hizo hincapié en la importancia de la prevención y el cuidado personal. “Quiero que quede asentado el concepto de que hay que cuidar el cuerpo, hay que ser respetuoso del cuerpo. Uno no puede estar jugando con su cuerpo, porque es como tirarse a un precipicio”, concluyó.











