
La pérdida del poder adquisitivo y el aumento sostenido del costo de vida golpean tanto a las familias como a los pequeños almacenes de barrio. Aunque el último índice de inflación informado fue del 1,9%, la desaceleración de los precios no se traduce necesariamente en un alivio para los consumidores ni para los comerciantes de proximidad, que enfrentan una caída en las ventas, mayores gastos para sostener sus negocios y dificultades para reponer mercadería.
Así lo planteó Fernando Savore, vicepresidente de la Confederación General Almacenera a nivel nacional, en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones, en la que describió los cambios en los hábitos de consumo y las dificultades que atraviesa el sector.
Para el dirigente, el problema central ya no pasa solamente por cuánto aumentan los productos, sino por la distancia entre los precios y los ingresos de los trabajadores. “Lo que vemos es la presencia de la compra hormiga: cuando entra el cliente, compra los tres productos que necesitaba para hacer esa comida y se va. Ninguna oferta lo puede tentar, porque el dinero se acaba muy pronto”, explicó.
Al analizar la inflación, Savore señaló que el promedio general no siempre refleja lo que sucede con los productos que forman parte de la compra cotidiana. Algunos rubros registran aumentos superiores y acumulan subas que presionan sobre el presupuesto familiar. “Si uno evalúa de una punta a la otra los productos que vendemos en el negocio, tal vez quede en ese 2%, pero hay mercaderías que han aumentado casi el doble”, advirtió.
Como ejemplo, mencionó el comportamiento de los lácteos, que registraron un incremento del 4% durante el mes anterior. Según detalló, el rubro había acumulado subas del 2,5% en enero, del 2,7% en febrero y del 3% en marzo, hasta llegar al 4% mensual. De acuerdo con su estimación, esos aumentos representaban un acumulado aproximado del 16% al 17%. “Entonces, contra el sueldo, que evidentemente en el año no aumentó eso, cada aumento, por más pequeño que sea, es una gota más que derrama el vaso económico del bolsillo del trabajador”, sostuvo.
Para el representante de los almaceneros, la discusión debe centrarse en los ingresos y en las dificultades que enfrentan las familias para llegar a fin de mes. “El bolsillo del trabajador no da más. Acá lo que me parece que hay que discutir es el tema del salario. El salario está muy bajo y, evidentemente, también hay mucha falta de trabajo”, remarcó.
En ese contexto, resumió la situación como una combinación de factores que se retroalimentan: ingresos insuficientes, aumento del costo de vida y dificultades para sostener el consumo.
Savore remarcó la importancia que tiene la recuperación de los ingresos en el movimiento comercial. No obstante, advirtió que, si no se modifican las condiciones actuales, será difícil revertir la situación. “Si acá no hay una discusión seria de paritarias o una reducción de impuestos, va a ser muy complicado que esto se dé vuelta”, afirmó.
El impacto en la vida cotidiana y la necesidad de mirar la “micro”
Consultado sobre el rumbo económico y la necesidad de prestar mayor atención a la situación de las familias y de los pequeños comercios, Savore consideró que el ordenamiento macroeconómico debe complementarse con medidas que contemplen la economía cotidiana.
“La macro, a veces uno no la ve, pero es parte también de un formato económico. Y que la hayan acomodado a mí me parece bien, pero ahora que la macro está un poco más acomodada, yo creo que hay que ponerle una mirada a la micro”, expresó.
Para el dirigente, esa mirada debe contemplar las diferencias de precios entre las grandes marcas y los productos elaborados por pequeñas y medianas empresas. Según describió, mientras algunas primeras marcas continúan aplicando aumentos, muchas PyMEs intentan sostener sus precios y mantener la calidad.
“Hoy, en nuestros comercios, uno ve que las primeras marcas, las marcas conocidas, las que usted ve en la televisión, las que consumió durante toda su vida, son las que nunca titubean en poner un aumento, mientras las PyMEs tratan de sostener precios”, afirmó.
En ese escenario, observó que se amplía la brecha de precios entre ambos segmentos. Para Savore, los productos de las pequeñas y medianas empresas pueden convertirse en una alternativa para los consumidores, aunque su llegada a distintos mercados también depende de los costos de distribución. Como ejemplo, recordó una experiencia en Misiones, donde conoció a pequeños productores de alimentos que ofrecían mercadería de buena calidad a precios accesibles. Sin embargo, explicó que trasladar esos productos hasta Buenos Aires representaba una dificultad.
El costo logístico, de esta manera, aparece como otro de los obstáculos para ampliar la comercialización de productos regionales y facilitar el acceso a alternativas más económicas.
Los costos operativos y la extinción de la capacidad de ahorrar
La situación de los almaceneros no depende únicamente de la cantidad de mercadería que venden. Los gastos necesarios para mantener los negocios abiertos también aumentaron y reducen el margen disponible para afrontar otras obligaciones.
Savore estimó que los costos operativos representan, como mínimo, alrededor del 20% de la facturación de los comercios, aunque aclaró que el porcentaje varía según el tamaño del establecimiento y la cantidad de empleados.
Para describir la presión cotidiana que enfrentan los comerciantes, relató las decisiones que deben tomar cuando coinciden las facturas de los servicios con la necesidad de reponer productos. “Te llega la factura de la luz y decís: ‘¿Qué hago? ¿Pago la luz o repongo la mercadería que hoy no tengo en góndola?’”, contó.
Según explicó, la falta de recursos obliga a priorizar gastos que deberían poder afrontarse simultáneamente. Si el comerciante decide postergar una factura para mantener las góndolas abastecidas, corre el riesgo de acumular deudas y nuevos vencimientos.
Ante ese panorama, sostuvo que el desafío consiste en administrar el negocio con un margen de maniobra cada vez menor. “Es trabajar con un bisturí”,sintetizó.
Savore remarcó que mantener la mercadería disponible es fundamental para sostener la actividad comercial y conservar a los clientes, dos elementos que considera centrales para la continuidad de los negocios. “El capital más importante que tiene un comercio, primero, es su cliente y, segundo, la mercadería que trabajamos. No podemos estar desprovistos de mercadería”, afirmó.
Sin embargo, explicó que ni siquiera el esfuerzo de los comerciantes por buscar mejores precios entre mayoristas y distribuidores garantiza que quede un ahorro al finalizar el mes.
“Uno trabaja todos los días, le pone muchas horas al negocio, recorre mayoristas, distribuidores, busca precios y, evidentemente, un ahorro tiene que quedar”, señaló. Pero, al describir la situación actual, reconoció que esa posibilidad prácticamente desapareció.
La pérdida de la capacidad de ahorro es otro de los indicadores que Savore observa entre sus colegas. Según relató, muchos almaceneros continúan trabajando y cumplen con sus obligaciones, pero ya no consiguen generar un excedente para invertir o mejorar su situación económica. “Yo hablo con colegas y todos dicen: ‘Sí, trabajo, vivo, pago mis impuestos, como, voy al cine, pero ahorrar no hemos podido. Hemos perdido totalmente el poder del ahorro’”, expresó.
El dirigente, que conoce el rubro desde hace cuatro décadas y amplió su propio negocio de 40 a 92 metros cuadrados, recordó que hubo etapas en las que la actividad permitía progresar, comprar una vivienda, adquirir un vehículo y salir de vacaciones.
Sin embargo, contrastó aquella experiencia con los períodos actuales, en los que el objetivo pasa por sostener la actividad y cubrir las necesidades básicas.“Hay años que se han puesto muy pesados, como este, en los que uno tiene que renunciar a todo. Simplemente, venir a trabajar, sostener el negocio y vivir. Pero después de ahí, proyectar, comprar algo nuevo o ahorrar dinero no nos ha ocurrido”, explicó.
También advirtió que la situación no afecta solamente a los almacenes. En sus conversaciones con representantes de otras actividades comerciales, mencionó sobre cierres de establecimientos en los sectores panadero y kiosquero, que ya son de público conocimiento.
Los comercios de proximidad sostienen ventas, pero cambió el consumo
A pesar de las dificultades, el representante almacenero consideró que los comercios de proximidad mantienen una dinámica diferente de la que observa en las grandes superficies comerciales.
Según describió, los hipermercados muestran poca concurrencia de lunes a jueves, mientras que los almacenes continúan trabajando. No obstante, aclaró que esa actividad no necesariamente implica una recuperación del consumo.
Savore planteó dos posibles explicaciones. Por un lado, señaló que, a diferencia de los períodos de inflación muy elevada, cuando las familias intentaban abastecerse rápidamente para evitar futuros aumentos, ahora los consumidores se muestran más tranquilos respecto del momento de hacer las compras.
Por otro lado, consideró que la falta de dinero disponible lleva a muchas personas a elegir los comercios cercanos para resolver necesidades puntuales. “Usted no va a ir a un hipermercado a perder una hora y pico de su vida para gastar 20.000 pesos, lo va a hacer en un comercio de proximidad”, sostuvo.
En ese sentido, destacó que los almacenes mantienen una competencia importante dentro de su propio segmento, especialmente por la presencia de productos de PyMEs que buscan ofrecer alternativas a precios más accesibles. Sin embargo, insistió en que la continuidad de las ventas no alcanza para garantizar la rentabilidad ni para recuperar la capacidad de inversión y ahorro.





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