Hay ciudades que se narran a través de sus grandes hitos arquitectónicos y otras, como Posadas, que parecen subsistir en el susurro de las esquinas que ya no están. Leo Duarte, investigador y difusor cultural, pertenece a esa estirpe de arqueólogos urbanos que no necesitan pico y pala, sino paciencia y una colección de diarios amarillentos.
En una charla con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, que transitó entre la nostalgia y el compromiso cívico, Duarte presentó “Efemérides Posadeñas 2”, el segundo volumen de una investigación que parece no tener fin. “Me quedaron más de 100 páginas afuera; si fuera por mí, el libro tendría mil”, confiesa con la pasión de quien sabe que cada día de los últimos 400 años de la capital misionera encierra un secreto.
Duarte no solo escribe para los historiadores; escribe para los hijos que ven a sus padres perderse en las brumas del tiempo. Durante el encuentro, relató una escena conmovedora: un hombre con demencia senil avanzada logró “volver” por un instante al reconocer una fotografía antigua de una calle posadeña. “Empezó a recordar quién vivía en cada casa. El hijo lloraba. El médico nos dijo que la foto fue el mejor tratamiento”, contó Duarte, subrayando que su trabajo, más allá de lo académico, es un cable a tierra emocional.
La noticia del día, sin embargo, fue la confirmación de una alianza estratégica: las efemérides y el archivo de “Posadas del Ayer” -el fenómeno que Duarte lidera en redes sociales- se integrarán formalmente a las páginas de PRIMERA EDICIÓN. Esta unión permitirá que el lector cotidiano se cruce, entre noticia y noticia, con el espejo de su propia historia.
Una ciudad que cambia y la deuda de género en el asfalto
Como todo observador agudo, Duarte no esquiva la crítica. Lamenta la pérdida de edificios icónicos, como el Hotel Savoy (hoy en riesgo de derrumbe) o las “casas mellizas” de la calle Sarmiento, de las cuales solo queda una en pie frente a la antigua Municipalidad. “Posadas ha cambiado mucho, y por suerte para bien en varios aspectos, pero no hemos sabido conservar el patrimonio físico”, sentenció.
La investigación de Duarte también arroja datos curiosos que funcionan como un test de identidad para los locales. ¿Sabía usted que la calle Santa Fe es la única en el microcentro que cambia de nombre para convertirse en avenida (Polonia)? ¿O que el primer local de una famosa cadena de hamburguesas en la avenida 40 se inauguró en 2018? Para el investigador, el dato de ayer es tan vital como el de hace un siglo.
Uno de los puntos más críticos de la charla fue el análisis de la nomenclatura urbana. En una ciudad con miles de arterias, la presencia femenina es casi invisible. “Posadas tiene apenas unas diez calles con nombres de mujeres”, denunció Duarte.
El investigador señaló contradicciones burocráticas: mientras calles céntricas llevan nombres de figuras internacionales ajenas a la idiosincrasia local -como el “padre del espiritismo”-, figuras clave como Maruja Ledesma, la primera directora de Cultura de la provincia en 1956, siguen esperando su lugar en el mapa.
Duarte dedica doce horas diarias a esta labor. Su centro de operaciones es un reservorio de libros que la gente le dona para evitar que terminen en la basura. “Hacemos rescate de bibliotecas enteras. Muchos libros los ponemos en una mesa frente al Museo Juan Yaparí para que la gente se los lleve gratis. Es una forma de colaborar en tiempos difíciles”, explicó.
Mientras prepara un tercer libro y una investigación específica sobre las calles de Posadas, Duarte ya tiene la mirada puesta en un escenario poco convencional: el Cementerio La Piedad. “Es una de mis pasiones; voy dos o tres horas por día con el mate a buscar las tumbas de personajes famosos”, dice. Allí, entre lápidas, descansa el resto de la historia que todavía no fue contada.




