Los trabajadores rurales en el país atraviesan un escenario crítico, marcado por la caída del poder adquisitivo, la reducción de fuentes laborales y la dependencia de programas sociales que resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas. En una entrevista cruda y sin concesiones concedida a FM 89.3 Santa María de las Misiones, Carmelo Rojas, subdelegado regional de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) en la provincia, trazó un panorama desolador: una combinación de salarios pisados, programas sociales en duda y una migración forzada que desmiembra familias en busca de un jornal digno.
Rojas alertó sobre un “futuro cada vez más oscuro” para las familias vinculadas a la actividad rural, especialmente en regiones como Misiones y explicó, que el ingreso principal en el sector continúa siendo la cosecha -principalmente la yerba mate- junto a changas esporádicas, en un contexto donde las demás actividades no logran absorber la mano de obra disponible.
Lo que más duele en el sector no es solo la falta de empleo, sino la pulverización del que todavía existe. Según el análisis del dirigente, la brecha entre los aumentos salariales y la inflación en el Noreste Argentino (NEA) es una trampa de la que no pueden salir.
“El trabajador hoy no se puede sostener con los valores que se están pagando”, sostuvo, al tiempo que señaló que las políticas económicas actuales impactan directamente en las pequeñas y medianas economías regionales y, en consecuencia, en el empleo. En ese marco, advirtió que los salarios vienen perdiendo frente a la inflación de manera sostenida. “Hoy se pierde todos los meses. Tenemos un techo paritario del 1% y una inflación que lo supera ampliamente”, afirmó.
De acuerdo a su análisis, los trabajadores rurales acumulan más de 30 puntos de pérdida salarial en el último año, lo que agrava la situación de un sector que ya presentaba niveles de vulnerabilidad. Además, remarcó que el costo de los alimentos -principal componente del gasto familiar- registra aumentos por encima de los índices generales de inflación, lo que impacta con mayor fuerza en los hogares rurales.
Uno de los ejes centrales de la charla fue la posible paralización o modificación de los programas sociales, específicamente el Potenciar Trabajo. Aunque Rojas lo definió como un “pequeño paliativo” que apenas cubre el 4% de la canasta básica total, su desaparición representaría un impacto letal para quienes dependen de ese ingreso durante los meses de interzafra.
“Sería un golpe más hacia la clase trabajadora y los sectores más vulnerables”, señaló el referente. Al margen de las irregularidades que el Gobierno nacional dice investigar, fue tajante: “Es irrisorio el monto si se compara con los gastos siderales y la corrupción que se van destapando, pero para el trabajador de la yerba mate, que lo usa en época de receso, esa pequeña ayuda sirve de todas maneras”.
Otro de los fenómenos que se intensifica es la migración laboral. Ante la falta de oportunidades, muchos trabajadores optan por trasladarse a otras provincias o incluso al exterior. En esos casos, señaló, suelen enfrentarse a condiciones de trabajo precarias, con salarios más bajos y situaciones de desprotección, lo que expone a las familias a escenarios de mayor vulnerabilidad.
Consultado sobre la ausencia de protestas masivas, Rojas consideró que predomina un clima de desánimo entre los trabajadores.
“Hay una sensación de que esto es irreversible por ahora. Muchos no creen que salir a protestar vaya a cambiar la situación”, explicó.
A esto se suma, según indicó, la percepción de que algunas de las medidas actuales cuentan con el respaldo de sectores políticos que previamente habían recibido el voto de los propios trabajadores, lo que profundiza la desconfianza y la falta de expectativas.
Finalmente, el referente remarcó que, más allá de los programas nacionales, la asistencia provincial aparece como el único sostén en muchos casos. “Sabemos que no alcanza, pero es la única ayuda que tienen muchas familias”, señaló.
En ese contexto, advirtió que cualquier recorte, incluso parcial, puede tener consecuencias inmediatas en los hogares rurales, especialmente en aquellos con mayor cantidad de integrantes.




