La inflación volvió a mostrar una desaceleración en agosto y se ubicó en 1,7% mensual, pero el promedio esconde una dinámica muy diferente entre los productos que se compran y los servicios que forman parte de los gastos habituales de los hogares. Mientras los bienes aumentaron 1,4% durante el mes, los servicios avanzaron 2%, una distancia que se amplía considerablemente cuando se observa lo ocurrido desde comienzos del año.
Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Índice de Precios al Consumidor acumuló 21,3% entre diciembre de 2025 y agosto, mientras que los bienes aumentaron 18,3% y los servicios treparon 27,1%. La diferencia entre ambos componentes llegó así a 8,8 puntos porcentuales.
La brecha resulta todavía más pronunciada en la comparación contra agosto del año pasado. Con una inflación general de 33,5% interanual, los precios de los bienes subieron 29,5%, pero los servicios escalaron 41,8%, es decir, más de doce puntos por encima de los productos.
La diferencia ayuda a explicar por qué una desaceleración del índice general no necesariamente se traduce con la misma intensidad en el presupuesto cotidiano. Una parte importante de esos servicios corresponde a consumos que los hogares tienen poco margen para eliminar o postergar, como electricidad, gas, agua, transporte, salud, educación y comunicaciones.

Vivienda, uno de los mayores focos de presión
La división Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue justamente la que más aumentó en agosto, con 2,8%, por encima del IPC general. En los primeros ocho meses del año acumula 31,5%, mientras que en la comparación interanual alcanza 49,1%, casi 16 puntos por encima de la inflación promedio.
La misma tendencia aparece, aunque con distinta intensidad, en otros rubros vinculados con servicios. Educación aumentó 30,1% desde diciembre y 40% interanual; Comunicación, 23,5% y 36,8%, respectivamente; mientras que Transporte acumula 21% en el año y 38,2% frente a agosto de 2025. En Salud, la variación llegó a 22,3% durante 2026 y a 33,2% interanual.
El fenómeno no implica que todos los bienes estén aumentando lentamente ni que todos los servicios superen necesariamente al promedio. Sí muestra que, considerados como grandes grupos, los servicios vienen registrando una inflación sensiblemente mayor, al mismo tiempo que muchos de ellos tienen un peso relativamente rígido dentro de los gastos mensuales de las familias.

Una canasta basada en hábitos de consumo de hace dos décadas
Hay además otra cuestión metodológica detrás de la medición. El IPC vigente utiliza una estructura de ponderaciones construida a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004/05, cuyos gastos fueron actualizados a precios posteriores para conformar la canasta utilizada por el índice nacional. El propio INDEC explica que esas ponderaciones reflejan las proporciones de gasto de los hogares observadas en aquella encuesta, aunque con ajustes posteriores.
Desde entonces, los hábitos de consumo cambiaron. La ENGHo 2017/18 mostró, por ejemplo, que Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles representaban 14,5% del gasto de consumo de los hogares, mientras que Alimentos y bebidas no alcohólicas concentraban 22,7%. La encuesta más reciente fue realizada precisamente para obtener información actualizada sobre cómo distribuyen sus gastos las familias argentinas.
Ese cambio en la estructura del gasto cobra mayor importancia en un escenario en el que los servicios avanzan sistemáticamente por encima de los bienes. Una canasta con mayor participación de esos consumos podría arrojar resultados algo diferentes respecto del índice construido con ponderaciones anteriores.
De hecho, una estimación de la consultora Equilibra, consignada por Agencia Noticias Argentinas, calculó que si se utilizaran ponderaciones actualizadas con la ENGHo 2017/18, la inflación de agosto habría sido 1,8% en lugar de 1,7%, mientras que el acumulado de los primeros ocho meses habría alcanzado 22,6% en vez del 21,3% oficial. Se trata de un cálculo privado y no de una medición del INDEC.
La diferencia no modifica sustancialmente la tendencia de desaceleración inflacionaria, pero sí permite mirar con mayor detalle cómo se distribuyen los aumentos dentro del presupuesto familiar. El IPC de agosto volvió a bajar, pero al mismo tiempo varios de los gastos que llegan todos los meses y que ofrecen menos posibilidades de ajuste siguen creciendo a un ritmo superior al promedio.
Así, detrás del 1,7% mensual conviven dos velocidades: una inflación de bienes que en 2026 acumula 18,3% y otra de servicios que ya alcanza 27,1%. Una brecha que ayuda a explicar por qué la mejora del índice general puede tardar más en sentirse en los gastos cotidianos.
Fuente: Agencia de Noticias NA






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