
La muerte de una trabajadora de 28 años de un instituto especializado en peste y otros patógenos peligrosos en Siberia desató una ola de versiones sobre un posible accidente de laboratorio y obligó a las autoridades rusas a desplegar medidas epidemiológicas extraordinarias. Sin embargo, hasta el momento no se confirmó que la mujer haya contraído peste ni que se haya producido una fuga de la bacteria Yersinia pestis.
El caso ocurrió en la región rusa de Irkutsk. La fallecida trabajaba en el Instituto de Investigación Antiplaga de Irkutsk de Siberia y el Lejano Oriente y desarrolló una neumonía de origen desconocido. Tras su muerte, cerca de 200 personas que habían mantenido contacto con ella quedaron inicialmente bajo vigilancia médica.
La versión que más rápidamente se propagó señalaba que la trabajadora habría roto accidentalmente un recipiente mientras manipulaba Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste. Las autoridades rusas sostienen que las investigaciones realizadas no encontraron evidencias de un accidente con microorganismos patógenos ni detectaron en la fallecida agentes relacionados con su actividad profesional.
En ese contexto, el médico infectólogo Hugo Pizzi analizó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones qué podría haber ocurrido y, sobre todo, cuáles serían las implicancias sanitarias si efectivamente se comprobara un incidente con ese microorganismo.
“Lo único que se sabe es lo que ustedes conocen”, advirtió inicialmente el especialista, quien remarcó las dificultades para obtener información concluyente sobre lo sucedido.
La hipótesis de un accidente
A partir de las primeras versiones que circulaban sobre el episodio, Pizzi planteó como una posibilidad un fallo en las condiciones de bioseguridad del laboratorio.
“Acá da toda la sensación de que en un laboratorio es muy probable que haya fallado alguna de las medidas biotécnicas o de bioseguridad”, sostuvo.
El infectólogo explicó que instalaciones de esas características cuentan con sistemas específicos destinados a evitar que los microorganismos manipulados entren en contacto con los trabajadores o escapen hacia el ambiente.
También consideró posible, siempre dentro del escenario hipotético que estaba analizando, que se hubiera producido la rotura de algún elemento utilizado para conservar cultivos de Yersinia pestis.
Sin embargo, la investigación oficial conocida posteriormente no corroboró esa versión. Dos comisiones que revisaron los procedimientos de bioseguridad no encontraron evidencias de un accidente relacionado con microorganismos patógenos, según informó la autoridad sanitaria rusa.
Para Pizzi, uno de los elementos que inicialmente llamó particularmente la atención fue la magnitud de las medidas preventivas adoptadas.
“Lo más curioso de todo este accidente es que hay 200 personas en observación”, señaló durante la entrevista.
Una bacteria temida durante siglos
Más allá de qué haya provocado finalmente la muerte de la trabajadora rusa, Pizzi explicó que Yersinia pestis es actualmente una bacteria conocida y tratable con antibióticos, muy lejos del escenario que provocaba siglos atrás.
“Quiero que sepan que este germen nosotros lo podemos manejar muy bien. Es más, desde la era de la antibioticoterapia este germen está totalmente dominado”, explicó.
La bacteria es responsable de la peste, una enfermedad que puede presentarse principalmente en formas bubónica, septicémica o neumónica.
Pizzi se detuvo especialmente en uno de los mecanismos naturales de transmisión más conocidos: el que involucra a roedores y sus pulgas.
“Esta Yersinia pestis es de la rata. Y hay una pulga que es la pulga de la rata, que se llama Xenopsylla cheopis, que se alimenta de la sangre de la rata. Si la rata tiene la Yersinia, la pulga se queda con la Yersinia”, explicó.
Cuando el roedor muere, agregó, la disminución de su temperatura corporal provoca que la pulga busque otro huésped del cual alimentarse.
“Cuando pasa un hombre cerca, como las pulgas saltan centímetros, capta el calor, pega un salto y la pulga de la rata empieza a chuparnos sangre a nosotros”, describió.
Por qué se llama peste bubónica
Pizzi explicó además qué ocurre una vez que la bacteria ingresa al organismo.
“Ataca a los ganglios inmediatamente y esos ganglios se hinchan. Por eso se dice ‘peste bubónica’: todo lleno de bubones”, señaló.
La peste bubónica es la forma más frecuente de la enfermedad. Diferente es la peste neumónica, cuando la infección compromete los pulmones, ya que esa variante sí puede transmitirse entre personas mediante secreciones respiratorias.
Precisamente esa posibilidad fue la que incrementó la preocupación internacional ante las primeras informaciones provenientes de Siberia.
Sin embargo, hasta este martes no se detectaron casos de peste entre los contactos de la trabajadora fallecida. Los controles realizados identificaron algunos casos de COVID-19 y rinovirus, pero ninguna infección por Yersinia pestis. La mayoría de las personas que habían sido aisladas preventivamente ya fueron liberadas.
La causa de la muerte de la joven, mientras tanto, continúa oficialmente bajo investigación.
La hipótesis más sensible
Durante la entrevista, Pizzi fue todavía más allá y planteó una hipótesis sobre el tipo de investigaciones que podrían realizarse con microorganismos peligrosos.
“¿Y si estaban trabajando genéticamente con la Yersinia? ¿Y si estábamos dentro de un plan de guerra biológica?”, se preguntó.
El propio planteo fue formulado por el infectólogo como una hipótesis y no como información comprobada. Hasta el momento no existe evidencia pública que permita vincular la muerte de la trabajadora con un programa de armas biológicas ni siquiera confirmar que haya estado expuesta a Yersinia pestis.
El episodio sí volvió a poner bajo discusión los riesgos inherentes al trabajo con patógenos de alta peligrosidad y los sistemas de bioseguridad necesarios para manipularlos.
Y dejó, al menos por ahora, una diferencia sustancial entre la alarma inicial y lo que pudo comprobarse: hubo una muerte, hubo un amplio operativo epidemiológico y existe una investigación en marcha, pero no hay un brote de peste confirmado en Siberia.




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