Hugo Oscar Báez (55) jamás pensó que debería desprenderse de una carta que recibió de un soldado combatiente de Malvinas y que guarda celosamente desde hace 44 años. Pero tras ser víctima de una estafa y sin poder afrontar los gastos diarios, decidió acudir al baúl de los recuerdos y poner a la venta esta misiva escrita de puño y letra por el “soldado amigo” Mario Luis Ponce – Regimiento de Infantería 25 – Compañía de Servicio y Comando – Puerto Argentino – Malvinas Argentinas.
“Estoy pasando por un momento muy complicado y necesito venderla. Es lo único que tengo de valor para poder sortear esta situación y solucionar mi problema”, manifestó Báez que debe afrontar gastos de colegio y de facultad de sus hijos, además de pagar el alquiler mensual del departamento que habita.
Contó que, siendo niño, vivía en San Javier junto a su familia y que, a sugerencia de su maestra de séptimo grado, de la Escuela 109 “Juan Tironi”, Teresita Balsari, escribió unas líneas en 1982, cuando comenzó la guerra, sin pensar que alguien podría contestarlas. “Dijo que escribiéramos una carta a los soldados que estaban en Malvinas para darles aliento, a fin de ayudarlos emocionalmente. Las redactamos con nuestras palabras y ella las mandó, pero sin remitente. Pasaron unos veinte días y la respuesta llegó a la escuela. Éramos unos 35 alumnos y solo cuatro cartas tuvieron respuesta”, comentó.
“Cuando recibí la contestación sentí una emoción enorme, nos sentimos privilegiados. La maestra autorizó que me la llevara a casa y la guardara”, agregó. Después de un tiempo, desde el establecimiento lo contactaron para pedirle el escrito a fin de dejarlo en el archivo del colegio, pero “le dije que no. La maestra dijo que me llevara porque era mía. Es un recuerdo para vos, me recordó”.

Tras los rastros de Ponce
Hace unos tres años, a Báez se le dio por buscar al remitente, pero como no sabía utilizar las redes sociales, “pedí ayuda a unos chicos universitarios vecinos del departamento. Les comenté y prometieron ayudarme. Fue así que encontramos al excombatiente que vive en Villa María, provincia de Córdoba, que estaba a punto de recibirse de kinesiólogo. Entre otras cosas, me había contado que todos los años hace la vigilia del 2 de Abril en su provincia. Me dijo que cuando regresaba al Continente le sacaron todas las cosas y que se llevaron mi carta. No recordaba el escrito, solo que eran palabras de aliento que le habían ayudado. Cuando se me planteó este tema, quería comentarle si podíamos hacer algo, pero al enviarle el mensaje, la tilde se pone celeste y ya no contesta”, lamentó.
Báez, quien por mucho tiempo se desempeñó como chofer de una empresa de colectivos y que ahora trabaja de vendedor ambulante, tenía 12 o 13 años cuando redactó. “No recuerdo lo que puse porque ya pasaron 44 años. Fue en base a lo que dijo la maestra, palabras de aliento. Pero me terminó dando aliento a mí”, confesó.
Todos los del grado mandaban una carta sin nombre y al llegar a destino, las repartían al azar. “Muchos soldados contestaron, pero los escritos no llegaron. Varios de San Javier, tuvimos suerte”, celebró, al tiempo que leyó la respuesta de Ponce: “Estimado Hugo: futuro soldado, mil gracias por tu aliento y tu espíritu que, desde muy pequeño te sientes como nosotros. Estudiá mucho, obedece a tus padres y maestros, y saldrás triunfante en todo campo de batalla. Con mucha fe en Dios, saldrás adelante. Los tenemos presentes en cada instante. Sin más, tu soldado amigo”.

Cuando hizo el servicio militar, Báez fue hasta el Canal de Beagle, mientras prestaba servicios al Batallón 5 de Infantería de Marina de Río Grande, Tierra del Fuego. “Estuve un año y cinco meses. La de 1971 fue la última clase obligatoria, con compañeros de Posadas y de Puerto Iguazú. Trabajando en el colectivo, después de 25 volví al Batallón 5, en un viaje especial. Hicimos la vuelta por Tierra del Fuego, Chile, pasamos por ahí y estuve un rato. Es lindo haber vivido esa experiencia”, rescató.
Aunque con los vestigios propios del paso del tiempo, la carta estaba muy bien guardada junto a “fotos mías de pequeño, el diploma de la Escuela de Comercio 5 y cosas del nacimiento de mis tres hijos, que atesoro con cariño. Varias veces la saqué del escondite y el 2 de abril, por ejemplo, la ponía en el estado de Whatsapp”. Ahora, quizás, deberá desprenderse para siempre de algo que atesoró celosamente a lo largo de 44 años.







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