Por primera vez en más de cinco décadas de trabajo, Ismael Ortigoza asegura que vive el peor momento del consumo barrial. Dice que la gente compra “solo para el día”, que desaparecieron los postres de la mesa familiar y que muchos vecinos vuelven a intercambiar ropa o zapatillas por alimentos básicos. “Como esto, nunca”, resumió con crudeza.
El presidente del Centro de Almaceneros describió un escenario de fuerte deterioro social y económico que golpea de lleno a los comercios de cercanía, históricamente considerados el termómetro del bolsillo popular.
“Yo hace 53 años que soy almacenero y nunca hubo un parate casi total como ahora”, afirmó durante una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones. “La gente consume solamente lo primordial: harina, aceite, fideo… y compra para el día. Ya no existe más eso de hacer la compra semanal o quincenal”, lamentó.
Ortigoza aseguró que el cambio de hábitos es extremo y que incluso productos tradicionales desaparecieron prácticamente del consumo cotidiano. “Postre, olvídate. No hay más dulce de membrillo, dulce de batata, durazno. Todo eso desapareció”, sostuvo.

“La gente trae ropa y nosotros le damos comida”
El comerciante relató que muchos almacenes barriales comenzaron a implementar mecanismos de supervivencia impensados años atrás. Uno de ellos es el regreso del trueque.
“Estamos volviendo a la época de antes. Por ahí me traen una zapatilla limpia o una ropita y yo les doy fideos. Nos ayudamos mutuamente”, contó.
La situación, según explicó, obligó a los almaceneros a reinventarse constantemente para sostener las ventas y ayudar a los vecinos que llegan sin dinero. “El almacenero es un poco el mago del barrio. Tiene que hacer malabarismo para poder vender porque la gente no tiene plata”, expresó.
Ortigoza reconoció que muchas veces las personas llegan al negocio con apenas monedas. “Si traés 100 pesos no llevás nada. Entonces le damos un poquito de cada cosa: arroz, fideo, algún juguito. Tratamos de colaborar”, dijo.
Con visible emoción, el comerciante describió las escenas que vive diariamente detrás del mostrador. “Es doloroso verle a la gente que no tiene plata para comprar comida. Yo quisiera que ustedes vengan un mediodía al almacén para ver la cantidad de gente que viene a pedir”, afirmó.
El referente del sector explicó que la crisis ya modificó completamente la dinámica comercial de los barrios. “Antes la gente cortaba pasto, hacía changas y había movimiento. Ahora no hay nada”, remarcó.
Según indicó, una de las estrategias para sostener precios bajos es volver a vender productos fraccionados, como ocurría décadas atrás.
“Compro bolsas de harina de 50 kilos y las fracciono yo mismo. Así sale más barato porque no se paga el paquete. Estamos volviendo a vender todo al menudeo”, explicó.
El huevo, las verduras y el “arrocín”
Ortigoza detalló que hoy los productos más buscados son los más económicos y rendidores. “El huevo se vende más. También la papa, la zanahoria y todo lo que viene del Mercado Central”, señaló.
Pero uno de los datos más impactantes fue el aumento de la demanda del llamado “arrocín”, un subproducto de menor calidad que antes se comercializaba casi exclusivamente por bolsa. “El arrocín que yo vendía por bolsa ahora la gente lo compra para comer”, reveló.
“Estoy cansado, con ganas de tirar la toalla”
A sus 77 años, Ortigoza confesó que atraviesa uno de los momentos más duros de su vida laboral. “Estoy medio cansado. Medio con ganas de tirar la toalla”, admitió.
Sin embargo, asegura que continúa trabajando junto a su familia y tratando de sostener el servicio social que históricamente representan los almacenes de barrio.
“El almacenero es parte del barrio. Cuando hay un accidente o alguien necesita algo, siempre dicen: ‘Andá a lo de Don Ortigoza’”, relató.
También destacó que todavía mantiene algunas libretas de fiado activas desde hace décadas.
“Me quedaron cinco libretas que no puedo cortar porque son vecinos de toda la vida. Son gente que siempre cumplió”, explicó.
Un símbolo del consumo popular
Las declaraciones de Ortigoza reflejan con crudeza el deterioro del poder adquisitivo y el cambio profundo en las formas de consumo popular.
En los almacenes de barrio,uno de los sectores más sensibles a las crisis económicas, ya casi no existen compras grandes, el efectivo escasea y las familias priorizan únicamente los alimentos básicos.
Mientras tanto, los comerciantes intentan sostener precios, ayudar a sus clientes históricos y sobrevivir en un contexto que, según el propio Ortigoza, no tiene antecedentes comparables en más de medio siglo de trabajo. “Pasé de todo en 53 años, pero como esto, nunca”, concluyó el reconocido almacenero.







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