La inestabilidad del clima dejó de ser una especulación de laboratorio para transformarse en el principal factor de riesgo en los campos del NEA. Tras registrar un récord histórico de calor en febrero y arrastrar una sequía severa que obligó a los ganaderos a liquidar rodeos de forma anticipada, la producción agropecuaria de Misiones enfrenta ahora el inicio de un período de heladas marcado por la disparidad regional y la amenaza de un fenómeno de El Niño en puerta.
En este contexto, el agrometeorólogo José Olinuck sostuvo que el actual escenario climático representa un alivio para buena parte de la producción agropecuaria, aunque advirtió que la creciente variabilidad meteorológica obliga al sector a adaptarse cada vez más rápido a fenómenos extremos.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el especialista explicó que el frío registrado en estos días “es adecuado para la época” y resulta incluso beneficioso para numerosos cultivos y frutales, especialmente luego de meses marcados por temperaturas extremas, sequías y cambios bruscos en el comportamiento del clima.
“Para las plantas el frío actual es positivo”, resumió Olinuk, quien señaló que las bajas temperaturas graduales permiten que los cultivos ingresen en reposo de manera natural y reduzcan el impacto que generan las irrupciones polares intensas. Según explicó, el problema más severo aparece cuando mayo se mantiene demasiado cálido y luego llegan descensos abruptos en junio o julio, como ocurrió el año pasado. “Si las temperaturas previas son elevadas, los daños son mucho mayores”, afirmó.
Además indicó que hasta ahora las heladas registradas fueron “muy suaves y débiles”, con daños mínimos y muy localizados, principalmente en plantas especialmente sensibles y en zonas bajas.
También destacó que estas jornadas comienzan a aportar un elemento clave para los frutales: la acumulación de “horas frío”, necesarias para lograr una buena floración y fructificación posterior. “El año pasado hizo mucho frío en junio y julio y fue impresionante la floración y fructificación en durazneros, ciruelos y frutas nativas”, recordó y agregó que las bajas temperaturas estacionales incrementan la concentración de azúcares en las plantas cítricas, mejorando la calidad y asegurando la carga frutal del próximo ciclo.
Sin embargo, el verdadero peligro para las economías regionales radica en el comportamiento de las denominadas heladas tardías. Históricamente esporádicas, las heladas de septiembre se han vuelto el principal foco de preocupación para cultivos clave como el té. En esa etapa del año, las plantas se encuentran en pleno proceso de brotación y floración, por lo que un evento tardío puede traducirse en pérdidas directas de cosecha.
En cambio, sostuvo que los fríos intensos de junio y julio suelen ser necesarios para numerosos cultivos y que, en general, los daños más importantes durante esa etapa se limitan a pasturas o especies tropicales.
Al margen de los beneficios hortícolas, la realidad de la ganadería misionera muestra una cara mucho más compleja. La falta de lluvias homogéneas durante el primer trimestre del año desarticuló la estrategia de reserva forrajera para el invierno. El agrometeorólogo comentó que productores de Andresito atravesaron una situación crítica debido a la falta de lluvias entre enero y marzo.
“Tuvieron que largar los animales y consumir la reserva”, contó. Según explicó, algunos productores incluso debieron vender hacienda antes de lo previsto por la falta de pasturas y alimento disponible.
El déficit hídrico golpeó con fuerza dispar. Mientras que algunas zonas del centro provincial registraron volúmenes de precipitaciones de hasta 180 milímetros en febrero, localidades del norte, como Comandante Andresito, sufrieron una sequía severa con registros que no alcanzaron los 50 milímetros.
Del récord histórico a la amenaza de El Niño
Los registros estadísticos del INTA reflejan una oscilación térmica sin precedentes que desafía los métodos de manejo tradicionales. En menos de un año, la provincia pasó de marcas extremas en el termómetro a heladas a nivel del suelo que rozaron niveles históricos:
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Febrero del 2026: Se registró una temperatura máxima de 40,5 °C, el valor más alto computado para ese mes en la historia climática de la región.
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Invierno anterior: El termómetro descendió hasta los 7,1 °C bajo cero a cinco centímetros del suelo en las estaciones de medición.
Frente a esta coyuntura, las proyecciones meteorológicas de corto plazo anticipan una transición hacia el aumento de las marcas térmicas tras el actual frente frío, manteniéndose dentro de los parámetros normales de la estación y bajo una fase neutral de precipitaciones.
No obstante, el mediano plazo plantea un desafío mayor: la consolidación del fenómeno de El Niño. La previsión de lluvias por encima de lo normal obligará a los productores a reconfigurar de manera urgente el manejo del suelo y las cuencas hídricas para mitigar los efectos de la erosión y garantizar la conservación de vertientes y estanques en las chacras.





