En medio de un escenario económico que muestra señales de estabilización macro, el consumo masivo en Argentina continúa debilitado y comienza a encender alarmas entre empresarios de distintos rubros. Referentes de la industria textil, gastronómica y de productos básicos coinciden en un diagnóstico que se repite con matices, la demanda no repunta y exhibe una marcada polarización, con mejores desempeños en segmentos extremos mientras el resto del mercado se retrae.
La preocupación no se limita a un sector. Diseñadores como Benito Fernández y Ricky Sarkany, históricamente vinculados a la producción nacional, expresaron su malestar por el rumbo económico y el impacto que genera en la actividad. Sarkany describió un contexto de incertidumbre persistente y señaló que el cambio de modelo obligó a redefinir la estrategia empresarial. Recordó que durante la gestión anterior habían invertido cinco millones de dólares y ampliado su plantilla laboral, pero que hoy deben reconvertirse para competir en un esquema más abierto a las importaciones.
En paralelo, desde el consumo masivo advierten que la desaceleración inflacionaria no alcanza para reactivar la demanda. Federico Sala, fundador de El Club de la Milanesa, sostuvo que existe inquietud porque no se percibe un programa orientado a mejorar el poder adquisitivo. Según planteó, sin mayor disponibilidad de ingresos en la población resulta difícil sostener la actividad comercial, más allá de la estabilidad de algunas variables macroeconómicas.
El comportamiento del consumidor también cambió de forma significativa. Romina Fernández, directora de una firma del sector, explicó que se consolida un patrón dual en el que conviven productos de alta gama con opciones de bajo costo, mientras desaparecen alternativas intermedias. En ese sentido, describió un consumidor más selectivo, que prioriza el gasto y compara precios con mayor detenimiento antes de concretar una compra.
Los datos del mercado reflejan esa transformación. Mientras caen las ventas de productos básicos como la leche en sachet, crece la demanda de artículos premium como el yogurt griego, lo que evidencia una segmentación cada vez más marcada. A la par, el ticket promedio en comercios de cercanía se ubica en torno a los 10.000 pesos, lo que da cuenta de un consumo más acotado y planificado.
Durante marzo, la caída interanual del consumo alcanzó el 5,1 por ciento, con retrocesos en todos los canales tradicionales. La única excepción fue el comercio electrónico, que mantiene una expansión sostenida y se consolida como alternativa frente a los cambios en los hábitos de compra. En ese marco, las promociones ganan terreno y, según referentes del sector, cerca de la mitad de las ventas se realizan bajo algún tipo de descuento.
El avance de productos importados también redefine el escenario competitivo. Empresarios señalan que su presencia ya representa entre el 30 y el 40 por ciento en algunos segmentos, lo que intensifica la competencia y obliga a ajustar estrategias comerciales. La llamada “nueva góndola” combina mayor oferta, precios más visibles y consumidores que analizan cada detalle antes de elegir.
Desde la industria alimenticia y de bebidas, la lectura es similar. Pablo Panizza, titular de una de las principales compañías del sector, indicó que el consumo automático perdió peso y fue reemplazado por decisiones más racionales. Afirmó que, ante la presión sobre los ingresos, los clientes buscan optimizar cada compra y priorizan calidad dentro de sus posibilidades.
En este contexto, los empresarios coinciden en que la clave para revertir la tendencia pasa por recomponer el poder de compra. Sala remarcó que la recuperación del consumo depende de variables como la estabilidad, la tasa de interés, la inflación en descenso y, fundamentalmente, del ingreso disponible. Sin ese componente, advirtió, cualquier intento de expansión pierde sustento.





