El fuerte incremento en los precios de la carne vacuna durante marzo encendió señales de alarma en el consumo interno. Según el último informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, el alza mensual alcanzó el 10,6 por ciento, duplicando el ritmo registrado en enero y febrero, cuando los aumentos habían rondado el 5 por ciento.
De este modo, el primer trimestre cerró con una suba acumulada del 21,7 por ciento, muy por encima de la inflación general.
En ese mismo período, el índice de precios al consumidor marcó 2,9 por ciento en enero, 2,9 por ciento en febrero y 3,4 por ciento en marzo, lo que deja en evidencia la pérdida de poder adquisitivo frente a uno de los alimentos más representativos de la mesa argentina. En términos interanuales, la carne vacuna ya registra un incremento del 68,6 por ciento.
La exportación en el precio local
En Misiones, la realidad del sector refleja un contexto económico donde la deflación en el precio del producto convive con una inflación muy distinta al salario real. Al respecto, Federico Panozzo, gerente en Campo San Isidro, dialogó con PRIMERA EDICIÓN y explicó que “el retroceso del 10% que se observa en las góndolas es el impacto final de una disminución menor en las medias reses, que rondó entre el 2 por ciento y el 3 por ciento”.
Según el empresario, este fenómeno “no es producto de una mejora en la capacidad de compra de la población, sino de un mercado internacional que encontró un techo de precio”. Los grupos exportadores de la zona centro del país, ante una desaceleración de la demanda externa y conflictos bélicos que afectan el comercio global, volcaron el excedente de hacienda al mercado interno.
En ese sentido, la mayor oferta de animales proveniente de los remates de Cañuelas permitió que los frigoríficos trasladen mejores valores a las carnicerías. Sin embargo, Panozzo advirtió que “esta mejora en los precios de venta al público no garantiza un repunte estable del consumo”.
De hecho, a pesar de las ofertas actuales, la carne de cerdo se mantiene hasta un 40 por ciento más barata que la vacuna: “Esto provoca un desplazamiento de la demanda hacia proteínas alternativas más económicas”.
Estabilidad en el mostrador
Por su parte, Gabriel Vidal, referente de la Cooperativa Virgen de Fátima, coincidió en que el mercado alcanzó una estabilidad tras meses de subas ininterrumpidas. En una entrevista con la FM 89.3 Santa María de las Misiones realizó un análisis y destacó que “los cortes específicos como el asado registraron bajas del 10 por ciento en lo que va del mes, respecto a marzo, situándose el retroceso general del consumo especial entre un 5 por ciento y un 8 por ciento”.
No obstante, aclaró que la categoría de vaca sigue por un carril diferente, ya que mantiene una alta demanda por parte del sector exportador, lo que impide que sus precios sigan la misma tendencia a la baja que los cortes de consumo doméstico.
Carne de burro
Ante la aparición de versiones sobre la comercialización de carnes no tradicionales como la de burro, ambos referentes descartaron que exista un desarrollo comercial posible para dicha proteína en Argentina.
Panozzo calificó estos casos como “aislados y propios de periodos de crisis profunda”, subrayando que el país “cuenta con un desarrollo robusto en pollo y cerdo, y que a lo sumo el búfalo podría aparecer como una opción secundaria para ciertos usos específicos”. La producción de burros no está orientada al consumo humano, por lo cual no se considera una alternativa viable para el mercado cárnico nacional.
Las perspectivas a largo plazo para el sector ganadero dependen, según los referentes del sector, de la continuidad de políticas de no intervención estatal.
Panozzo sostuvo que “la ausencia de cepos a la exportación incentivó a los productores a reinvertir, lo que permitiría a la Argentina recuperar su stock ganadero en un plazo de tres años”. Esta recuperación del stock es vista como la única vía para mejorar la oferta de manera genuina y lograr una baja sustentable en los precios sin afectar la rentabilidad de la cadena productiva.
Sin embargo, el clima de incertidumbre persiste entre los comerciantes y empresarios de la región. Gabriel Vidal manifestó su preocupación por la actual coyuntura económica, describiéndola como “una deflación comercial enmarcada en una inflación que continúa afectando los costos operativos”.





