El ejercicio y el control de la glucosa en la sangre

Después de hacer ejercicio físico mejora la sensibilidad a la acción de la insulina, a nivel del tejido muscular.

29/05/2021 13:45

El ejercicio disminuye la glucosa en la sangre de varias maneras:

• Se aumenta la sensibilidad a la insulina, por lo que las células pueden aprovechar más cualquier insulina disponible para usar glucosa mientras hace actividad física y después.

• Cuando los músculos se contraen durante la actividad, se estimula otro mecanismo totalmente separado de la insulina. Este mecanismo permite que las células tomen glucosa y la utilicen como fuente de energía, independientemente de si hay insulina disponible.

Es así que el ejercicio puede ayudar a reducir la glucosa en la sangre a corto plazo. Y si hace actividad física de manera regular, es posible que también le disminuya la A1C.

 

Un mejor entendimiento sobre la reacción de la glucosa

El efecto de la actividad física en la glucosa varía según el tiempo que lleva activo y muchos otros factores. La actividad física puede reducir la glucosa en la sangre hasta 24 horas o más después de hacer ejercicio al hacer que el cuerpo sea más sensible a la insulina.

Debe familiarizarse con la reacción de la glucosa al ejercicio en su caso. Si mide el nivel de glucosa en la sangre con frecuencia, antes y después de hacer ejercicio, puede ayudarlo a notar los beneficios de la actividad. También puede usar los resultados de las mediciones de glucosa para ver la reacción de su cuerpo a diferentes actividades. Comprender estos patrones puede ayudarlo a evitar que la glucosa le suba o baje demasiado.

Además, después de hacer ejercicio físico mejora la sensibilidad a la acción de la insulina, a nivel del tejido muscular, que se prolonga durante uno o dos días. Esto significa que si conseguimos hacer una actividad física de forma regular, dos o tres veces a la semana, disminuirán nuestras necesidades de insulina por mejoría de la sensibilidad a la misma, lo que facilita un mejor control de la glucosa en las personas con diabetes.

Durante el ejercicio se liberan los depósitos de glucógeno del hígado y se agotan, por lo que hay mayor riesgo de hipoglucemia. Además, el aumento de la sensibilidad de los músculos por la insulina que dura unas horas aumenta también el riesgo de hipoglucemia, incluso nocturna. Para evitar esta situación, se debe mantener un aporte de carbohidratos durante y después del ejercicio, calculando 10-15 gramos de carbohidratos por cada treinta minutos de ejercicio. A veces, es necesario incluso disminuir la dosis de insulina de acción intermedia que se inyecta al acostarse para evitar la hipoglucemia nocturna.

Son recomendables ejercicios físicos o deportes aeróbicos (en los que intervienen grandes grupos musculares a una baja y sostenida resistencia, se planifican ejercicios de duración prolongada, intensidad baja o media y de tipo rítmico, contribuyendo al incremento de las demandas energéticas, como andar, correr, bicicleta, etc.), y están más desaconsejados los anaeróbicos (realizado en situación de falta de oxígeno, característico de los ejercicios de alta intensidad y corta duración).

Es recomendable hacer un programa de ejercicio físico en función del perfil de cada persona (edad, actividad física habitual, complicaciones relacionadas con la diabetes).

Está contraindicado si hay hiperglucemia, hipoglucemia asintomática y acetona en sangre o en orina.

En las personas con complicaciones crónicas secundarias a la diabetes el ejercicio puede empeorar su situación, por ejemplo, en personas con enfermedad cardiovascular (en este caso sería necesario realizar una prueba de esfuerzo previa al iniciar un programa de ejercicio físico y comenzar siempre con muy poco tiempo de ejercicio e ir aumentando progresivamente). En caso de neuropatía diabética pueden aparecer lesiones en los pies, hipotensión con mareos; la neuropatía o nefropatía puede empeorar. Por eso, es conveniente controlar estrechamente las posibles complicaciones y que el ejercicio sea adecuado a cada persona.

El ejercicio físico prescripto por un profesional tiene siempre grandes beneficios, pero es por esto que se deben tener también en cuenta posibles complicaciones, el profesional deberá realizar las correspondientes adaptaciones al caso (patología) en un trabajo interdisciplinario con el médico.