Argentina tiene una economía que no mira al futuro y es cortoplacista

Un informe de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral sostiene que el plan económico del Gobierno busca llegar lo mejor posible a las elecciones legislativas de octubre.

23/02/2021 15:57

“Argentina tiene una economía que no apuesta al futuro, la tasa de inversión no compensa el capital que se destruye. La inversión cayó 19% el año pasado. El 90% de lo que ocurre a corto plazo es explicado por la pandemia. Si esta sigue fuerte en una segunda ola y sin vacunas suficientes será más de lo mismo que en 2020 aunque si no se vuelve a fase 1 habrá más margen para rebotar entre 4% y 6%”, señaló el economista Eduardo Fracchia en el Informe Económico Mensual (IEM) IAE Business School.

El director del Área de Economía de la Universidad Austral analizó la situación de la economía doméstica en otro año electoral.

“Se extraña aún un plan macro más consistente pero hay que reconocer que, durante el verano que transcurre, Martín Guzmán viene conduciendo bien, sin turbulencias en el dólar oficial ni en los alternativos. Es una economía que, como dice Kiguel, está en terapia intensiva pero estable”.

Fracchia puso en duda el éxito del Consejo Económico y Social, el nuevo órgano multisectorial que estará destinado a abordar estrategias y políticas vinculadas con la educación, el desarrollo regional, la ciencia y la tecnología, el empleo y las jubilaciones.

“Se espera poco de esta institución, pues suena solo a una propuesta voluntarista en un ámbito donde no hay cabida para reformas estructurales”, dijo.

“Como estrategia electoral se quiere 3% de aumento del salario real en el marco de acuerdo de precios y salarios. Si hubiese fase 1 quizás se vuelva al IFE o ATP en el marco de una pobreza en 48%. Muy desafiante para la estabilidad social ya que el salario real se contrajo 20% desde el inicio de la gestión de Mauricio Macri y 3% el año pasado en el marco de la pandemia”, detalló Fracchia.

Para Fracchia la coyuntura sanitaria actual marcada por el COVID-19 es fundacional y hace necesario el impulso a un nuevo marco de resiliencia y sostenibilidad del capitalismo con un sentido solidario y de cuidado del medio ambiente. Es un escenario similar al de la posguerra cuando se desarrollaron instituciones de alcance global con objetivos de mayor consenso.

El reseteo debe ser coordinado en un mundo interdependiente que debe seguir apostando por la globalización sin tentarse por los cantos de sirena del modelo nacionalista-proteccionista que está emergiendo con cierta fuerza.

La inflación no deja de crecer desde el parate máximo de la oferta durante abril del año pasado, detalló Fracchia y señaló que el ministro Guzmán proyecta una inflación de 29% anual aunque el mercado estima en 50% y los más escépticos ven un 65% anual por la inflación núcleo que está más nerviosa. Es un frente clave de cara a la elección.

 

Riesgo global

Por otro lado, Juan José Llach, docente universitario, investigador y profesor de la Universidad Austral repasó en este Informe Económico Mensual del IAE Business School los principales rasgos del contexto internacional.

El economista destacó el “optimismo de los mercados globales” luego del triunfo de Joe Biden como presidente de EEUU y su política sanitaria a favor la vacunación anti-covid. También ponderó que las “bolsas y commodities están subiendo con fuerza, pero también con algunos riesgos, sobre todo en el caso de los activos bursátiles”.

“No debe olvidarse que la deuda global pública (40%) y privada (60%) y supera el 300% del PIB global, en parte por tasas de interés bajísimas, y hay algunos riesgos de aumento de la inflación”, agrega Llach.

Llach repasó las proyecciones de enero del FMI, también más optimistas, aunque diversas: “El mundo crecerá este año 5,5%, superando la caída del 2020, de tal modo que el PIB global al final de 2021 será algo mayor que el de fines de 2019, y aumentaría 6,1% hasta 2022. A la Argentina le irá peor porque caerá 3,8% entre 2019 y 2022, en marcado contraste con la mejora de los países emergentes (8,9%), de China (16,7%), de los desarrollados (2,3%) y de Brasil (1,5%).”

Respecto a la situación de nuestro país ante este panorama global, Llach dijo: “Si las vacunas avanzan con rapidez y eficacia, el mundo será menos hostil con la Argentina, ayudando a la negociación en marcha con el FMI por un acuerdo de facilidades extendidas, y eventualmente a la reactivación de la economía.

Según el economista, “es difícil que se acuerde este año con el Fondo porque las diferencias en materia fiscal son muy importantes”.

El también sociólogo insiste en que la mejora global tendría efectos más contundentes y rápidos para Argentina “si el gobierno anunciara un plan de desarrollo de productividad inclusiva”.

“Argentina necesita, y puede, aunar el aumento de la productividad al de la inclusión, mediante un crecimiento significativo, en calidad y cantidad, de la inversión en capital humano y físico, que dé lugar a la creación de muchos empleos formales, herramienta fundamental para abatir la pobreza y reducir la desigualdad”, cerró Llach.

 

La ilusión de la dolarización

Federico De Cristo, profesor de la Universidad Austral reflexiona sobre algunas propuestas de adoptar al dólar como moneda de curso legal en el país, y las razones que las convierten en propuesta simplista y reduccionista.

“El deseo de solucionar problemas crónicos que frenan el potencial económico del país no debería llevar a proponer medidas que, lejos de solucionar el problema, lo complicarían. La fantasía de la dolarización monetaria generaría crisis aún más profundas que las que estamos viviendo”, dice De Cristo.

“Obviamente no habría saltos cambiarios y grandes inflaciones, pero sí habría altísimo desempleo, mayor nivel de pobreza y colapso productivo”, completa el economista que se pregunta ¿cómo enfrentarían los políticos esta situación de mayor pobreza y caída productiva?

“Seguramente como hasta ahora: aumentando el gasto en seguridad social y asistencialismo. Pero una vez que se hubiera agotado el crédito, deberían recurrir a mayores impuestos porque no se podrían financiar emitiendo moneda (porque habríamos renunciado a la moneda nacional). Y con tensiones en aumento, aumentaría la probabilidad de peligrosos eventos de disrupción política y social”, resume De Cristo.