El yoga y los niños

Estrés en niños: competencia con sus compañeros, bullying, problemas y tensiones en el ámbito familiar y social se traducen en miedos, agresividad, enfermedades.

02/10/2018 11:23

Como decíamos en notas anteriores nuestra milenaria disciplina se puede adaptar a las necesidades del mundo actual y a todas las edades, ya que su práctica beneficia tanto a personas maduras y activas, como a los niños, adolescentes, embarazadas y adultos mayores.

En ese marco, hoy nos referiremos al Yoga para Niños, actividad que va creciendo aquí y en el mundo entero, en ámbitos diversos y a cargo de docentes especialmente formados y vocacionalmente inclinados a esta tarea.

Entonces, basándonos en lo expuesto por la profesora argentina Stella Ianantuoni, comenzaremos por sintetizar una visión general de dicha actividad.

Con frecuencia vemos a los niños sentados mucho tiempo frente a productos de elaborada tecnología. Sin desvalorizar la gran utilidad que prestan estos aparatos en muchos aspectos de la vida corriente y también en el ámbito educacional, queremos centrar la atención en la merma de una actividad física normal y natural, que puede afectar su salud y buen desarrollo físico y mental.

Tampoco debemos caer en el error de suponer que los chicos están libres de estrés, ya que cotidianamente se exponen, ya no solamente a la exigencia escolar, sino también a la competencia con sus compañeros o al bullying, así como a problemas y tensiones en el ámbito familiar y social, que se traducen en miedos, agresividad, enfermedades y hasta depresión.

A todo esto agreguemos el incremento del número de niños obesos, con todas las consecuencias imaginables. Entre las variadas actividades que se proponen ante estas realidades, el Yoga ofrece un ámbito en el cual no existe la competencia y donde cada uno avanza a su propio ritmo beneficiándose siempre.

Afortunadamente, hoy contamos con clases de Yoga para niños y con profesores muy dedicados que parten del juego y la experimentación para hacerlas divertidas, variadas, adaptadas a las necesidades infantiles y siempre basadas en el movimiento consciente. Inclusive los nombres de las posturas ayudan a motivar la práctica y a inspirar variados cuentitos, propuestos por el profe o creados por los propios niños, como un paseo por el campo, por la playa o por una reserva natural, una aventura en la selva o inclusive el desarrollo de alguna fábula.

Y como detalle muy importante, en estas amenas historias se incorporan los valores morales universales (no agredir, no mentir, no robar, etc.) enunciados en los Yamas y Niyamas, que configuran el sustento ético de nuestra disciplina.

Además, los trabajos respiratorios hacen que los niños vayan tomando conciencia de la entrada y salida del aire, que perciban el cuerpo, que desarrollen la capacidad de atención e interiorización y comiencen así a vivenciar este proceso de autoconciencia fundamental en nuestra práctica.

Los beneficios son múltiples. Practicado durante la infancia, el Yoga estimula el crecimiento en salud y armonía y ayuda a mejorar la coordinación en los movimientos, la flexibilidad, la precisión del aparato locomotor, el equilibrio y la capacidad respiratoria.

Al promover el conocimiento y la representación mental del propio cuerpo, aporta gran ayuda en los casos de niños que presentan alteración en la estructura espacial y cuando la lateralidad no está claramente definida.

Asimismo, mejora la capacidad de concentración y la memoria, además de desarrollar todo el rico potencial infantil de imaginación y creatividad.

A nivel emocional reduce la agresividad y la ansiedad, proporciona autoconfianza, equilibrio en las emociones y conciencia de la propia imagen. Además, al actuar precisamente sobre la mente, lo emocional y el ritmo respiratorio, el Yoga resulta muy efectivo sobre algunas afecciones como el asma o ciertos dolores de cabeza. También acompaña como medio de estimulación y motivación en el tratamiento de chicos autistas y con síndrome de Down.

Ya en el aspecto espiritual, el Yoga promueve en los niños, de un modo empírico y no racional, el despertar de la conciencia y el reconocimiento de la chispa divina en el interior de cada ser, que es el origen del amor perfecto, de la empatía, de la sabiduría y de la esencial unidad que nos abarca a todos por igual, en la hora del ahora. Y hay más sobre este tema. Hasta la próxima nota. Namasté.

Colabora
Ana Laborde
Profesora de Yoga
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