Morir de literalidad
Javier Milei incurre en un peligro sutil y recurrente en el ejercicio del poder contemporáneo: confundir la retórica para la tribuna con el rigor analítico. No es el primero ni será el último, pero es el estado de las cosas, allí cuando ocurran, lo que hace que a un presidente o presidenta le vaya peor o mejor con esta maniobra.
A Milei se le nota más porque es el actual. Pero también le va peor porque opta por la coartada de la literalidad para disimular la inmensa incomodidad de la realidad. Van tres años de subidas y bajadas en este experimento libertario que depende de la visceralidad de un hombre al que se le adivinan muchos desequilibrios y nada lleva a pensar que vaya a ser distinto en lo que queda del mandato. De hecho, de cara a una año de elecciones, solo cabe esperar un refuerzo en esa conducta… Y “Javo” lo hizo de nuevo.
En su paso por la Argentina Oil & Gas Expo Patagonia 2026, frente a un auditorio corporativo que destilaba optimismo energético (sector que gana mucho, pero aporta poco), el mandatario decidió dinamitar una de las expresiones más arraigadas del diccionario popular argentino: “No llego a fin de mes”.
Con la irregularidad conceptual que lo caracteriza y una generosa dosis de insultos más a tono con la campaña de 2023, el jefe de Estado descalificó el diagnóstico y chicaneó a la platea: “Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven diez días sin comer ni beber?”. La frase, según su óptica presidencial, es una “pelotudez del tamaño de una casa” impulsada por el kirchnerismo y replicada por operadores mediáticos. Y es en ese punto en el que el análisis muerde el anzuelo de la ironía barata y se estrella contra el sentido común.
Si vamos a ponernos estrictamente literales -ejercicio en el que esta administración parece hallar un refugio tan cómodo como cínico-, deberíamos empezar por recordarle al Presidente que ningún periodista económico se está ahogando literalmente “en un vaso de agua”, ni que los argentinos tienen el corazón “partido”, ni que nadie compra cosas que cuestan “un ojo de la cara”, o que todo “va a estar mejor en el segundo semestre”, o que “la economía va a despegar como pedo de buzo”. La metáfora existe justamente para nombrar lo que las oficinas libertarias en todo el país prefieren ignorar en su laborioso relato: el dolor sordo de la supervivencia cotidiana. Es importante no pasarlo por alto: la ocurrencia presidencial no es solo un capricho semántico, es un claro atajo para eludir el estado de las cosas. En este caso opera como mecanismo de defensa discursivo para eludir un fracaso en la antesala del año electoral. Mientras el modelo exhibe con orgullo un superávit comercial proyectado en torno a los 30.000 millones de dólares y un blindaje relativo frente a las corridas, la economía real -esa que transcurre en los colectivos, almacenes y oficinas públicas- opera bajo otras reglas.
Bajo la lógica discursiva libertaria, todos los que afirman que son muchos los que no llegan a fin de mes son, en realidad, “ensobrados”, “estúpidos”, “pelotudos” y cada cosa que sude el Presidente cada vez que se pone al frente de un auditorio. Caen en esa bolsa consultoras, especialistas y analistas privados, ese sector que tanto dice amar el Gobierno y al que castiga sin miramientos toda vez que no acompaña el relato.
Pues bien, en ese orden, vale destacar cuáles son los últimos estudios del sector privado que, en la visión libertaria, quieren que a este país le vaya mal:
• Monitor de Opinión Pública de Zentrix (Septiembre de 2026)
Este relevante informe nacional reveló datos alarmantes sobre la duración de los ingresos familiares: dos de cada tres argentinos (aproximadamente el 66%) no logran llegar a fin de mes, agotando la totalidad de sus recursos económicos a más tardar el día 20 de cada mes. Solo el 34% de la población consigue finalizar el mes con liquidez propia, y apenas un 9,8% tiene capacidad de ahorro. En la clase baja, la situación es crítica: el 83,3% se queda sin dinero antes del día 20 (y un 59,6% antes del día 15). Incluso en la clase media, el 51,4% no logra cubrir el mes con sus ingresos habituales. Los menores de 40 años representan uno de los grupos más vulnerables; el 72% se queda sin fondos antes de terminar la tercera semana y el 60,9% debió contraer deudas en el último semestre para subsistir.
• Encuesta de la Consultora Tendencias (Septiembre de 2026)
Un estudio enfocado en el consumo familiar reportó que el 41,2% de los encuestados afirma explícitamente no llegar a fin de mes, evidenciando una fuerte contracción en la capacidad de compra del salario frente al costo de vida y los servicios básicos.
• Informe del Instituto Argentina Grande – IAG (Agosto de 2026)
Publicó que el 47,7% de los hogares argentinos recurre de forma forzada a sus ahorros o al endeudamiento para poder completar sus gastos mensuales. De acuerdo con este reporte, unos 3,6 millones de hogares se descapitalizan de manera constante para garantizar su subsistencia diaria.
• Encuesta rápida de UNICEF Argentina
El monitoreo periódico de UNICEF sobre condiciones de vida detalla que el 31% de los hogares con niños, niñas y adolescentes no logra cubrir sus gastos corrientes mensuales. Esto se traduce en que 1 de cada 4 hogares se ve obligado a saltear comidas diariamente debido a que los ingresos familiares se agotan a mitad de mes.
Lo dicho, la literalidad como método de gobierno es una trampa peligrosa para todos, pero más que nada para los argentinos. Aunque a estas alturas de lo visto y oído es difícil pensar quién, alguien debería hacer reflexionar al Presidente sobre algo mucho más grande y trascendental que su ego y el tribuneo: gobierna un país con casi el 50% de economía informal y salarios profundamente deprimidos.
El pulso de la calle
Así las cosas, la desfachatez con la que se desestiman las penurias cotidianas desde un atril centralista choca de inmediato cuando se baja al terreno. Salir a caminar las calles de Posadas para dialogar con los vecinos desnuda la trastienda de ese malabarismo financiero que el poder prefiere ignorar.
Entre jubilados, trabajadores en relación de dependencia, monotributistas y desocupados, las respuestas a PRIMERA EDICIÓN desarman el eufemismo oficial. La situación de la clase pasiva expone realidades tajantes. Algunos adultos mayores admiten que la jubilación básica no alcanza y se ven forzados a seguir activos. Un jubilado posadeño que continúa trabajando resume el dilema con pragmatismo resignado: “Mire, yo llego, yo soy jubilado y llego. No sé cómo hago, pero llego. Yo sé que está difícil la situación, y todo lo que quiera, pero pienso que es la única forma de solucionar, en parte, el despelote que nos dejaron los anteriores… Por ahí zafo y hay meses que no zafo, estaré un poquito recargado en la tarjeta, pero al próximo mes me enderezo”.
En la vereda de enfrente, otro jubilado del sector público reconvertido en taxista aporta una mirada impiadosa sobre el costo de vida cotidiano: “Dicen que no hay inflación, pero hoy subió la nafta de vuelta acá. Sinceramente, hablando mal y pronto, no veo la hora de que Milei se vaya. ¿Cuándo se ha visto que un kilo de carne esté a 15.000 pesos? Sinceramente, vamos para atrás”.
Entre los trabajadores activos, el endeudamiento y el pluriempleo son moneda corriente. Un mecánico con empleo formal detalla su rutina: “Hago changas fuera de mi trabajo porque no alcanza y hay que seguir buscando por otros lados. Para sobrevivir hay que ahorrar, apretar cada centavo, hacer trabajo extra, no darse gustos y no salir”. En la misma línea, una trabajadora en relación de dependencia califica de “locura” los dichos presidenciales: “Mucha gente tiene que pedir préstamos para llegar a cubrir lo básico y endeudarse. A mí me está costando llegar a fin de mes, llego con lo justo”.
Por su parte, los monotributistas sufren la volatilidad de sus ingresos. Una joven profesional independiente grafica la estrategia semanal: “No creo que sea mentira. Hay gente que no llega al 20, y no es porque gasta en boludeces, sino porque las cosas están mucho más caras. Mi estrategia es sentarme y hacer números, cobro semanalmente y voy tratando de dejar un guardado”.
Pero el escenario se vuelve dramático en los sectores de vulnerabilidad extrema. Un trabajador informal confiesa sin vueltas: “Yo no llego al 5, mira si voy a llegar al 20. Vos cobrás y prácticamente al otro día ya no tenés un peso, tarjeteás y hacés lo que se pueda”. Y el testimonio más desgarrador lo aporta una madre posadeña en la vía pública: “Tengo que venir a la calle a rebuscarme porque no me alcanza el sueldo, estoy sacando comida de la basura para que coman los chicos. No tenemos ni para el pan y las asignaciones no alcanzan”.
Salarios en Misiones
Mientras la macroeconomía nacional escribe relatos insólitos divorciados de la calle, la gestión provincial intenta amortiguar el golpe mediante paritarias locales. En la semana, el gobernador Hugo Passalacqua anunció un nuevo incremento del 8,5% para la totalidad de los empleados públicos provinciales, estructurado en dos tramos: un 5% inmediato y un 3,5% en noviembre, llevando el piso salarial por encima de los 900 mil pesos hacia finales de año.
Al fundamentar la medida, el mandatario misionero apeló al concepto del “círculo virtuoso”, destacando que cada peso inyectado en el bolsillo del trabajador estatal se vuelca de inmediato al consumo en los comercios, almacenes y servicios de la provincia, dinamizando la economía popular en un contexto nacional por demás complejo.
Al poner la lupa sobre las paritarias de octubre, las estrategias de recomposición varían drásticamente. Mientras la Administración Pública Nacional acordó con UPCN un magro incremento total del 6,8% atomizado en cuatro meses (de septiembre a diciembre) complementado con una suma fija de fin de año, Misiones optó por concentrar el esfuerzo en un período más corto para dar previsibilidad.
En el plano provincial, el acuerdo salarial con ATE y UPCN fija un piso de 876.750 pesos para octubre y 905.975 pesos para noviembre, con una mesa técnica abierta para el 26 de noviembre que seguirá negociando antigüedad y básicos. Otras jurisdicciones muestran matices diversos: Buenos Aires acordó un 6% para docentes en dos meses, mientras que Chaco dispuso un 10% en dos tramos pero estirando los plazos desde agosto hasta noviembre.
En el sector privado nacional, los convenios se mueven bajo esquemas similares de atomización y sumas no remunerativas: Comercio firmó un 5,7% en tres tramos con incorporación de sumas fijas; la UOCRA un 5,51% escalonado; y Camioneros un 9,9% estirado hasta febrero de 2027. Frente a este archipiélago de acuerdos, la urgencia sigue siendo la misma: ganarle a una inflación que carcome los haberes y descifra la composición real del salario más allá de los porcentajes nominales.
Jubilaciones
Si el salario activo sufre, la clase pasiva transita una cornisa aún más delicada. En este escenario, la Legislatura misionera sancionó una ley clave para descomprimir la tensión previsional, estableciendo un cronograma concreto para regularizar las movilidades pendientes del Instituto de Previsión Social (IPS).
Tal como confirmó el diputado provincial José Luis Pastori a la FM 89.3 Santa María de las Misiones, la medida no requiere trámites burocráticos engorrosos por parte de los beneficiarios: a partir de noviembre, los jubilados y pensionados provinciales -sin distinción de sectores ni de si iniciaron reclamos administrativos previos- verán reflejado el primer tramo del ajuste en sus cuentas.
La normativa establece un esquema claro en tres etapas: al menos un 25% de lo adeudado se abonará en noviembre de 2026, un 50% mínimo en marzo de 2027, y la cancelación total de las movilidades pendientes a partir de julio de ese mismo año. Asimismo, se fijó el 31 de julio de 2027 como el plazo en el cual caducará el condicionamiento que supeditaba estos pagos a las remesas nacionales.
Detrás de esta decisión y del alivio que representa para miles de adultos mayores hay una pulseada política y financiera de fondo. El atraso previsional comenzó a profundizarse en 2024 debido al corte unilateral de las transferencias que la ANSeS adeuda a las cajas provinciales no transferidas -una deuda que hoy orilla el imponente monto de medio billón de pesos-.
Ante la reticencia del Gobierno nacional de cumplir con la manda legal, Misiones asumió una decisión de fuerte peso político y fiscal: afrontar el pago con recursos propios surgidos del equilibrio y la responsabilidad técnica delineada entre el Ministerio de Hacienda provincial y los gremios.
Mientras el 40% del ajuste fiscal nacional recayó históricamente sobre los hombros de los jubilados, la Provincia optó por blindar un mínimo de certidumbre. Como bien reconocen propios y ajenos, esta ley no soluciona todas las penurias de un sector castigado por el costo de los medicamentos, los alimentos y las tarifas, pero marca un faro de previsibilidad en medio de la tormenta.
El parchecito metodológico de Milei y Caputo
Si no fuera porque el impacto recae sobre millones de argentinos, hasta causa un poco de risa la creatividad técnica con la que este gobierno intenta disfrazar la realidad. En esta interminable pálida económica que desarrolla la administración libertaria, se sigue desplegando un manual de excusas digno de estudio.
Bajo la única premisa de que los números desestacionalizados “miden mal”, Argentina vive una transformación estructural tan profunda que desorienta a la estadística moderna, y que el único faro confiable era la mítica serie de “tendencia-ciclo”.
Sin embargo, los dogmas ideológicos volvieron a colisionar de frente estos días contra la pared de cemento de la macroeconomía real. El último informe del INDEC sobre el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) tiró por la borda la épica oficial. Con una tímida suba mensual desestacionalizada de apenas el 0,1% en agosto -tras el duro desplome de julio-, la economía no solo no rebotó, sino que quedó al borde de una recesión técnica en el tercer trimestre.
El relato se desarma por completo cuando se analizan los argumentos que el propio oficialismo supo esgrimir. En su momento, el viceministro de Economía, José Luis Daza, había bajado línea en redes sociales asegurando que la solución para filtrar el “ruido” de la volatilidad mensual era mirar la serie de tendencia-ciclo.
Según Daza, esta métrica eliminaba componentes irregulares y mostraba una marcha firme. En la misma sintonía, el presidente Javier Milei descalificaba los indicadores tradicionales bajo el pretexto de que “cuando usted construye un indicador desestacionalizado, se arma en función de la historia. Si su economía está teniendo muchos cambios estructurales, los desestacionalizados miden mal”.
El problema para la Casa Rosada es que el búmeran técnico volvió con fuerza recargada. Con la actualización de los datos, la famosa serie de tendencia-ciclo -esa que el Gobierno utilizaba para jactarse de un crecimiento ininterrumpido- reveló lo peor: la economía está completamente frenada desde marzo, marcando una variación del 0,0% mes a mes durante cuatro meses consecutivos.
Las coartadas metodológicas quedaron al desnudo. Como advirtió con precisión quirúrgica el economista Gabriel Caamaño (Outlier) al desarmar el uso político de esta herramienta: “El tendencia-ciclo no es un indicador que servía para ver la marcha mes a mes de la economía […] Funciona como un espejo retrovisor, digamos, que te dice cuándo se pinchó o cuándo se arregló, se reinfló”. Caamaño fue lapidario al señalar que el oficialismo “nunca lo debería haber utilizado para lo que lo utilizaba, que era decir que la economía estaba creciendo, porque sabía que podía reestimar para atrás mucho… y terminó pasando”.
Mientras tanto, en la trinchera del mercado, los números exhiben la cara más cruel de este modelo: una economía a dos velocidades donde la euforia de la minería o el gas no compensa el colapso del motor interno.
Sectores clave como la industria manufacturera (-3,2% interanual) y el comercio (-3,5%) continúan operando como un yunque que hunde el promedio general. Como sintetizó Martín Polo (Polomics) al graficar la fragilidad del esquema: “Cuando afloja el agro, aflojó la pesca, más allá de que minería siga volando, bueno, no te alcanza”. La recuperación es de vidriera; la crisis, de bolsillo.
Desde antes de serlo, el Gobierno construyó un relato a fuerza de eufemismos tecnocráticos y descalificaciones a los índices que no le encajaban en el libreto. Pretendió convencernos de que el estancamiento era una “mutación estructural” y que los datos negativos eran solo ilusión óptica de planillas de Excel desactualizadas. Hoy, el espejo retrovisor que tanto elogiaron les devolvió la peor imagen posible: una economía planchada, sectores primarios extractivos tirando del carro en solitario y una sociedad que paga los costos de una recesión técnica que ya no hay relato capaz de ocultar.






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