
La difusión del índice de inflación del 2,1% a nivel nacional -con un impacto del 2,6% en la región del NEA- transparentó una dinámica de reajustes acumulados que presiona de forma directa sobre las góndolas y las estrategias de comercialización minorista en Misiones. Tras un bimestre donde el rubro de comestibles promedió variaciones mensuales en torno al 2,6%, el comerciante posadeño Nelson Lukowski dijo que las principales firmas proveedoras “comenzaron a aplicar en junio subas de entre el 4% y el 6%”, absorbiendo de manera concentrada el impacto de las semanas previas.
Para el referente del sector comercial capitalino esa dinámica muestra una diferencia entre el índice general y la percepción cotidiana de los consumidores. En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, dijo que en los supermercados las remarcaciones pueden aparecer de golpe después de varias semanas sin modificaciones importantes, porque algunas empresas prefieren acumular ajustes antes que trasladarlos mes a mes. Aun así, consideró que el mercado se encuentra más estabilizado que en otros períodos de fuerte volatilidad y puso como ejemplo el caso de la carne, que lleva alrededor de cuatro meses sin aumentos y podría incluso mostrar una leve tendencia a la baja. En cambio, mencionó subas en lácteos y harinas, rubros que empujaron parte del movimiento de precios del último mes.
El problema de fondo, advirtió, sigue siendo el deterioro persistente del poder adquisitivo en sectores clave de la demanda local, como los empleados de la administración pública y el sector pasivo. Según estimaciones del comercio posadeño, la inflación acumulada durante el primer semestre del año se ubica entre el 14% y el 15%. Si bien la desaceleración del ritmo de precios representa una mejora estructural respecto de los registros previos, los efectos del ajuste en las tarifas de servicios públicos operan como un factor de contracción mensual sobre el presupuesto familiar. “Está bien, es mejor esto que lo que había antes, pero de todas maneras el ajuste empieza a resentirse y el consumidor lo sabe. Así que busca alternativas”, resumió.
A nivel de actividad, la caída de ventas registrada durante marzo dio paso a una etapa de amesetamiento. Lukowski describió una actividad “planchada”, sin embargo, los niveles de facturación logrados en abril se sostuvieron durante mayo, y las expectativas del sector se concentran ahora en el impacto estacional de las ventas por el Día del Padre y el cobro del Sueldo Anual Complementario (SAC).
Lukowski vinculó además el movimiento comercial con la obra pública y privada. En su análisis, Posadas y Misiones dependen en buena medida de esa cadena económica, que derrama sobre distintos rubros cuando está activa. “Acá nosotros también vivimos mucho de la obra pública, que en definitiva repercute en la obra privada. Entonces vamos a esperar. Todos estamos esperando el despegue”, señaló.
Cambios de hábito y contracción en las segundas líneas
“Esto viene planchado ya hace unos meses. Lo que venimos haciendo, de la mejor manera posible, es mantener al cliente. Y eso se puede hacer solamente teniendo ofertas y teniendo precios”, planteó Lukowski y agregó que la estrategia de los comercios pasa por promociones permanentes, sobre todo durante los fines de semana, cuando se concentra buena parte del consumo familiar. Las ofertas apuntan principalmente a carnes, frutas y verduras, productos que siguen siendo decisivos para atraer clientes.
Asimismo, la llegada del invierno consolidó una migración desde productos procesados o comidas rápidas hacia insumos tradicionales para preparaciones hogareñas de mayor rendimiento calórico y menor costo por porción, tales como legumbres (arvejas, lentejas y porotos), maíz y cortes cárnicos alternativos como aguja, puchero, paleta, gallina y subproductos de cerdo. “Eso también le rinde más a la gente y sale a buscar precios. Entonces nosotros, para mantener algunos precios, tenemos que ver nuestra estrategia de compra, porque hoy es pelearla así”, explicó.
En ese contexto, consideró que quienes logran adaptarse tienen mejores posibilidades de atravesar la coyuntura. “Hoy por hoy, si uno se queja de que le va demasiado mal es porque le está errando en su estrategia de trabajo, nada más que eso, en nuestro rubro al menos”, opinó y afirmó que cada ventaja obtenida en la compra de mercadería debe trasladarse, al menos en parte, al precio final para no perder competitividad. “Ese beneficio que nosotros podemos tener cuando hacemos la compra de nuestros productos tratamos de volcarlo al cliente, y así nos vamos ayudando”, dijo.
De todos modos, aclaró que la reactivación real dependerá de una mejora en los ingresos. Para el comerciante, los asalariados siguen esperando una señal concreta, mientras los aumentos de servicios continúan presionando sobre los presupuestos familiares. También sostuvo que al Gobierno nacional “le está llegando el tiempo límite” para impulsar medidas que reactiven el consumo interno. A su entender, la estabilidad de algunas variables no alcanza si la actividad cotidiana sigue sin despegar.
“Si bien sabemos que los años electorales siempre suelen tener bastante movimiento, creo que antes de fin de año el Gobierno va a tener que empezar a tomar medidas. Creo que ya es tiempo también”, afirmó.
Cierres selectivos y mudanza hacia la periferia
La reconversión del mercado minorista afectó de manera dispar a las diferentes estructuras comerciales de la capital misionera. El eslabón más crítico se localiza en los pequeños comercios de cercanía y despensas que dependen del abastecimiento de los mayoristas. Al operar estos últimos en competencia directa con los supermercados de barrio por el cliente final, el margen de reventa de los almacenes más chicos quedó severamente recortado.
“La gente aprendió a manejar su efectivo. Entonces salió a buscar precios donde es más barato. La comodidad de ir a comprar a la esquina de la casa, sin importarle lo que valga, se terminó”, afirmó Lukowski.
Un fenómeno idéntico atravesaron las carnicerías independientes. La combinación de una caída del 30% en el volumen de venta de carne vacuna, sumada a los requerimientos de capital de trabajo y los costos fijos de alquiler, derivó en una reducción drástica de estos comercios tanto en Posadas como en el interior provincial. “Si no hay rinde, directamente esas carnicerías fueron cerrando”, explicó.
En contrapartida, algunos supermercados de barrio y firmas con mayor estructura lograron sostenerse o incluso ampliar sus locales. Para Lukowski, eso no significa que el contexto sea sencillo, sino que hubo una adaptación fuerte: reducción de márgenes, revisión de costos y ajustes en la organización del trabajo. “La necesidad de vender hace que hasta nosotros bajemos nuestros márgenes y corrijamos un montón de cosas”, remarcó.
Finalmente, el mercado inmobiliario comercial de Posadas registra una mutación estructuralizada. El área céntrica tradicional, históricamente caracterizada por cánones locativos elevados y márgenes de remarcación altos, exhibe una fuerte retracción en sus niveles de actividad. “En Posadas hubo una mutación muy importante. La zona céntrica, no digo que está muerta, pero cayó muchísimo en lo que es actividad económica”, sostuvo. Entre las razones mencionó que “Posadas tiene una característica muy fundamental: acá los alquileres siempre volaron por las nubes. También quienes trabajaron en ciertos rubros siempre le cargaron demasiado a la mercadería”, observó.
Este escenario aceleró el traslado de locales comerciales independientes, tiendas de indumentaria y grandes cadenas de electrodomésticos y materiales eléctricos hacia las afueras de la ciudad, consolidando nuevos nodos de abastecimiento en complejos habitacionales como Itambé Guazú e Itambé Miní, complementados con canales de venta digital de base residencial.
“Pantallazo”







Discussion about this post