Laura Kuperman
Educadora Canina.
376 4-636-551
El perro es el resultado de un historial que resulta de la genética, que es la que proporciona el temperamento y del medioambiente, que son su familia humana, el criador, el proteccionista y es lo que determina su carácter.
Un perro deja de ser cachorro entre los 12 y 18 meses, según su tamaño y raza. Las razas pequeñas maduran antes (8-10 meses), mientras que las razas grandes o gigantes tardan hasta 24 meses en ser adultos.
Durante sus primeros meses, la socialización y estimulación serán factores decisivos para su equilibrio y adaptabilidad. La carencia de ello tendrá impacto negativo en su adultez.
El primero y más importante pilar en la constitución del carácter del perro es la socialización. Se trata de la relación que el perro tiene con los demás seres con los que comparte el medioambiente. En los primeros cuatro meses de vida es fundamental que conozca gente nueva, que interactúe con otros perros y gatos, incluso otros animales, que interactúe con niños y que visite diferentes lugares, entre otras cosas.
El segundo y no menos importante pilar en la constitución de ese carácter es la estimulación. Se trata de la relación que el perro tiene con los objetos, los ruidos, los olores que se le presentan en el medioambiente durante sus primeros seis meses. Comenzando entre las 8 y las 16 primeras semanas, se deberá jugar, añadir desafíos para obtener su alimento, dejarlo olfatear durante los paseos, enseñarle truco y mucho más.









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