El Museo Rural “Nasha Jata” atesora “miles” de herramientas y objetos que fueron utilizados por los primeros colonos de la zona que, inevitablemente, reviven emociones y recuerdos en quienes visitan este novedoso recinto. En el espacio, situado a unos 1.200 metros de la ruta nacional 14, funcionaba el antiguo secadero de té de la familia Bahniuk, que ya tiene 74 años, que fue conservado de la mejor manera por sus descendientes.

En su interior, los visitantes pueden encontrar herramientas agrícolas, elementos utilizados en la industria del té, artículos tecnológicos de distintas épocas, utensilios de cocina, fotografías y objetos del hogar. Y cada cosa trae consigo, una historia, un relato. Muchos de los elementos fueron donados por vecinos, cuyos nombres acompañan al pie de la pieza exhibida, como reconocimiento a su aporte y para que la historia no se pierda.

“Era un secadero de té como muchos otros que había en la colonia y que con el tiempo fueron desapareciendo por diferentes circunstancias. Después fue usado como galpón, como depósito. Mi esposa -Ana María Preissler- tuvo la iniciativa de recuperarlo y convertirlo en algo histórico, en un museo”, manifestó Jorge Bahniuk, orgulloso por este proyecto, que fue tomando forma y que fue presentado en sociedad en febrero pasado. Lo bautizaron con el nombre de “Nasha Jata” porque los Bahniuk son descendientes de ucranianos. Hoy, más allá de seguir produciendo té y yerba mate, “estamos diversificando con el museo y, de paso, rindiendo un homenaje a nuestros abuelos, a nuestros padres, a nuestros pioneros, a nuestros vecinos, con todo lo que podemos apreciar aquí adentro”, señaló el matrimonio que tiene tres hijos: Jorge, Leandro y Mirko.
“Mis abuelos (Gregorio y María Tkatz) y mis padres (Basilio y Esperanza Skawinsky) vinieron desde Ucrania y llegaron a Misiones en el año 1936. Se instalaron aquí en Campo Viera y todos los hijos: Basilio Gregorio, Eugenio Carlos, Ana María y Jorge Antonio, nacimos y nos criamos acá, en esta chacra, en esta propiedad. ‘Nasha Jata’ significa ‘Nuestra casa’ en ucraniano. Es nuestra casa. Así lo sentimos nosotros”, aseguró.

A mediados de febrero se hizo la inauguración oficial del Museo Rural, con la presencia de autoridades locales, vecinos y colaboradores. Para la familia Bahniuk fue una satisfacción muy grande porque “Nasha Jata” fue declarado de interés municipal por el Concejo Deliberante de Campo Viera, teniendo en cuenta que es el primer y único museo existente en la localidad.
“Creo que en la provincia son muy pocos, más aún cuando hablamos de museos rurales, donde justamente se da a conocer y mostrar todo ese potencial que fue la historia de nuestros inmigrantes, de nuestros pioneros, que con esas herramientas y con esos elementos hicieron grande a Misiones, a Argentina. La juventud, que viene a visitarnos, aprecia y se sorprende porque, con esos elementos, nuestros abuelos, nuestros padres, pudieron dar el estudio a muchos que hoy son profesionales”, celebró. Agregó que “gracias a esos elementos antiguos que hoy se exhiben, que decimos, ‘mira qué obsoleto que es esto’, pero con eso se trabajó y se logró que la familia pueda salir adelante, que pueda ir progresando, hasta que fue llegando la tecnología. A las personas mayores que llegan de visita, les embarga la emoción al ver esas herramientas con las que ellos trabajaron en su momento”.

Para los visitantes que ingresan a este amplio salón es prácticamente todo novedoso. Desde las cosechadoras de té, la podadora de té, que era manual -si bien era traccionada por un motor a explosión, pero la tracción era a sangre-, las antiguas enruladoras de té -hay una confeccionada en su totalidad en madera- los antiguos aserraderos, que permiten observar cómo se trabajaba antes y cómo se cortaba la madera. Se puede apreciar la ducha de aquel entonces y cómo se tomaba un baño en la colonia, donde no había agua corriente ni energía eléctrica cuando “hoy, abrimos una llave y nos duchamos con agua tibia o caliente”.
También los elementos con los que se iluminaba a la noche, para reunir a la familia y poder estar alrededor de la mesa para la cena. Se exhiben también algunos motores de la época que generaban la energía para las casas, que movían los elementos. Al ingreso y, como dando la bienvenida, sobresale un gran baúl de ciprés europeo que se conserva en su estado original, “que tiene su historia porque vino desde Ucrania. En ese baúl nuestros abuelos traían sus elementos. Se depositaban dentro del barco. Cuando desembarcaban en Buenos Aires, eran trasladados hasta Misiones, con sus pertenencias adentro. Era algo muy tradicional”. También marca presencia, una lavadora de ropas a kerosene, un juego de té que los padres de Jorge recibieron de regalo durante su casamiento, un gran sector dedicado a los ramos generales, y una báscula de 1955 que era utilizada en el antiguo secadero de la familia que, actualmente, alberga los sanitarios del Museo Rural.
El visitante es recibido en el quincho que se levanta al frente del museo, en medio de un verde vibrante, donde los anfitriones le brindan las explicaciones correspondientes. Luego -si es de interés del turista- lo invitan a efectuar la caminata por senderos entre plantaciones de té y yerba mate, monte nativo y el acceso al arroyo Viera, que atraviesa la chacra de los Bahniuk, con espacios para el descanso. Luego se ingresa al museo para conocer y apreciar los elementos allí depositados, con las explicaciones correspondientes sobre la historia de la familia y de los objetos que alberga el museo.
Un galpón con varias funciones
Una vez que este antiguo secadero de té dejó de funcionar como tal, el espacio fue utilizado para las fiestas de casamiento. “Acá nos casamos todos los hijos. Las fiestas se hacían acá, a la luz de los petromax y se acompañaba con música de guitarra y acordeón. Los vecinos también utilizaban para hacer sus casamientos, así que este lugar tiene mucha historia. También fue muy famoso por ser un salón de baile, era muy querido por las familias, por la gente, que venía a disfrutar de esos encuentros. Para esas ocasiones se traía un grupito electrógeno y un par de petromax.
Así que para nosotros significa una satisfacción muy grande el hecho de haber podido recuperar la estructura y poder mostrar, contar, y que la gente valore lo que aquí se aprecia”, sostuvo el propietario.
Recordó que el secadero comenzó a funcionar en 1953 y continuó hasta 1969. “Cerca de 1970 ya había dejado de funcionar como secadero, por los datos que tenemos y que recordamos. Era muy chico, pero me queda en la memoria. Aquí, donde estamos parados, era la recepción de la hoja verde de té y aquí está también la balanza original donde se depositaban las ponchadas de té y se pesaba el producto que ingresaba. Por supuesto, que en esa época se manejaban otros volúmenes”, añadió.









