Ana Laborde
Profesora de Yoga
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Finalizada la sesión de Yoga permanecemos sentados sobre la colchoneta, respirando suave y profundamente, con la bella sensación de estar relajados, pero a la vez plenos de sana energía.
Es cuando buscamos nuestra lectura habitual y en la página señalada leemos el último párrafo de la lectura anterior, en que Indra Devi en los años ‘80 nos decía que “todas las actividades de nuestro cuerpo, desde la digestión hasta el pensamiento creador, dependen del suministro de oxígeno”. Entonces seguimos leyendo:
“Sin embargo, miramos la respiración con absoluta indiferencia y no le concedemos una verdadera atención. ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, piensan alguna vez en hacer unas cuantas respiraciones profundas por la mañana? ¿No saben que esto es más importante que el baño y aún que el mismo desayuno?
El alimento no puede conseguir su objetivo de nutrir el organismo, si previamente no ha sido transmutado en sangre sana y en tejido de células. El oxígeno es el que lleva a cabo esta operación”.
Levantamos la vista para reflexionar unos instantes y seguimos leyendo, en la parte en que Indra Devi citaba estas palabras del Dr. Philip Rice: “Por muy bueno que sea el alimento, o por muy bien cocinado que esté y por muy bien digerido que sea en los órganos abdominales, si existe una deficiencia en el suministro de oxígeno, el proceso de ionización (la trasmutación de las moléculas alimenticias en materiales nutritivos) será incompleto y el alimento solo cubrirá parcialmente las necesidades del cuerpo”.
A continuación Indra Devi destacaba la importancia de “enseñarles a los niños a respirar en la forma debida. ¿Cómo podrá pensar con claridad el niño si su cerebro no recibe el suficiente alimento?”.
Y exponía su visión al respecto; “El hábito de la respiración defectuosa es una de las muchas costumbres a que nos ha llevado nuestra moderna civilización.
Está demostrado que en el mundo civilizado solo los niños pequeños respiran como es debido”. Reflexionando acerca de que en nuestra época podemos ver mejorías en estas consideraciones, cerramos el libro y nos retiramos. Namasté.








