“Me preocupa que las bochas mueran en Misiones”

Juan Manuel Carosini (53) es, hasta hoy, el único misionero campeón argentino. También fue bicampeón Sudamericano y participó del Mundial 2001, en Francia. El recuerdo de una carrera de élite y una mirada hacia el futuro: “en nuestra provincia, la disciplina está en estado terminal”.

17/08/2020 08:39

VIGENTE. Carosini sigue ligado a las bochas. Clama por la continuidad de una disciplina que no atraviesa su mejor momento en la provincia.

Juan Manuel Carosini (53) se ríe con algo de ironía cada vez que le dicen que las bochas son “un deporte de viejos”. A su ritmo, con paciencia, trata de explicar al interlocutor en detalle por qué esa disciplina que le dio tantas alegrías lejos está de ser un deporte reservado para la tercera edad o, mucho menos, apenas un hobbie.

Esa es una de las pocas veces en las que Carosini sonríe cuando habla del deporte que tanto ama. También lo hace, ahora con nostalgia y alegría, cuando recuerda los dos sudamericanos que obtuvo, el título argentino del 2001 que lo consagró como el único misionero campeón nacional hasta el momento y, claro, el Mundial de ese año en Francia. Después, hablar de bochas es para él sinónimo de angustia.

“Me preocupa que las bochas mueran en Misiones. En nuestra provincia, la disciplina está en estado terminal. Hace falta un recambio generacional, la mano está muy jodida en lo económico y eso también afecta”, resume a EL DEPORTIVO desde su casa de Villa Urquiza, con un dejo de tristeza.

Carosini compartió con este suple los recuerdos de una vida ligada a las bochas, con logros importantes a nivel nacional e internacional, además de un análisis local sobre la realidad de una disciplina que, mucho más después de la pandemia, amenaza con no volver a ser la de antes. La pasión, en las buenas y en las malas.

 

Juan ¿cómo nace tu amor por las bochas?

Empecé a jugar a los 12 años porque mi papá tenía la concesión de la cantina del Club General Urquiza, por avenida Rademacher casi Cabred. Nosotros siempre lo ayudábamos, por ejemplo, a preparar las canchas de bochas. Y así empecé. En ese momento, yo alternaba entre el fútbol y las bochas, porque jugaba en el club Brown. Llegué a debutar en Primera cuando tenía 17 años, pero ese mismo día sufrí una lesión en la rodilla y no volví a patear una pelota por dos años…

 

Eso fue determinante para que eligieras ser bochófilo…

En esos dos años sin fútbol, gané en las distintas categorías que había y me ascendieron a Primera. Después volví a entrenar con Brown. Y cuando tenía 20 años, el club había descendido a la B de la Liga Posadeña. Justo ese año Independiente se desafilió y muchos jugadores de allá vinieron a jugar a Brown. Como me quedé sin lugar en el plantel, pedí el pase para jugar en Villa Urquiza, pero no me lo quisieron dar. Eso me frustró mucho y ahí dejé el fútbol.

 

¿Cómo empieza la carrera hacia el Mundial de Francia?

Bueno, en 1999 yo había jugado un torneo individual en Capital Federal y terminé tercero. Ahí ya comenzaron a seguirme y me convocaron para el Sudamericano de Mar del Plata. Yo tenía 32 años y ahí salimos campeones en trío. Ahí comencé a figurar entre los primeros puestos del país, hasta que en 2001 se hizo acá en Misiones el Campeonato Argentino en individuales. Y me consagré campeón, fue algo tremendo. Y ese título me dio el derecho a jugar el Mundial de ese mismo año en Francia.

Respecto al Argentino, pasaron 19 años y sos el único campeón que tiene Misiones…

Sí, no hubo ninguno más. Eso es un orgullo como deportista. Y era una de mis metas, salir campeón argentino y estar en la Selección. Es lo que cualquier deportista anhela.

 

¿Qué recordás de ese Argentino en Posadas?

Fue en Semana Santa, en abril de 2001. Se jugó en el club Huracán y en la Sociedad Italiana, dos de los clubes que mantienen sus canchas, aunque el Huracán ya no está afiliado a la Federación Misionera. También se jugó en el club Mitre y en el Villa Urquiza. Recuerdo mucho la final, que se jugó en el Huracán, con mucha gente. Me consagré campeón invicto, fue muy emocionante, con toda la gente que me quiere rodeándome, con mi papá Juan Ramón, quien ya murió, en la cancha. Toda la familia, todos los que me aguantaron esa época de tantos viajes, porque en ese entonces en Misiones se jugaba mucho. Y se viajaba mucho a los torneos nacionales.

 

¿Y cómo fue enterarte que ibas al Mundial?

Le avisaron primero al presidente de la Federación Misionera de Bochas, Luis Cacho Martínez, uno de los mejores dirigentes que tuvimos, siempre preocupado por la difusión de la disciplina. Él también formaba parte de la comisión de la Confederación Argentina. Me llamó por teléfono y me preguntó si me animaba a jugar el Mundial de Francia. “Uhhh, ¿cómo que no? Va a ser un orgullo representar a la Argentina”, le respondí enseguida. Fue una locura. Gracias a Dios se dio todo y en mi trabajo, donde sigo hasta hoy, me dieron permiso.

En la historia. Los recortes de PRIMERA EDICIÓN son del sábado 14 y domingo 15 de abril de 2001. En la última de esas ediciones, la tapa del diario rezó: “Carosini los bochó a todos”.

¿Cómo recordás la llegada a Francia?

El Mundial se hizo en julio y allá es verano. Jugamos en Lyon y recuerdo que me sorprendió la diferencia que había allá, íbamos por autopista y de un lado era todo industria, y del otro, casas y comercios. Y uno veía las casas sin rejas ni nada. Una cultura diferente. París ya era más parecido acá. Pero la gente muy amable, muy servicial.

 

¿Cómo se jugó ese Mundial?

Era solo de individual. Yo fui por Argentina en Mayores, pero también viajaron conmigo un jugador de Bahía Blanca para Juveniles y una chica de Tres Arroyos que compitió en Femenino. En Mayores había 21 países representados y se dividió en zonas. A mí me tocó con Austria, Italia, Alemania y Polonia. El primer partido fue contra Italia y perdí 15-5. Me faltó experiencia. Yo me preparé 40 días antes para el Mundial, pero hubo un tema: acá en Argentina jugábamos con otras bochas, de más peso y más grandes, y con otro reglamento. Eso ya no es así ahora. La cuestión es que el segundo partido fue contra Austria, en realidad un italiano nacionalizado austríaco. Y le gané 15-10. Eso me dio más confianza, a Alemania le gané 15-1 y a Polonia, 15-0. Pero hubo un empate en puntos entre Italia, Austria y Argentina. Yo terminé tercero y solo los dos primeros pasaron de fase.

 

Más allá de todo, nada mal…

Sí. Después jugué por el noveno puesto contra Canadá y gané 15-9. Creo que representé bien a la Argentina, jugué cinco partidos y solo perdí uno, pero eso me dejó afuera. Son cosas que tiene el deporte. Lo cierto es que terminé noveno entre 21 países. Y el italiano que me ganó, después fue campeón mundial. Claro que yo no fue lo que yo esperaba, pero me queda un recuerdo positivo.

 

¿Cómo siguió tu carrera?

En 2002 jugamos el Sudamericano de Chile y nos consagramos campeones en trío. En ese entonces, el técnico de la Selección Argentina me dijo que me mantuviera dentro de los ocho mejores del país, que me iba a convocar para el Mundial 2003 que se hacía en Suiza. Me mantuve y llegué quinto. Él cumplió y me convocó para ese Mundial, que ya era de selecciones, pero hubo muchos problemas para viajar, faltó presupuesto y Argentina no pudo ir. Fue una frustración muy grande.

 

¿Hasta qué año te mantuviste en la elite?

Estuve en nivel de Primera hasta 2007. Sucede que, como en todo deporte, no es fácil estar en la elite, hay que entrenar mucho. Quienes no saben piensan que las bochas son un deporte para personas grandes, de edad. Pero yo los invito a que vayan a ver un campeonato de Primera y van a notar la preparación física que tienen los jugadores. Si bien no es un deporte que genere un desgaste rápido, sí es de muchas horas de juego. Cada partido son dos o tres horas. Y en Primera se corre bastante, porque se juega mucho a los bochazos, sobre todo en nuestro país.

Carosini, segundo desde la derecha, en el Sudamericano de 1999 en Mar del Plata. “Tenía 32 años y salimos campeones en trío. Ahí comencé a figurar en los primeros puestos del país, hasta que en 2001 se hizo acá en Misiones el Argentino en individuales. Y me consagré campeón. Fue algo tremendo”, recordó Juan.

¿Qué balance haces de esos años dorados?

Lo que más rescato es la satisfacción de representar a la provincia y al país. Siempre traté de hacerlo de la mejor manera posible. Todo eso fue una alegría muy grande, como también haber logrado el título de campeón provincial en individuales ocho veces. Son todos recuerdos muy lindos.

 

¿Cuál es la actualidad de las bochas en Misiones? ¿Qué le falta para resurgir?

Hoy por hoy, Misiones está en una situación terminal. Eso es así principalmente por lo económico, porque acá todo es completamente amateur, a pulmón. Antes había mucha gente interesada y se conseguían sponsors, pero hoy todo cambió. Esa es la principal diferencia con otras provincias. Y lo otro es la falta de juventud. Acá en Posadas tenemos muchachos de 25 o 30 años que están jugando, pero en el interior solo tenemos dos o tres lugares que tienen chicos, menores de edad. Y si el padre no juega a las bochas, es muy difícil, porque tenés que comprarte las bochas, las zapatillas, tiene que haber alguien que enseñe.

 

¿Hay escuelitas de bochas en la provincia?

En su momento, Cacho Martínez me nombró como profesor a mí y teníamos acá una escuelita de bochas, de la que salieron esos chicos que te digo, que ahora tienen 25 o 30 años. Ahora lamentablemente no hay una escuela de bochas en Posadas. Hace poco tiempo había una escuelita en Oberá, con un grupo lindo de chicos, pero tengo entendido que ya no están entrenando más.

 

¿Qué expectativas tenés al respecto?

Eso es algo que lamento mucho. Me preocupa que las bochas mueran en Misiones. Sé que en el interior se está jugando bastante, en zonas como Santa Rita, 25 de Mayo, Aurora, Montecarlo o Puerto Rico. Pero el tema es que es todo amateur, nadie se federa ni sale a competir, principalmente por lo económico. Vaya uno a saber qué talento escondido habrá en esos lugares. Actualmente los afiliados a la Federación Misionera son el Independiente de Oberá, Comercio de Iguazú, Exalumnos de Dos de Mayo, Atlético de Aristóbulo del valle y la Sociedad Italiana de Posadas. Hasta el año pasado había un club de San Javier, pero se desafilió. Te repito, todo pasa por lo económico y también por la falta de tiempo, porque dedicarte de en serio significa restarle horas a la familia o al trabajo.

Una experiencia única fue la que vivió el misionero en el Mundial de Francia, en 2001. “Jugamos en Lyon y recuerdo que me sorprendió la diferencia que había allá. Uno veía las casas sin rejas ni nada. Una cultura diferente. París ya era más parecido acá”, recordó.

En la época dorada, había muchos más clubes…

En Posadas llegaron a estar afiliados Rowing, Itapúa, Mitre, Villa Urquiza, General Urquiza, un club al que se le decía el Santafesino. Y ahora el único posadeño es la Sociedad Italiana. También había de San Ignacio, Salto Encantado, pero desaparecieron. Es muy triste.

 

¿Qué le decís a los jóvenes que pueden interesarse?

Les digo que se arrimen, que se inviten a la Sociedad Italiana, que estamos ahí todos los días y, sobre todo, los fines de semana. Que las bochas son un deporte entretenido y que se puede aprender y llegar muy lejos.

 

Más allá de todo, tu pasión por las bochas sigue intacta…

Sí, es que es una parte importante de mi vida. Te tiene que gustar y tenés que dedicarte. Yo lo hice y pude lograr llegar lejos, jugar un Mundial. Eso es un orgullo para mí. Y es lo más lindo que me pasó en el deporte. Para mí, las bochas son una pasión que sale del alma, algo difícil de explicar con palabras.