“Like, mercancía de la cual nos alimentamos”

El sociólogo Roberto Stahringer, especialista en tecnología, explica el nuevo paradigma que va haciendo que sea más importante el estar que el ser. También cuenta en qué consiste lo que él describe como un juego de personajes donde prima el enaltecimiento de lo ordinario.

13/07/2020 08:16

Las redes sociales son actores principales en las vidas de la mayoría de la humanidad. Niños, jóvenes, adultos e incluso ancianos, viven pendientes de ellas, quieran reconocerlo o no. Tanto que hasta incluso tienen su día. Cada 30 de junio se celebra su existencia.

En este marco, la FM 89.3 Santa María de las Misiones, la radio de PRIMERA EDICIÓN, decidió dialogar con Roberto Stahringer, sociólogo especialista en tecnología sobre cómo usamos las redes sociales y la importancia que éstas tienen en nuestras vidas.

Al respecto, Stahringer aseguró que “para nosotros, significan muchísimo”.

“¿Qué creen ustedes que pesa más en la sociedad actual ¿ser o estar?”, manifestó el sociólogo para luego agregar que “hay una migración muy importante, un cambio en el paradigma, hacia el estar. Nos definimos como personas, hoy por hoy, mucho más orientadas a la importancia de ‘estar’ que de ‘ser’. Suena medio filosófico y un poco abstracto pero lo podemos empezar a concretar de muchas formas”.

“Básicamente la diferencia tiene que ver con que, ‘ser’ y ‘estar’ son dos partes esenciales de la persona” y es a partir de ahí que se puede comenzar a definir algunas particularidades. Por ejemplo, “el ser’ representa un poco la esencia de la persona, el proyecto de la misma y una relación puntual con el espacio más que con el tiempo. Sin embargo el ‘estar’, tiene que ver más con la existencia digamos es un tiempo mucho más finito y fundamentalmente un tiempo mucho más presente”, sostuvo Stahringer.

Luego, y como ejemplo, dijo que “si lo llevamos a un caso concreto seguramente todos hemos escuchado que una de las grandes enfermedades psicológicas o patológicas de las sociedades eran las angustias existenciales. Eso tenía que ver con una crisis del ‘ser’, o sea no puedo ser aquello que en la sociedad se espera que yo sea”.

Ahora tenemos la ansiedad, lo que no quiere decir que la angustia existencial como tal haya desparecido, sino que “va creciendo cada vez más esta característica actual que es la ansiedad que un poco desplaza a la angustia y se relaciona con el tema del tiempo porque justamente necesitamos ‘estar’ de muchas formas, en simultáneo, en un mismo tiempo y no es que lo podamos controlar de alguna manera, es algo que en nuestro entorno se da así”.

En este aspecto y respondiendo a la pregunta de qué importancia tienen las redes en relación con esto, “es muy alta la importancia porque de alguna manera son las que nos garantizan esa posibilidad de ‘estar’ en los espacios en los que nosotros pretendemos y de alguna manera en muchos lugares en simultáneo. Nos permiten de alguna forma hasta dividirnos como si fuésemos múltiples personas en distintos espacios”, aseveró el sociólogo.

“Esto tiene su lado bueno, como por ejemplo en situaciones laborales nos facilita y nos simplifica el trabajo y tiene como todo su costado más difícil o más complejo que es cómo impacta a nivel social”, continuó.

“No considero que las cosas en sí sean buenas o malas sino que dependen mucho del tipo de uso que les demos, y para poder darle un uso necesariamente tenemos que conocer de qué se trata y acá es donde estamos un poco complicados porque muchas veces nos hacemos usuarios sin saber qué está pasando con esa herramienta de la que somos usuarios, qué pasa con la información, cuánto tiempo nos está absorbiendo, cómo nos está definiendo como personas y a veces perdemos un poco la capacidad de entender y simplemente nos sumamos a la ola de la moda porque todo el mundo tiene tal red social y, de alguna manera, somos parte, porque no ser parte nos deja afuera, por lo tanto dejamos de ‘estar’ y ahí viene el problema”, afirmó Stahringer.

¿Ser para nosotros o para otros?

Stahringer planteó la pregunta de si ¿dejamos de ser? y dijo que no “sino que cambiamos nuestra forma de ser, ahora empezamos cada vez más a ser para otros. Lo cual no está muy bueno porque comenzamos a convertirnos en personajes. Siempre planteé que el like, el me gusta es como la mercancía de la que nos alimentamos en este mundillo de las redes. Hablo en plural como una generalidad, hay mucha gente que no tiende a esto, pero la gran mayoría sí”.

En medio de este proceso, de esta necesidad de ‘estar’ , Stahringer comentó que “se va gestando el cómo voy a estar y ese ‘voy’ incluye a un sujeto. Primero está la individualidad es decir la persona única, se pierde la cuestión colectiva, plural, grupal. Es el Yo, primero que nada el Yo y ese Yo se empieza a generar un entorno o proceso, el de la Hipertrofia del Yo, un enaltecimiento con el que me inflo de alguna forma para mostrar todos aquellos rasgos que Yo considero que en mi entorno van a ser bien valorados. Entonces en ese juego voy a poder elegir todos aquellos componentes que me van a definir como personaje y voy a poder jugar con la utilería -si se quiere en el sentido figurado de un personaje- entonces voy a poder mostrarme con un determinado paisaje de fondo, voy a terminar haciendo determinadas cuestiones y ahí se empieza a generar el Enaltecimiento de lo Ordinario, es decir todo lo que hago a diario”. Por ejemplo la forma en que voy a producir y a mostrar aquello que como a diario -por más o menos elaborado que sea- va a tener mucho que ver en las posibilidades de que eso guste, de que eso atraiga.

Pero lo que no hay que perder de vista es que “finalmente ese enaltecimiento o esa hipertrofia del yo es siempre para un otro que observa, que mira”, entonces ¿somos conscientes de que estamos buscando ser mirados”. Stahringer afirma que uno busca tanto ser mirado como la “aprobación de ese público o de esa audiencia que se traduce en aceptación en la medida que tengo más likes” y eso “es lo que va a definirme hasta un punto, incluso de mi autovaloración o autopercepción subjetiva. Es decir, finalmente me voy a sentir mejor o peor en función de cómo va impactando y vamos respondiendo a esas mismas cantidades de me gusta. Entonces esa mercancía me va dando un poco la pauta de si estoy haciendo las cosas ‘bien’ para gustar o no”.

No nos olvidemos del negocio

Nadie en este mundo trabaja gratis, afirma el profesional y cuando lo hace se refiere claramente al detrás de las redes sociales, el lado de los desarrolladores, aquel en el que la mercancía dejan de ser los likes, y pasan a ser nuestros datos. “Las aplicaciones funcionan por procesos de inteligencia artificial, son un algoritmo, un procedimiento que va reconociendo ciertos comportamientos de la gente alrededor de mi publicación y ahí me va dando la posibilidad de ser más visto o me va ocultando en las sombras y me deja directamente invisible, lo cual para mucha gente termina siendo algo catastrófico”.

Pero para qué sirve esta información. Stahringer explica que “en el plano de lo cotidiano de las empresas, nadie hace nada gratis, entonces ahí es donde tenemos que sospechar qué estamos dando para que no le pongan un precio, es decir no estamos pagando una cuenta, sin embargo tenemos acceso. Pues bien, la mercancía que entregamos son los datos y ese es el valor fundamental para sostener todo un sistema de producción, distribución y consumo de distintos tipos de bienes y distintos tipos de servicios”.

Así es como “a veces nos sorprendemos cuando vamos recibiendo tanta publicidad tan precisa dentro de los gustos que tenemos. Por ejemplo googleé determinado producto y mágicamente me empiezan a aparecer avisos relacionados. No es mágico y ahí está un poco la salida de la información que estoy dando sin saberlo. Ese perfil de navegación que voy dejando, que es como una huella digital, se rastrea y pueden detectar muy fácilmente qué es lo que nos gusta y qué no, y en función de eso somos de alguna manera sujetos consumidores y no siempre consumir implica comprar, hay un montón de otros tipos de consumo que son importantes. Se usa en la política, se usa en la cultura, en el arte y así infinitamente.

“Creo que la gente no conoce en general, o no alcanza a poder distinguir si le importa o no, pero en la medida en que uno sea consciente de lo que está dando como información, ya está en condiciones de tomar una decisión libre. No está mal y no está bien, uno elige. Seguramente si nos tomamos la molestia de leer todos los contratos que hacemos con cada una de las aplicaciones que podamos descargar, no solamente redes sociales, sino cualquier tipo de aplicación gratuita veremos que nos pide acceder a nuestra galería multimedia, micrófono, ubicación, etc. Google es una mega empresa que justamente es una gran y precisa maquinaria de búsqueda de datos de información, de tendencias y comportamientos y los vende a precios muy altos y por otro lado ya en un uso más oficial si se quiere también hay muchos gobiernos que utilizan estos datos para el espionaje. Se acordarán hace algunos años de Edward Snowden. De esa forma también un poco sirven para el control del ciudadano y los gobiernos saben mucho más de nosotros, incluso más que nosotros mismos”, finalizó.