“No se detectaron alteraciones sensoperceptivas, tampoco síntomas y/o signos de producción psicótica, estando el juicio crítico conservado. El desarrollo de su inteligencia está dentro de los parámetros normales, niega el consumo de sustancias neurotóxicas con capacidad de generar adicciones. Se han observado algunos rasgos megalomaníacos relacionados con su actividad profesional y condición de género”. La conclusión corresponde al examen clínico psiquiátrico que, en agosto de 2002, le practicaron peritos en salud mental del Cuerpo Médico Forense del Superior Tribunal de Justicia a Carlos Ramón Gómez (66) acusado de matar a balazos a su expareja María Esther Barrera (35) en una vivienda del barrio San Lucas de esta capital el domingo 9 de diciembre de 2001.
Ayer, este informe fue ratificado por una de las testigos que pasaron por el Tribunal Penal 2. La médica psiquiatra especializada en adultos, Norma Lapuente, ya jubilada de su función en el Poder Judicial, detalló con precisión el estudio elaborado hace 24 años: “Fue el examen a una persona con integridad de su psiquismo, orientación y memoria, reunía todas las condiciones de una persona normal”, pero remarcó que en Gómez se hallaron rasgos “de un megalomaníaco, de grandeza por su profesión (gendarme) y por condición de género, de varón”.
“No había repercusión afectiva en su relato, salvo cuando hablaba cuando participó de una misión de cascos azules en el exterior”, resumió en un ejemplo la médica psiquiatra.
Este testimonio puso en contradicción las por entonces (2002) coartadas de la defensa de Gómez que lo describían como un hombre que actuó bajo “emoción violenta”.
“Hostigador”

Al testimonio de Lapuente ayer, ante los jueces César Antonio Yaya, Carla Alejandra Freitag y Juan Manuel Monte, se le sumó el de Oscar De Oliveira Moreira, con quien María Esther Barrera inició el noviazgo. “Llevábamos una relación en las que nos veíamos despacio, así casi un año estuvimos. Ella me presentó sus hijos para que sigamos con un vínculo serio. Yo también la presenté a mis padres. Ella estaba en proceso de separación de su marido y tenía muchos problemas con él”, contextualizó Moreira.
“A Gómez lo vi por primera vez cuando me cerró con su auto. Salíamos de una cena en la casa de una amiga de María. Me miró y se fue. A partir de allí vi que era un tipo hostigador constante de ella”.
Sobre el día del crimen, recordó: “Ella vino a mi casa y yo volvía de jugar a la pelota enfrente de mi casa. Me estaba bañando y ella se acercó a la puerta para hablar, después escuché ruido y escuché los disparos. Salí desnudo a ver qué ocurría y comencé a pelear con Gómez, caímos al piso y se levantó y escapó. Yo me fijé en María que estaba ensangrentada y la llevé de inmediato al hospital con mi auto. Después salió un médico y me dijo que falleció”.
Moreira resaltó que “Gómez hostigaba, perseguía a María. Ella siempre repetía que tenía problemas con su exmarido, problemas de separación”.
Las persecuciones de Gómez fueron resaltadas por una amiga de la víctima que fue citada ayer. “Ella se quería alejar de él, estaba sometida a sus decisiones. Además contaba que era violento, que no la respetaba como mujer. La seguía a todos lados, era una sombra y ella por ese motivo no se animaba a salir, muy poco lo hacía”.
Valeria Aguilar, hermana de María Barrera, fue la última testigo de la audiencia. Desde Puerto Madryn, recordó que en junio de 2000 residía en Salta y decidió mudarse a Posadas a trabajar con María en distintos emprendimientos comerciales.
Recalcó que no tardó en enterarse que “la conducta como esposo de Carlos (Gómez) estaba en duda porque tenía una amante, una pasera. Incluso mi hermana una vez fue golpeada por esta mujer y él pretendía que nada se hablara, que había que callar y tapar la relación por miedo a las autoridades de Gendarmería”.
“Carlos era un manipulador de mi hermana, un depredador. La cuota alimentaria que no quería cumplir no era un motivo para que tomara esa determinación de matarla. Él ejercía abuso de poder sobre la familia con el aspecto económico. Mi hermana buscaba paz y él le ofrecía violencia física y verbal, lo teníamos que parar. La trataba peor que a una prostituta”. “Quería saber todo sobre María y la nueva relación. Manipulaba a los hijos para saber, los presionaba. El día que la mató él entró a la casa de ella, discutió y cuando escuchamos golpes la sacamos y se fue. Después ella me dijo que se iba a la casa del novio y que si llamaba Carlos le dijéramos que no estaba o que estaba durmiendo”.
“Ya era de noche y sonó el teléfono, atendió mi sobrino y comenzó a gritar ‘no, no, la mató’. Agarré el teléfono y Carlos me dice ‘andá a buscar ahora a tu hermana porque yo la maté y me voy a pegar un tiro’”.
Aguilar conmocionada por el recuerdo instó al tribunal: “Llevo 25 años esperando esta oportunidad, nadie investigó ni nos preguntó nada. Llevamos 25 años de condena, este calvario nunca se cerró y necesitamos que esta persona (Carlos Gómez) sea condenada. Creo en la Justicia pero les pido por favor porque este dolor tiene que cerrarse”.
Desde las 8.30 de hoy se escucharán los alegatos del fiscal Vladimir Glinka y de los defensores particulares Olga Anahí Tabacchi y Fausto Mauricio Vergara y el veredicto respectivo. Una condena para el gendarme encartado por “homicidio calificado” tiene un máximo de 25 años, de acuerdo a lo que indicaba en 2001, el artículo 80, inciso 1, del Código Penal Argentino.









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