Yreneo Rodríguez celebró 100 años de vida, rodeado del cariño de su numerosa familia y vecinos que llegaron hasta su casa de Campo Grande. Nació en Gobernador Virasoro, Corrientes, el 3 de julio de 1926, en el hogar conformado por Basilio Rodríguez y Francisca Brítez. Era el quinto entre once hermanos: Juan, Ema, Edmunda, Eugenio, Yreneo, Remigia, Desideria, Mariano, Narciso, Dominga y Lorenzo. Sus allegados contaron que tuvo una infancia “muy dura”, que fue a la escuela a los 8 años y que completó hasta el cuarto grado, ya que su familia vivía en el campo, sin caminos, autos ni energía eléctrica, y por donde solo circulaban carros y carretas.
Comenzó a trabajar a los 17 años en tareas rurales. Lo hacía de sol a sol y por 80 centavos que recibía por día por el cuidado del campo y de los animales. Recién a los 18 años pudo acceder al DNI. Luego se desempeñó en una importante yerbatera de la zona donde se ocupaba del secado de la yerba mate en barbacuá. A los 20 años hizo el servicio militar obligatorio y después de nueve meses salió de baja. Se radicó en Apóstoles, donde se ocupó de trabajar en la limpieza de los yerbales y la cosecha del producto madre. Más tarde, realizó tareas en la fábrica de tung de Colonia Liebig (fábrica inglesa). Pero para Yreneo no todo era trabajo, porque le gustaba mucho ir a bailar en la época en que las fiestas chamameceras se hacían al atardecer y se recitaban relaciones y versos, como los que recordó, al tomar el micrófono, en su fiesta centenaria, vestido de gaucho.
En 1950 y con 24 años, se casó con Mariana Gauto y, al poco tiempo el hogar se alegró con la llegada de Virgilia (Vicky), su primera hija y, un poco más tarde, se completó con Patricia (Titi). Mientras Mariana quedaba al cuidado de la casa y de las niñas, Don Yreneo se iba a cumplir con sus tareas diarias. En 1956 fue llevado a Leandro N. Alem para trabajar en la fábrica de tung de la Cooperativa Agrícola Limitada de Picada Libertad. “Con sacrificio logramos que las chicas comenzaran a estudiar magisterio, justo cuando Rubén llegaba a nuestras vidas, llenando el hogar de puro amor y, más adelante, de travesuras”, recordó el homenajeado.
En 1965 se radicó definitivamente en la localidad de Campo Grande y fue parte del plantel de la fábrica de tung de Oleaginosa. Más tarde, se unió al grupo de trabajo del secadero de té de Aspitarte. Luego, a sugerencia de un hermano, fue a probar suerte a Buenos Aires, pero después de un año de vanos intentos por conseguir trabajo, regresó a la tierra colorada y volvió a su rutina en la fábrica de tung.
Cuando esta cerró sus puertas, Yreneo se jubiló a los 60 años, pero, para seguir activo, decidió continuar trabajando en una carpintería.
Contó que, mientras tanto, “la vida nos tenía preparado un nuevo desafío. En 1995 mi esposa se enfermó y en 2002 me quedé solo por lo que tuve que comenzar una nueva etapa, que pude sobrellevar gracias a que Mariana me dejó a buena parte de su familia (sobrinos, cuñadas, primas), que estuvieron pendientes en todo momento”.
Sostuvo que debió aprender nuevas cosas: “Reforcé mi estilo de vida, el cuidado natural, tomar sol, comer frutas y verduras, alternativas que aprendí cuando cuidaba a mi esposa y que prolongaron mucho tiempo su vida. Ni hablar de los baños de vapor y las compresas de barro, todo tal como dice mi libro de cabecera “Medicina natural al alcance de todos”. Actualmente, Don Yreneo cuenta con la ayuda y la compañía de “mis nietos postizos: Marisa y Mario, que llegaron a mi vida hace diez años. Y nietos: José Luis, Patricia, Wilson, Lorena, Mariana, Mauro, Jesi, Romi y Lucas y nueve bisnietos. Ellos siguen mis ocurrencias, me malcrían y me ayudan con las tareas de la casa y de la huerta”.










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