En un contexto donde las pantallas ganan cada vez más protagonismo en la vida cotidiana, el vínculo entre los jóvenes, la escuela y los dispositivos móviles se vuelve un tema central de debate. Mientras crece la preocupación por su impacto en el aprendizaje y la socialización, especialistas advierten sobre la necesidad de encontrar un equilibrio que contemple tanto los beneficios como los riesgos del uso de la tecnología desde edades tempranas.
En comunicación con FM 89.3 Santa María de las Misiones la licenciada en Educación y presidenta de la Fundación Lugar por la Educación Argentina (LEA), Rosana Barroso, planteó que “el problema no es ni blanco ni negro, el problema es buscar un término medio que tenga reglas de convivencia y acuerdos familiares e institucionales de uso”.
La especialista remarcó que uno de los principales inconvenientes en que los celulares a los niños “se lo damos sin ningún límite de horario, de tiempo, de acceso, y ese es el problema”, al tiempo que señaló la importancia de establecer pautas básicas como evitar el uso del celular durante las comidas o reducir el tiempo de exposición diaria.
Barroso también advirtió que el uso excesivo de pantallas puede generar en niños y adolescentes “dificultades de aprendizaje, dificultades de prestar atención, son mucho más ansiosos y tienen mucha intolerancia a la frustración”, y agregó que estas problemáticas se observan a nivel global y también en un plano físico, como en el impacto en la visión y la postura del cuerpo.
En relación a las políticas restrictivas, consideró que la prohibición por sí sola no es suficiente. “No es la solución, todo tiene que ir acompañado de instancias de reflexión, de capacitación o sensibilización”, afirmó. En esa línea, subrayó que el rol del mundo adulto es clave para comprender los riesgos y acompañar a los más jóvenes.
La especialista también alertó que “hay un montón de cosas que el mundo adulto no entiende y que están pasándole a los niños todo el tiempo, como grooming, ciberbullying o la viralización de contenido íntimo sin consentimiento”.

El acceso a temprana edad: qué podemos hacer como adultos
En cuanto al uso de celulares en la escuela, Barroso se mostró a favor de ciertas restricciones: “En el recreo lo prohibiría, porque lo más importante es la interacción con pares, que es lo que se está perdiendo”, señaló, aunque consideró que en niveles secundarios podría utilizarse de manera pedagógica y controlada.
Otro de los puntos que destacó fue la temprana edad de acceso a los dispositivos en Argentina. “A partir de los nueve años los niños tienen celular propio, y en zonas urbanas desde los cuatro años ya accede el 94% a un dispositivo”, explicó, al tiempo que advirtió sobre el uso excesivo, que alcanza en promedio las siete horas diarias.
Frente a este escenario, insistió en la importancia del acompañamiento adulto. “Nadie se cuida de lo que no conoce”, afirmó, y remarcó que los jóvenes pueden manejar aplicaciones, pero no necesariamente comprenden los riesgos que enfrentan en el entorno digital.
Finalmente, Barroso hizo hincapié en el rol de las familias. “Modelizamos con el ejemplo. Ellos no hacen lo que nosotros decimos sino lo que nosotros hacemos”, sostuvo, y concluyó con una reflexión: “un abrazo a tiempo” es más importante que la tecnología.








