Desde la Dirección de Cibercrimen de la Policía de Misiones advierten sobre una problemática que crece en silencio: chicos cada vez más expuestos a redes sociales, videojuegos y contactos desconocidos. Refuerzan el trabajo en escuelas y aseguran que la clave no es prohibir, sino acompañar.
La escena se repite en miles de hogares: un niño pequeño, celular en mano, desliza la pantalla con naturalidad, abre aplicaciones, juega, mira videos. Lo que para muchos adultos es motivo de asombro, para especialistas en cibercrimen es una señal de alerta.
“Hoy tenemos al celular como el ‘chupete electrónico’”, lanzó con crudeza la directora de Cibercrimen de la Policía de Misiones, Marilyn Ozuna, al describir un fenómeno que se instaló de manera temprana y masiva. “Celebramos que un niño de dos o tres años sepa usar un dispositivo, pero no dimensionamos el peligro al que lo estamos exponiendo”, advirtió.
Detrás de esa naturalización, crece una problemática compleja: el aumento de riesgos digitales que afectan principalmente a niños, niñas y adolescentes, en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de control de los adultos.
Un trabajo que empieza en la prevención
Desde la fuerza provincial, el abordaje no es nuevo. “Venimos trabajando desde 2015 en la cuestión pedagógica, apostando a la prevención como herramienta para disminuir los delitos informáticos”, explicó Ozuna en diálogo con el programa El Aire de las Misiones que conducen Ángel Miño y Lody Caballero en FM 89.3
Las intervenciones se dan principalmente en el ámbito escolar, en articulación con otras áreas de la Policía como Escuela Segura. Allí, el objetivo no es solo hablar con los estudiantes, sino también con los adultos responsables.
“Hemos detectado que muchos padres y docentes desconocen cuáles son los delitos digitales o qué peligros existen en las redes sociales. Por eso trabajamos con ellos, para que puedan cuidar a sus hijos”, señaló.
Uno de los principales problemas que detectan es la brecha generacional en el uso de la tecnología. Mientras los chicos se mueven con soltura en entornos digitales, los adultos muchas veces quedan al margen.
“Caemos en la simplicidad de decir ‘yo no entiendo nada de eso’ y dejamos que sigan jugando o navegando. Ese es nuestro primer error”, sostuvo Ozuna.
Esa falta de supervisión se vuelve crítica en un contexto donde los menores interactúan con personas desconocidas sin ningún tipo de filtro.
“Los chicos se conectan con usuarios de cualquier parte del mundo, sin barreras de idioma. No sabemos quién está del otro lado y eso los vuelve muy vulnerables”, remarcó.
Videojuegos y redes: la puerta de entrada
Lejos de ser espacios inocentes, los entornos digitales pueden convertirse en escenarios de riesgo. En especial, aquellos que combinan juego e interacción social.
Plataformas como Roblox, que concentran millones de usuarios, aparecen como uno de los ejemplos más claros. “Son muchísimos juegos dentro de una misma plataforma y muchas veces los padres no saben qué están usando sus hijos”, explicó.
El problema no es el juego en sí, sino la exposición: chats abiertos, interacción con desconocidos y falta de control parental.
“Estar solo detrás de una pantalla puede ser más peligroso que estar en la calle”, advirtió.
Dentro de ese ecosistema, los delitos más frecuentes están vinculados a la manipulación y el engaño. Aunque evitó jerarquizarlos, Ozuna mencionó algunas de las principales amenazas: grooming, ciberacoso y estafas digitales.“La sobreexposición en juegos en red es la puerta de entrada a estos delitos”, explicó.
A esto se suma un dato clave: muchas plataformas cuentan con restricciones de edad, pero son fácilmente vulneradas. “Los chicos mienten su edad al crear perfiles y las redes los toman como usuarios válidos”, indicó.
¿Más delitos o más visibilidad?
Consultada sobre un posible aumento de casos, Ozuna fue cauta: “No me atrevería a decir que aumentaron, pero sí que hoy se visibilizan más”.
En ese sentido, destacó el rol de los medios y la concientización social: “La gente se anima más a consultar, a preguntar, a denunciar. Eso es muy positivo”.
Cada vez más personas llegan a la Dirección de Cibercrimen por dudas, sospechas o situaciones concretas. “Puede ser una estafa, una llamada extraña o algo que no cierra. Lo importante es que consulten”, remarcó.
Prohibir no alcanza: el desafío de educar
En medio del debate sobre restringir el uso de celulares en menores, la especialista fue clara: la prohibición no es la solución.
“Lo prohibido siempre atrae. Prohibir es contraproducente, más en un contexto donde los chicos nacen con la tecnología en la mano”, afirmó.
En cambio, planteó un enfoque basado en la educación y el acompañamiento: “Hay que conocer, entender y educar en la prevención. Eso es lo que realmente protege”.
En otro tramo de la entrevista, Ozuna también defendió el marco normativo existente. “Hay leyes y políticas de protección. La estructura está”, aseguró.
Sin embargo, advirtió que muchas veces el problema no es la falta de regulación, sino su incumplimiento o desconocimiento. “Minimizamos el riesgo, no leemos las políticas de privacidad y dejamos que los chicos accedan a cualquier contenido”, explicó.
Por eso, insistió en que la responsabilidad es compartida, pero comienza en el hogar: “Es nuestra responsabilidad como adultos proteger a nuestros niños. No podemos mirar para otro lado”.
Una oportunidad para actuar a tiempo
Aunque se trata de una problemática global, la funcionaria destacó que Misiones aún está en una etapa donde la prevención puede marcar la diferencia.
“Estamos lejos de la situación de otras provincias. Todavía estamos a tiempo de actuar para evitar casos más graves”, afirmó.
El mensaje final apunta a romper una lógica frecuente: la de minimizar el problema hasta que es demasiado tarde.
“No dimensionamos lo que hay detrás de una pantalla. Y cuando pasan las cosas, nos escandalizamos, pero ya es tarde”, concluyó.








