Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
A partir de una necesidad concreta del sector mandioquero, cooperativas de Misiones impulsan junto al INTA la evaluación de nuevas variedades de mandioca orientadas a mejorar dos variables clave: el contenido de almidón y la sanidad del cultivo.
La iniciativa se inscribe en una cadena productiva estratégica para el interior misionero, donde la mandioca no solo forma parte de las chacras, sino que sostiene un entramado industrial y cooperativo que genera empleo y valor agregado.
En ese contexto, en los últimos años el sector comenzó a identificar una limitante clara: si bien existen materiales con buen rendimiento en kilos por hectárea, el porcentaje de almidón -determinante para la producción de fécula- todavía presenta márgenes de mejora.
El cuello de botella del almidón
“Podemos tener mucha producción, pero si el porcentaje de almidón es bajo, el rendimiento industrial también lo es”, explica Ayrton Max Böse, ingeniero agrónomo y responsable técnico del área de producción de la Cooperativa Flor de Jardín.
Ese diagnóstico fue el punto de partida para avanzar en la evaluación de nuevos materiales, tanto locales como introducidos desde Colombia a través de plantas in vitro libres de enfermedades. Estos cultivares comenzaron a ser analizados en condiciones de campo para medir su comportamiento productivo, su adaptación y su estabilidad en el tiempo.
Los primeros resultados generan expectativas concretas. “En algunos de los cultivares que estamos evaluando se han registrado contenidos de almidón que superan el 30%, lo cual representa una diferencia muy importante para la industria”, señala el licenciado en Genética César Preussler, investigador del INTA Montecarlo.
Ensayos
En la Cooperativa Flor de Jardín, el proceso avanzó más allá de la evaluación experimental y comenzó a consolidarse en territorio.
“A partir de un ranking que nos presentó el INTA, seleccionamos los diez cultivares más prometedores y los trajimos a Jardín América para evaluarlos en nuestras condiciones”, cuenta Böse.
Los resultados obtenidos no solo confirmaron los datos iniciales, sino que mostraron un comportamiento consistente. “El rendimiento fue bueno en la mayoría de los materiales y lo que más nos sorprendió fue el porcentaje de almidón, donde encontramos incrementos de entre un 3%, un 5% y hasta un 7% respecto a los cultivares más utilizados en la zona”, destaca.
Ese diferencial, aunque pueda parecer moderado en términos porcentuales, tiene un impacto directo en la industria, ya que mejora el rendimiento de fécula por tonelada procesada y permite optimizar los procesos industriales.
Multiplicar
El desafío actual es transformar esos resultados en una mejora concreta para los productores: “Ya iniciamos un huerto semillero propio con estos materiales. El traspaso a los socios no es inmediato, porque la mandioca se reproduce por estacas y eso implica un proceso progresivo de multiplicación”, explica Böse.
La cooperativa ya viene distribuyendo estos nuevos cultivares a sus socios, a medida que se incrementa la cantidad de plantas disponibles.
Los productores, a su vez, con estos materiales que reciben arman sus propios semilleros para multiplicarlos en sus chacras.
Este esquema permite que la innovación no quede limitada a los ensayos, sino que se traduzca en una mejora concreta del sistema productivo, aumentando el rendimiento de almidón y, en consecuencia, la rentabilidad para los productores y la eficiencia para la industria.
Además del contenido de almidón, la sanidad del cultivo es otro eje central del trabajo. Materiales con mayor tolerancia a enfermedades permiten reducir riesgos, mejorar la adaptación al ambiente y sostener los rendimientos en el tiempo.
“El desafío es encontrar cultivares que combinen rendimiento, adaptación y estabilidad productiva”, explica Preussler. En ese marco, las evaluaciones combinan ensayos a campo con herramientas de laboratorio, incluyendo el uso de marcadores moleculares que permiten analizar la variabilidad genética y orientar la selección de los materiales más promisorios.
En una cadena donde las cooperativas tienen un rol central, pequeñas mejoras en el contenido de almidón pueden traducirse en incrementos significativos en la eficiencia industrial y en la generación de valor.
“Lo que buscamos es hacer más eficiente a nuestra industria y mejorar el rendimiento para nuestros productores”, resume Böse.






