La profunda crisis que atraviesa la forestoindustria argentina quedó expuesta con el concurso preventivo de acreedores de Forestadora Tapebicuá, paralizada desde agosto y con una deuda estimada en $11.500 millones. Sin embargo, para el consultor internacional en industrias agroforestales Ronald Vera, se trata apenas de “la punta del iceberg” de un colapso mucho más amplio que afecta a todo el sector.
El especialista describió un panorama crítico, atravesado por el abandono del Estado nacional y un contexto global desfavorable. “Es evidente que las economías regionales que no están dentro de lo que el Presidente mencionó en su discurso de fin de año quedaron fuera de la lupa del Gobierno”, sostuvo Vera, al señalar que la forestoindustria comparte el mismo destino que otras actividades periféricas. A ese escenario se suma la debilidad de la demanda internacional. Según explicó, las principales economías compradoras no logran traccionar el consumo necesario para sostener los niveles de producción locales. “El diagnóstico hoy es crítico. El sector forestoindustrial está en estado de máxima tensión”, advirtió.
Vera remarcó que cámaras empresarias, sindicatos y entidades técnicas elevaron reiteradas alertas a las autoridades nacionales, sin obtener respuestas concretas. Esa falta de atención, afirmó, ayuda a explicar situaciones extremas como la de Tapebicuá, que busca un inversor para intentar reactivar su actividad en un plazo de 90 días.
En cuanto a los costos, identificó tres factores que ahogan a la industria. El primero es la materia prima, que supera el 50% del costo total y se comercializa con condiciones de pago muy exigentes. El segundo es el combustible: una máquina cargadora puede consumir entre 10 y 15 litros de gasoil por hora y operar hasta 18 horas diarias. El tercer factor es la energía, un rubro que algunas empresas intentan amortiguar con generación propia a partir de biomasa o paneles solares.
Finalmente, el consultor cuestionó el discurso oficial sobre la inflación y sostuvo que se la contiene “acogotando la demanda” por la falta de consumo, más que por un aumento real de la producción. Frente a este contexto, planteó que la única salida posible es mejorar la eficiencia productiva mediante tecnología e inversiones, y advirtió que la brecha con países como Brasil -donde la productividad por trabajador triplica a la argentina- muestra la magnitud del desafío que enfrenta el sector.









