POSADAS. Una pesadilla interminable. Así define Guillermo Sanabria (30) el calvario que vive desde las primeras horas del año, cuando fue detenido y acusado por una violación que, jura, no cometió. Asegura que todo se trató de una causa armada por la Policía después de discutir con uniformados que lo acusaban de robar su propia motocicleta. Estuvo preso durante más de siete meses y recuperó la libertad el último viernes, gracias a una excarcelación extraordinaria, después de que la presunta víctima del abuso eludiera dos veces los análisis genéticos que deberían confirmar el hecho. Para Sanabria y sus familiares, eso no es más que una prueba de que no hay nada en su contra.En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Sanabria brindó un relato pormenorizado sobre el inicio de la historia, que comenzó entre los últimos minutos de 2013 y los primeros de este año en un local nocturno de la avenida Cabred. “El 31 de diciembre fui con mis sobrinos a bailar. Cuando salíamos se armó una pelea en la vereda y los policías comenzaron a pegar a un hombre. Casualmente uno de mis sobrinos estaba llamando a su madre con el teléfono celular, pero entonces vino un policía y le dijo que no podía filmar lo que estaba pasando”, relató.El entrevistado aseguró que ahí discutió con los policías y guardias de seguridad del local, quienes entonces lo siguieron hasta su motocicleta, de 110 cc y de color negro, y lo acusaron de que la había robado. “Me exigían los papeles porque decían que la moto era robada, pero entonces yo les pedí que se identifiquen, porque los que me pedían los documentos eran los de seguridad”, recordó.Fue entonces que volvieron a intervenir uniformados, quienes comenzaron a insultarlo: “Me decían ‘mogólico de mierda’ y me sacaron la bujía de la moto, cuando no tienen derecho a hacerlo. Yo me resistí, pero finalmente me terminaron llevando a la comisaría seccional Tercera y de ahí a la Decimotercera”.Hasta ese momento, Sanabria pensó que se trataba de un tema menor. De una “venganza”, sí, pero que se resolvería a las pocas horas. Todo cambió cuando fue hasta el Juzgado y le notificaron de la causa por la que estaba detenido: “Estuve tres días en la comisaría incomunicado. Ahí todos ‘jugaban callado’ y murmuraban entre sí cuando me veían. Yo nunca había estado preso. Al tercer día me llevaron al Juzgado y ahí me notificaron de que estaba por abuso sexual con acceso carnal. Me puse a llorar junto a mi mujer y mi hija. Intenté explicarles que era un trabajador, que vivía para mi hija, para mi familia. No podía creer. No podía dejar de llorar”, aseguró.Al albañil lo acusaban de haber violado a una joven en cercanías del monte El Acuerdo, sobre la avenida San Martín de Posadas. En su relato, la muchacha había contado que los autores circulaban en un Ford Fiesta azul y en una moto chopera roja de 150 cc, muy distinta a la 110 cc negra de Sanabria. Sin embargo, la muchacha dijo que lo había reconocido como uno de los abusadores en medio del local nocturno, aquel 31 de diciembre de 2013.“No la conozco a la mina, ni sé quién es ella. Nunca entendí nada. Ella dice que yo toda la noche bailé con casco y que en un momento le dije si se acordaba de mí, que era el que le había violado. Una ridiculez total”, señaló.Ya detenido, a Sanabria se le tomaron muestras genéticas para contrastarlas con las halladas en ropa interior encontrada en las inmediaciones del hecho. Sin embargo, a esas pericias todavía les falta algo: la presunta víctima eludió dos veces la toma de muestras para definir si esa ropa pertenecía efectivamente a ella.“La primera vez fue hasta el Juzgado, pero cuando le iban a tomar las muestras se desmayó y después se fue. Sé que se la citó varias veces y la semana pasada fue la última, pero tampoco se presentó”, cuestionó Guillermo sobre la fragilidad de las pruebas en su contra, según dice.Así y todo, Sanabria pasó siete meses y quince días tras las rejas, tanto en la Decimotercera como en la Unidad Penal VI del Servicio Penitenciario Provincial. Sobre esa experiencia, el hombre brindó relatos de una dura realidad que se vive aún en tiempos de democracia: “Sufrí muchos maltratos, como que mi mujer me llevaba la comida y me la daban recién al otro día, o hasta escupían en ella. O que hacían tereré con el jugo o el hielo que ella me traía. Recibí amenazas todo el tiempo, de que la iba a pasar mal si denunciaba algo y que, por el tipo de delito del que se me acusa, iba a ser la mujer de los presos”, sostuvo.Agregó que “cuando había requisa, venían de Infantería y nos hacían como en el golpe militar: nos acostaban a todos y nos tiraban gas lacrimógeno en la boca. Eso nos dejaba ciegos a todos”.Después de casi tres meses en esa dependencia, fue trasladado a la UP-VI de Miguel Lanús, donde, cosas del destino, se cruzó con uno de los policías de los que recibió maltratos y quien casualmente estaba detenido por el crimen del también albañil Carlos Guirula. “Fue una sorpresa verlo ahí adentro, porque él se reía cuando me avisaron de que me iban a trasladar y me veía llorando junto a mi mamá. Y ahora mirá donde lo fui a encontrar”, dijo.Después de la pesadilla que vivió tras las rejas, la Justicia le concedió una excarcelación extraordinaria por la que recuperó la libertad el último viernes. Ahora espera que la verdad salga definitivamente a la luz y que le dicten la falta de mérito.“Quiero limpiar mi nombre y que se haga justicia por todo lo que pasé, porque esto sucedió porque me enfrenté con los policías. Perdí mi trabajo, mi moto y fui discriminado tanto adentro como afuera, porque mi mamá y mi familia también sufrieron. No le deseo esto ni a mi peor enemigo. Como lo hice desde el primer día, reitero mi inocencia. Tengo la conciencia tranquila porque no hice nada de lo que se me acusa”, finalizó Sanabria.





Discussion about this post