OBERÁ. Eran cinco encapuchados y entraron a la vivienda por la fuerza. Con armas cortas, tomaron de rehén a la familia y se las agarraron con el dueño de casa, un comerciante de 52 años al que le pedían 60 mil pesos. Como no tenía esa plata, le arrancaron varias piezas dentarias. Antes de huir, lo hirieron de tres disparos. El hombre se salvó de milagro.Fue, sin dudas, el robo más violento perpetrado en la Zona Centro de Misiones durante el último semestre. No obstante, no fue el único. Y eso es lo que preocupa. Desde marzo hasta la fecha se registraron en la región al menos una decena de episodios de características similares con idéntico resultado: víctimas gravemente heridas, tanto física como psicológicamente, y delincuentes que siguen sin aparecer.PRIMERA EDICIÓN realizó un relevamiento de los últimos hechos de violencia extrema que azotaron la Zona Centro de la provincia, donde la inseguridad crece y mantiene en vilo a los vecinos de Oberá y de las localidades cercanas.Saña contra las víctimasEl hecho más grave en relación con los tormentos que sufrió la víctima se registró el miércoles 22 de mayo alrededor de las 19.50 en el barrio denominado Villa Sommers, municipio de Colonia Guaraní, unos diez kilómetros al sur de Oberá.Cinco delincuentes encapuchados y fuertemente armados irrumpieron en la vivienda de un comerciante de pollos. A pura violencia, tomaron de rehen a la hija de 25 años y a la nieta del vendedor, de 4 años, a quienes encerraron en el baño.En ese interín, el comerciante fue salvajemente torturado. Los ladrones le pedían 60 mil pesos, pero como el hombre no contaba con ese dinero, tomaron algunas herramientas y llegaron al extremo de arrancarle varias piezas dentarias. “Trajeron a mi papá todo lastimado, le sacaron todos los dientes. A mí me decían que en Brasil mis órganos podían valer mucho”, relató la joven a medios radiales después de la pesadilla.Acto seguido, los ladrones le dispararon tres veces. Dos impactos dieron en el rostro y uno en el abdomen. Estuvo internado y milagrosamente logró salvar su vida. Los delincuentes huyeron con apenas 1.300 pesos que encontraron en la casa, de la que se fueron recién a las 22.La Policía jamás pudo dar con el grupo de delincuentes, como tampoco con los malvivientes que entre la noche del 23 de junio y la madrugada del día siguiente arremetieron a golpes de puño y patadas contra un jubilado de 60 años.El hecho sucedió en una vivienda de la calle Primeros Colonizadores de Oberá, en el barrio Villa Kindgreen, donde el retirado descansaba cuando fue sorprendido por dos masculinos, quienes lo arrojaron al piso y lo atacaron ferozmente a puñetazos y patadas.Como en el caso anterior, los malandras exigían una suma de dinero que jamás hallaron. Pedían 50 mil pesos, pero sólo se alzaron con 12 mil y una notebook. Antes de marcharse, lo maniataron y volvieron a asestarle una sesión de golpes que lo dejó gravemente herido. De esos delincuentes tampoco hubo novedades.Una pesadilla similar fue la que vivió una pareja de Villa Bonita el miércoles 24 de abril, aunque con un resultado diferente: esta vez, finalmente, la Policía logró dar con los autores del hecho.Alrededor de las 21.30 de ese día cuatro criminales “coparon” una vivienda del pueblo y maniataron a la propietaria, una mujer de 75 años, y al cuidador del predio, de 57.Los dos cenaban cuando los ladrones entraron y le exigieron dinero. Como en la escena sólo había 220 pesos, los malvivientes se enfurecieron y se ensañaron con las víctimas, a quienes golpearon salvajemente antes de maniatar y encerrar en una habitación. Los dos terminaron en el Samic obereño gravemente lesionados. Días después, la Policía logró detener a tres sospechosos.Sin embargo, esa fue solamente una excepción. Porque hasta ayer las autoridades no tenían mayores pistas acerca de la pareja de ladrones que asaltó a un remisero obereño en la madrugada del pasado martes 30 de julio.“Quedate tranquilo, apagá la radio y no hagas nada”, le dijeron los dos ladrones cerca de las 1.30 de ese día, después de abordar la camioneta Nissan 2013 remís comandada por un hombre de 47 años en Santa Fe y 9 de Julio, en pleno centro de Oberá.El oscuro dúo le exigió al trabajador del volante que manejara hasta el acceso a Guaraní. Allí lo obligaron a circular por un camino terrado. En el medio de la nada, lo obligaron a bajar y le apuntaron con un arma, pero a último momento se apiadaron y “solamente” lo maniataron y abandonaron.Huyeron con la camioneta, que jamás apareció, y unos 360 pesos de la recaudación diaria. Si bien no golpearon al remisero, la violencia pasa por haberlo secuestrado y posteriormente haberlo dejado abandonado con sus miembros reducidos por cuerdas. Pese a todo, logró liberarse y denunciar el hecho.Otro episodio, insólito por la modalidad y brutalidad del ataque, se registró el sábado 3 de agosto en la zona urbana de Campo Viera, específicamente sobre avenida Del Té y calle Santiago del Estero.Por ese lugar caminaba una joven empleada de una agencia de quinielas de la localidad con la recaudación del día, algo así como 57 mil pesos, que debía llevar hasta la casa del propietario de la casa de juegos y azar.La mujer hacía ese recorrido todos los días, pero aquella noche no todo salió como de costumbre: un ladrón la interceptó y la atacó a patadas hasta tumbarla en el piso. Sin piedad, siguió golpeándola y forcejeando hasta robarle la cartera con el efectivo, en total, 57.598 pesos.Con el dinero en su poder, el malhechor se subió a un Volkswagen Gol gris y se perdió en las calles de la zona. La joven se recuperó y radicó una denuncia -tras lo cual debió ser asistida por la salvaje golpiza- pero hasta el momento el paradero del delincuente sigue siendo un misterio.Otro hecho de gravedad en cuanto a las graves amenazas propinadas por los delincuentes se registró el martes 13 de agosto alrededor de las 21, cuando un colombiano de 27 años que circulaba a bordo de una moto por Picada Argentina, desde Yerbal Viejo hacia Grapia, fue interceptado por dos malvivientes que se movilizaban en dos motocicletas.Los ladrones “cruzaron” al extranjero y extrajeron armas de fuego, presumiblemente un revólver calibre .38 y una pistola nueve milímetros. A fuerza de amenazas, le sustrajeron 6.500 pesos en efectivo, pero eso no fue todo: minutos después, otros dos ladrones llegaron a la escena y trataron de llevarse su motocicleta, pero como no arrancó, no pudieron hacerlo.El joven colombiano fue entonces hasta el destacamento Cien Hectáreas, también dependiente de la Unidad Regional II de Oberá,
y radicó una denuncia, pero el tiempo pasó y hasta anoche tampoco había novedades con respecto a ese caso.Así las cosas, el presente recuento confirma las denuncias de vecinos y comerciantes de Oberá y de las localidades aledañas, quienes se encuentran profundamente preocupados y en permanente estado de alerta ante la creciente ola de inseguridad que se sufre en la zona, y que tiene como lamentable arista el salvajismo con el que los delincuentes parecen haberse decidido a actuar.





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