COLONIA PEPIRÍ, El Soberbio (Sergio Alvez y Juan Carlos Marchak, enviados especiales). La Colonia Pepirí es el territorio comprendido por un conjunto de lotes dentro de la reserva de Biosfera Yabotí en proximidades al Parque Provincial Moconá, donde se encuentra los saltos. Las familias productoras que vivieron toda su vida allí, vieron con alegría la llegada del asfalto y el arribo del turismo masivo, en 2010. Les prometieron, que con eso ellos iban a “progresar”. A tres años de la llegada del asfalto, la vida de estas familias es un verdadero calvario. “El asfalto y el turismo sólo trajeron penurias para nosotros” aseguran. El modelo turístico, basado en el beneficio de agentes externos y terratenientes, los excluye por completo de toda posibilidad de crecimiento, y los despoja de las tierras donde vivieron y produjeron toda la vida. El pequeño colono de la zona, hoy vive amenazado con desalojos y totalmente marginado de cualquier participación beneficiosa del aspecto turístico. No se les garantizó el acceso a la tierra, no hubo capacitaciones ni acompañamiento para el desarrollo, y por estos días, se enfrentan con una dura realidad, producto de un ideario que pareció estar así planeado desde un principio: los quieren echar de donde vivieron siempre. El modelo turístico que ejerce la Provincia no contempla en absoluto ninguno de los derechos elementales de estos habitantes – que en su mayoría ya fueron desalojados de manera silenciosa y violenta en varios casos- y avasalla cruelmente la impronta social y cultural de una población que durante décadas fue la única que vivió en la región, pero que ante la llegada del asfalto, pareciera de repente haberse convertido en “intrusa”. La situación, por estas horas, llegó a un pico máximo de tensión a partir de los supuestos aprietes y amenazas contra los pobladores por parte de policías de El Soberbio, que, sostienen los vecinos, fueron rentados por una empresa privada que pretende desalojar a los habitantes locales. “La situación es de mucha tensión y desesperación, están atropellando con todo” denuncian los baqueanos. PRIMERA EDICIÓN arribó a Colonia Pepirí para dialogar con los involucrados y conocer la coyuntura por la cual están atravesando. “El turismo sólo nos trajo sufrimiento”Teresa de Olivera tiene 46 años. Nació, se crió y vio crecer a sus hijos en esta colonia. Sus padres vivieron aquí antes que ella. De ellos heredó los conocimientos para la producción de citronella y otros cultivos anuales para subsistencia. “Antes teníamos que movernos por el río, porque era muy difícil por tierra, no había un buen camino como ahora. Remábamos para traer mercadería, para ir al médico si estábamos enfermos, para todo íbamos en canoa. Era duro, pero vivíamos tranquilos, eso fue antes que comience esta pesadilla”, cuenta Teresa al recibirnos en su chacra, de donde quieren desalojarla. “Nos están amenazando constantemente para que nos vayamos. Muchos tuvieron que irse por miedo, porque vino hasta el propio jefe de la policía de El Soberbio a decirnos que si no nos vamos, quedaremos en la calle y sin nada, obligan a la gente a que acepte lo que la empresa le ofrece. Nosotros resistimos porque amamos este lugar, vivimos acá toda la vida, es nuestro lugar y acá vivimos siempre en paz hasta que llegó el asfalto”, apuntó a su turno María, hermana de Teresa. Para ella y sus vecinos, las promesas de progreso resultaron falaces, y hoy asisten a una situación que hace pocos años atrás, parecía idílica. “Los gobernantes decían que con el asfalto iba a ver progreso, pero acá todos los que fueron echados y los que aun vivimos aquí, solo tenemos problemas. El turismo solo trajo sufrimiento para nosotros”, dijo. Mabel, en tanto, es otra de las hermanas de Teresa, que debió abandonarlo todo y marcharse junto a sus hijos. Afirman que el método que la empresa privada presuntamente habría utilizado para echar a esta familia no fue muy diplomático. “Le cercaron con alambrado su chacra y le llenaron de ganado. Las vacas comieron toda su producción y le cerraron el camino para salir. A la par de eso le amenazaban y ella tuvo miedo por los chicos porque un día la policía tiró tiros al aire para advertirles que se vayan. Eso hicieron con varios vecinos también sin que nadie los defienda, acá parece que no hay intendente, que no hay gobernador, que no existen derechos humanos, a todos están atropellando de esta forma”, contó Teresa. Silvia Dos Santos, otra de las vecinas que resisten, expresó que “todas las semanas la Policía viene a extorsionar. Y si bien todo está ya en la Justicia, nosotros pusimos un abogado pero ellos siguen queriéndonos echar. Yo creo que el gobernador no puede desconocer esto que pasa, parece como si todo estuviera planeado para echarnos a nosotros que toda la vida estuvimos acá, y hacer negocios. Estamos desesperados, pedimos ayuda por favor”, rogó Dos Santos. El productor Jorge Schulz (41) relató que “acá la gente que se fue lo hizo por temor a perderlo todo. Es muy triste. De repente siempre vivieron acá y cuando llega el asfalto echan a todos. Nadie los defendió. Y ahora siguen por nosotros. La presión que hay es tremenda. La empresa arranca árboles, desmonta, llena de venenos, mata la producción del colono que convive con la biósfera, y todo este atropello con la complicidad del Estado que no hace nada para defender al colono. Nosotros estamos dispuestos a resistir, pero la policía que está comprada por la empresa nos está amenazando cada vez más”. El conflictoLa empresa privada ostenta títulos de propiedad por más de 100 mil hectáreas dentro de la reserva de biósfera Yabotí. En el caso de los lotes correspondientes a Colonia Pepirí, desde hace más de cien años se hallan poblados por familias que subsisten desarrollando pequeños emprendimientos productivos, básicamente cultivos anuales, citronella y tabaco. Como tantas miles de familias en la provincia, vivieron siempre tranquilos sin necesidad de acreditar algún tipo de convalidación legal de la tierra. Todo cambió con la llegada del asfalto. Cuenta el guardaparques provincial Roni Rosas, quien integró junto a los vecinos, en un primer momento, la disuelta comisión de gestión de la reserva Yabotí: “Participé del proceso desde 2004, cuando recién se hablaba de cómo iba a ser la traza hasta el Parque, incluso había varios colonos participando de
esas reuniones, colonos que luego fueron desalojados. En aquel momento, incluso conseguimos generar modificaciones en el trazado. Nunca pensamos que el asfalto y el turismo iban a generar un impacto tan negativo para las familias originarias. Lo que ocurrió fue que la empresa hizo un acuerdo con la gente de la colonia Pepirí, a través del cual se les otorgaría un permiso de ocupación para que ellos puedan estar tranquilos, se llegaron a hacer carpetas, y se enviaron a Buenos Aires. Pero en ese interín falleció la persona que estaba la frente de la empresa, y al quedar sus hijos como encargados, deciden dar otro rumbo, y ahí es donde comienzan los desalojos, las presiones y las amenazas. Hoy quedan pocas familias resistiendo. Y las que se fueron, perdieron la oportunidad histórica y prometida, de desarrollarse gracias al turismo. El turismo acá en Moconá, pareciera ser que no es para el pobre, sino para quien tiene un negocio, es una política turística neoliberal, que excluye al lugareño”. Reserva a la derivaDesde el puesto de guardaparques situado sobre ruta 2, a pocos kilómetros del acceso al Parque Provincial Moconá, indicaron que “hoy no tenemos una política de manejo o lineamientos claros en torno a la gestión de la reserva de biósfera Yabotí. Se trabaja con mucha improvisación en ese sentido, los guardaparques hemos ido quedando marginados de conocimientos en cuanto a las políticas que se adoptan, de hecho no se hacen controles en zonas claves. Existe caza furtiva y extracción de madera nativa de forma ilegal, pero no se controla justamente por esta falta de políticas claras. Dicen que existe un plan de manejo, pero los guardaparques, que somos los primeros que deberíamos acceder, no lo conocemos”. Llama poderosamente la atención, la presencia en plena reserva de biósfera Yabotí, de un proyecto ganadero con casi 400 cabezas, que no cuenta con plan de manejo aprobado, y que viene causando estragos en el medio ambiente de la biosfera. El guardaparques y delegado gremial de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Roni Rosas, explicó que “en primer lugar es importante aclarar que este proyecto ganadero de la empresa Puerto Larrahgaue S.A no tiene un plan de manejo aprobado por el Ministerio de Ecología; no se ha realizado ninguna evaluación de impacto ambiental, y la verdad es que pese a que hemos comunicado en varias ocasiones acerca de esta situación al ministerio, el proyecto ganadero se sigue expandiendo, provocando impactos en la biosfera”.El proyecto ganadero ya va por su segunda generación de bovinos, ya que el resultante de la primera, derivó en la comercialización- a través de un remate- de más de 250 cabezas. El Senasa contabilizó el año pasado, 268 cabezas en ese lote, y hoy estarían superando las 300 cabezas. La empresa en sus informes, según señalan desde el puesto de guardaparques, “no informó debidamente acerca de este proyecto ganadero, sino que declaran la zona como de monte nativo”. “La empresa empezó a sacar a la gente del lote 9 y pusieron alambrados, con la excusa de no permitir la entrada, después comenzaron a traer ganado. Se trata de un territorio de 300 hectáreas de biosfera, hay lugares donde es monte y el ganado empezó a entra y pisotear, ingresando en zona roja, que debería estar protegida”, indicó el guardaparques. Sobre los impactos de la actividad ganadera en esa zona de la biosfera, Rosas sostuvo que “impide el normal desplazamiento de la fauna autóctona; animales como venados, tapir, chancho de monte, ancas, pacas, se ven en peligro y amenazados por este emprendimiento que se realiza sin ningún control ni autorización. El alambrado tiene cinco kilómetros de largo, a lo ancho del río, y esa zona está dentro de lo que se considera bosques protectores. El ganado entra en cursos de agua, esos impactos son inmediatos; después tampoco se sabe si se trata de animales que pueden haber traído alguna enfermedad a la zona, acá yhan aparecido animales muertos, de hecho el Senasa está trabajando a partir de la presencia de rabia en la zona, hay una gran preocupación”. Por su parte, uno de los vecinos indicó que “ellos avanzaron con el ganado en zonas donde hay restos arqueológicos y antropológicos que ni siquiera fueron estudiados, y derribaron monte nativo. Dijeron que iban a conservar la zona pero la están destruyendo y el ministerio de Ecología está al tanto de todo pero no hace nada”. Avelino Olivera:“El turismo y el asfalto nos arruinaron”Nadie conoce mejor la Colonia Pepirí y toda la zona de los saltos del Moconá, que don Avelino Olivera (76), nacido y criado aquí mismo. Poblador histórico de un paraje que lleva su apodo de pájaro- “mbiguá”-, Avelino es hoy, uno de los lugareños que empezaron a ser hostigados y amenazados para que se vayan, a partir de la llegada del asfalto, aquella obra que todas las voces oficiales señalaban como portadora de “progreso y desarrollo”, pero que para los humildes colonos de la zona, terminó siendo el peor de los calvarios. ¿Cómo era la vida acá antes de la llegada del asfalto? Siempre fue una vida tranquila. Sacrificada, ruda, pero en paz y con la naturaleza. Nosotros vivimos en armonía con el monte, usando lo mínimo, y conocemos y respetamos la naturaleza. Amamos este lugar, es nuestro lugar aunque hoy quieran echarnos porque somos pobres. ¿Qué les habían prometido cuando hacían el asfalto?Nos decían que era una obra que nos iba a traer progreso, que íbamos a poder trabajar mejor porque iban a venir muchos turistas, que nos quedáramos tranquilos porque venía una vida mejor, pero eso no pasó. ¿Hubo oportunidades y capacitaciones a los lugareños para que puedan aprovechar el desarrollo turístico?Nada. El desarrollo estuvo pensado para el que trae plata de afuera y los de acá, afuera. ¿Y qué sucedió finalmente?El turismo y el asfalto nos arruinaron. Cambiaron nuestra vida en paz por una vida de violencia. Nos persiguen y amenazan para sacarnos. Vimos con dolor, como colonos de toda la vida tuvieron que irse de acá para asentarse en otras tierras, lejos de la posibilidad que supuestamente les iba a dar el turismo. Se fueron por miedo, porque a tiros y a golpes nos amenazan acá. ¿Quiénes y cómo los amenazan?Policías contratados por la empresa. A mí me llevaron y me golpearon, y hace tres semanas hicieron lo mismo con un familiar mio, discapacitado, le cagaron a palos. Se juntan a la noche los policías con los peones de la empresa, tiran tiros al aire para provocarnos y tener motivos para echarnos. A la casa de una de mis hijas entraron y revolvieron todo. Y el comisario en persona vino a decirnos que nos agarremos nuestras cosas y nos vayamos. ¿C&a
mp;oacute;mo vamos a irnos si toda la vida vivimos acá? Vamos a resistir hasta lo último.





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