Una pasajera perdió su teléfono en una unidad de la línea 3, que realiza el recorrido hacia A-4, y cuando logró comunicarse con el conductor, recibió una respuesta que destacó por su amabilidad. Debora Figueredo compartió la historia con PRIMERA EDICIÓN para agradecer públicamente el gesto.
Lo que comenzó como un descuido terminó en una historia que invita a valorar los pequeños gestos de todos los días. El domingo, cerca de las 19.50, una mujer que viajaba en colectivo por Posadas perdió su celular sin darse cuenta. Recién al llegar a su casa advirtió que ya no tenía el teléfono y comenzó a buscar la manera de recuperarlo.
Después de esperar unos minutos, logró comunicarse con el chofer a través del celular de su hija. Del otro lado, el conductor de la línea 3, con recorrido hacia A-4, atendió amablemente y no dudó en ayudarla. Incluso le preguntó si tenía cómo acercarse hasta la zona de Cabo de Hornos y la ruta, donde podían encontrarse para concretar la devolución.

La pasajera se dirigió hasta el lugar y recuperó su teléfono. Según relató a PRIMERA EDICIÓN, el trabajador se lo entregó sin pedir ninguna recompensa. Ella no llegó a recordar su nombre, pero quiso conservar un recuerdo de ese momento: le pidió una fotografía y el chofer aceptó sin inconvenientes.
Conmovida por lo ocurrido, decidió compartir la experiencia y expresar públicamente su agradecimiento. “Doy muchas gracias a Dios por su sinceridad y amabilidad”, escribió.
En tiempos en los que muchas veces las malas noticias ocupan el centro de la escena, la historia de este chofer posadeño recuerda que la honestidad también se hace presente en los actos cotidianos. Un teléfono devuelto, unos minutos de su tiempo y la voluntad de ayudar fueron suficientes para convertir una preocupación en un motivo de alegría y gratitud.






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