
Después de una semana en la que las crecidas de los ríos y arroyos cortaron rutas, alteraron servicios, obligaron a evacuar familias y pusieron bajo vigilancia buena parte de la red vial de Misiones, la pregunta comienza a desplazarse desde la intensidad inmediata de las lluvias hacia la duración que puede alcanzar este episodio de El Niño. El jefe de Meteorología y Prevención de Riesgos Naturales de Posadas, Favio Cabello, advirtió que el fenómeno podría mantener sus efectos hasta el otoño de 2027 y que, pese a las complicaciones observadas durante los últimos días, noviembre y diciembre podrían presentar un escenario aun más exigente.
La perspectiva coincide parcialmente con el último diagnóstico oficial de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), difundido el 8 de octubre. El organismo confirmó que El Niño continúa fortaleciéndose y mantiene más de un 83% de probabilidades de permanecer en una categoría fuerte a muy fuerte durante el trimestre enero-marzo de 2027. Los modelos experimentales de su laboratorio GFDL prevén luego un debilitamiento gradual y una posible transición hacia condiciones neutrales durante la primavera o comienzos del verano del hemisferio norte, es decir, durante el otoño o comienzos del invierno en esta región.
Para Cabello, esa extensión temporal es una de las características que distingue al episodio actual. “El Niño va a perdurar hasta el otoño del año que viene y va a tender a desaparecer después del otoño, hacia el comienzo del invierno”, sostuvo en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones. Recordó que un episodio considerado normal suele comenzar entre septiembre y octubre y debilitarse hacia febrero o marzo, mientras que los eventos de mayor intensidad pueden iniciarse mucho antes y prolongarse alrededor de un año. Markdown pegado
La advertencia adquiere otra dimensión porque Misiones ya atraviesa las consecuencias de las precipitaciones acumuladas. Durante esta semana, las crecidas obligaron a mantener cortados sectores de la ruta nacional 12, afectaron caminos y puentes, condicionaron pasos fronterizos y provocaron evacuaciones en distintas localidades.
Ese escenario, sin embargo, tendría una pausa inmediata. Cabello anticipó que no se esperan nuevas precipitaciones por lo menos hasta el martes, tanto en Misiones como en los estados del sur de Brasil que aportan agua a cuencas como la del Iguazú. Explicó que la inestabilidad que produjo las últimas lluvias copiosas ya se desplazó y que, aunque los cielos continuarán mayormente cubiertos, el fin de semana y los primeros días de la próxima semana transcurrirían sin nuevas tormentas.
La tregua no vendrá acompañada por calor. El meteorólogo proyectó mínimas de 11 a 12 grados durante algunas mañanas y máximas generalmente ubicadas entre 20 y 23, valores que calificó como agradables pero “anormalmente bajos para la época del año”. Explicó que, aunque El Niño eleva la temperatura media global, en una región como Misiones el aumento de la nubosidad, la humedad y las precipitaciones puede limitar durante determinados períodos la radiación solar directa y contener las temperaturas diurnas.
Cabello contrapuso esta situación con la última fase prolongada de La Niña, cuando la menor nubosidad y la escasez de precipitaciones favorecieron períodos mucho más calurosos y secos. Como referencia recordó los 42,9 grados registrados el 24 de enero de 2023, en un contexto de incendios y sequía que alcanzó a buena parte del Nordeste. Para el especialista, ambos extremos muestran por qué el desafío no consiste solamente en acumular más o menos lluvia, sino en adaptarse a oscilaciones que pueden permanecer durante períodos cada vez más prolongados.
Noviembre y diciembre siguen bajo vigilancia
PRIMERA EDICIÓN ya había informado a fines de septiembre que Cabello ubicaba desde la segunda mitad de octubre el comienzo de la etapa más compleja de El Niño y señalaba a noviembre y diciembre como meses de fuerte inestabilidad. Los episodios de esta semana muestran que aquella transición ya comenzó, pero el meteorólogo considera que todavía no se alcanzó el punto de mayor intensidad.
Para describir el momento actual utilizó una escala informal: “Si hacemos una escala del uno al diez, estamos en siete y amesetados”. Desde esa perspectiva, espera que durante noviembre y diciembre aumente nuevamente la frecuencia de lluvias intensas y que cada sistema de tormentas active un riesgo elevado de granizo, ráfagas fuertes y otros fenómenos severos. También mencionó la posibilidad de tornados, aunque aclaró que el comportamiento de cada tormenta dependerá de las condiciones atmosféricas particulares de cada jornada.
La NOAA brinda un respaldo general a la caracterización extraordinaria del episodio, aunque los indicadores oficiales requieren una lectura más precisa. El organismo informó que durante septiembre las anomalías de temperatura superficial superaron los 4 grados en sectores del Pacífico ecuatorial oriental, mientras que el índice Niño-3.4 alcanzó +2,1 grados y Niño-1+2 llegó a +3,9. Su diagnóstico es que se trata de un evento fuerte a muy fuerte y con posibilidades de quedar entre los episodios de mayor magnitud del registro moderno.
Cabello sostuvo que un episodio de esta magnitud representa también una oportunidad para revisar los modelos utilizados por la comunidad científica. Recordó como antecedentes a El Niño de 1982-1983 y el de 1997-1998, dos eventos que modificaron el conocimiento disponible sobre el comportamiento del sistema océano-atmósfera. Según explicó, el primero sorprendió a los centros internacionales de predicción, mientras que para 1997-1998 ya existía una capacidad mayor de anticipación, aunque finalmente la intensidad volvió a superar parte de las estimaciones iniciales.
En ese punto vinculó la discusión con el cambio climático. Según su interpretación, los extremos de la variabilidad climática están ampliándose: períodos de calor y frío más persistentes y fases lluviosas o secas que pueden extenderse durante más tiempo que en décadas anteriores. “Los patrones que conocíamos ahora los estamos reescribiendo”, resumió, después de recordar que la última fase de La Niña se prolongó durante alrededor de tres años.
Respecto de lo que podría ocurrir una vez que termine el actual Niño, Cabello planteó como hipótesis una fase neutral durante el invierno y posteriormente una posible transición hacia La Niña. En este punto, sin embargo, las proyecciones oficiales todavía no permiten dar por confirmado ese escenario: los modelos actuales de NOAA muestran con mayor claridad el debilitamiento de El Niño y el tránsito hacia condiciones neutrales durante 2027, mientras la incertidumbre aumenta para los meses posteriores.
Prepararse para varios meses de inestabilidad
Para Cabello, esa incertidumbre vuelve especialmente importante el trabajo preventivo. Señaló que las comunidades asentadas en zonas de riesgo, los servicios de emergencia y las empresas responsables del suministro eléctrico deberán mantener una atención particular durante los próximos meses, porque son los sectores que reciben de manera más directa las consecuencias de cada tormenta severa.
El especialista contó que durante estos días participa en encuentros de prevención en distintos puntos de la región: estuvo en una actividad en Encarnación, posteriormente en otra realizada en Posadas y adelantó una nueva jornada organizada por la Municipalidad. Aunque reconoció que prefiere el trabajo operativo a la sucesión de reuniones, consideró que estos espacios permiten instalar el problema en la agenda pública y conseguir que la población conozca con anticipación qué situaciones puede enfrentar.
Esa preparación, remarcó, también alcanza a las rutinas domésticas. Meses con humedad elevada, frecuentes jornadas nubladas y tormentas obligarán a modificar hábitos cotidianos, desde el secado de la ropa hasta el cuidado de techos, vehículos y otros bienes frente al riesgo de granizo. Más que instalar una alarma permanente, Cabello planteó la necesidad de incorporar la prevención como parte de la vida cotidiana mientras dure este ciclo de inestabilidad.
Por ahora, la provincia tendrá algunos días para bajar esa presión. La ausencia prevista de precipitaciones permitirá que ríos y arroyos comiencen a responder a la disminución de los aportes de agua y, según Cabello, el domingo del Día de la Madre se presentará sin lluvias en Misiones. La tregua, no obstante, no modifica el horizonte de fondo: el actual episodio todavía tiene varios meses por delante y, de acuerdo con las proyecciones disponibles, sus efectos seguirán formando parte del escenario climático durante los primeros meses de 2027.





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