El avance de las billeteras virtuales, aplicaciones bancarias y servicios financieros digitales simplificó las operaciones cotidianas de millones de argentinos, pero también abrió nuevas oportunidades para las organizaciones criminales.
En ese contexto, las estafas virtuales continúan en aumento y el phishing se convirtió en una de las principales modalidades utilizadas para obtener datos y acceder al dinero de las víctimas.
Según el último informe de seguridad digital elaborado por D’Alessio IROL y CertiSur, el 43% de los usuarios argentinos sufrió algún hackeo o estafa virtual.
El dato representa un fuerte crecimiento respecto de años anteriores. Hace cuatro años, el indicador era del 9%, mientras que alcanzó el 31% en 2024 y el 33% en 2025.
A este escenario se suman las estadísticas del Ministerio Público Fiscal de la Nación. La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI), a cargo del fiscal Horacio Azzolin, registró 34.468 denuncias por delitos informáticos durante el último año, un 21,1% más que en el período anterior.
Dentro de esos reportes, el fraude en línea representó el 63% de los casos recibidos por la fiscalía especializada.
Cómo funciona el phishing bancario
Una de las modalidades más frecuentes es la suplantación de identidad bancaria, conocida como phishing.
El mecanismo comienza generalmente con un correo electrónico o mensaje que aparenta ser enviado por una entidad financiera. Los delincuentes reproducen logotipos, colores y diseños oficiales para generar confianza.
El mensaje suele advertir sobre un supuesto bloqueo de cuenta, una transferencia sospechosa o algún inconveniente que requiere una validación inmediata.
El objetivo es generar urgencia y llevar a la víctima hacia un sitio web falso, que reproduce la apariencia del home banking real.
Una vez allí, la persona puede ingresar su usuario y contraseña sin advertir que esos datos son recibidos en tiempo real por los delincuentes.
Incluso pueden solicitar un código de autenticación, token o clave de un solo uso. Con esa información, los estafadores intentan ingresar a la cuenta verdadera y realizar transferencias o solicitar préstamos preaprobados.
Las señales que pueden revelar una estafa
Uno de los primeros elementos que se debe verificar es la dirección del remitente. Los delincuentes suelen utilizar dominios falsos o direcciones con pequeñas modificaciones en las letras, una técnica conocida como typosquatting.
También hay que prestar atención a los enlaces incluidos en los mensajes. Ante una comunicación sospechosa, la recomendación es no ingresar desde el link recibido, sino acceder al banco escribiendo manualmente la dirección oficial en el navegador o utilizando la aplicación oficial.
Otro indicio es el tono de urgencia. Las amenazas de bloqueo inmediato de cuentas, multas, pérdida de beneficios o supuestas operaciones sospechosas buscan generar miedo y evitar que el usuario analice la situación.
Los errores ortográficos, problemas de redacción, archivos adjuntos sospechosos y pedidos de instalación de programas también pueden revelar que se trata de un mensaje fraudulento.
Además, el tradicional ícono del candado en la barra del navegador no garantiza que un sitio sea legítimo. Solo indica que la conexión está cifrada y los delincuentes también pueden utilizar certificados de seguridad en páginas fraudulentas.
Qué nunca hay que hacer
Ante un mensaje sospechoso, una de las principales recomendaciones es no hacer clic en enlaces ni botones incluidos en el contenido. Tampoco se deben descargar archivos adjuntos ni proporcionar contraseñas, claves, PIN o códigos de token.
Las entidades financieras legítimas no solicitan este tipo de información por teléfono, correo electrónico o redes sociales para resolver trámites. También se recomienda evitar publicar reclamos o consultas bancarias con información transaccional en redes sociales. Los delincuentes pueden aprovechar esos comentarios para contactar a las víctimas mediante perfiles falsos que simulan pertenecer al banco.
Otra modalidad consiste en recibir un supuesto aviso sobre un error en una transferencia. El estafador puede intentar guiar a la víctima hasta un cajero automático o pedirle que genere un código para supuestamente solucionar el inconveniente.
En realidad, esos pasos pueden terminar habilitando una transferencia de los fondos de la víctima.
Qué hacer si vaciaron la cuenta
Si una persona descubre que fue víctima de una estafa, la rapidez de la reacción resulta clave. El primer paso es comunicarse inmediatamente con el banco o billetera virtual mediante sus canales oficiales de emergencia y solicitar el bloqueo del home banking, tarjetas y token. También es importante obtener un número de reclamo que deje constancia de las operaciones desconocidas.
Luego se deben cambiar las contraseñas de los servicios digitales importantes, preferentemente desde un dispositivo seguro y diferente al utilizado durante la estafa.
La conservación de las pruebas también resulta fundamental. Se recomienda guardar correos, mensajes, conversaciones de WhatsApp, capturas de pantalla, números telefónicos y detalles de las transferencias, incluidos los CBU o CVU de destino.
Con esa documentación, se puede realizar la denuncia penal ante la Justicia. También es posible acudir a una comisaría o fiscalía para formalizar el reclamo. La información obtenida puede resultar clave para que los investigadores soliciten medidas destinadas a identificar a los responsables y eventualmente intentar congelar los fondos transferidos.
Finalmente, si la respuesta de la entidad financiera no resulta satisfactoria, el usuario puede recurrir a los organismos estatales de defensa del consumidor y al Banco Central, según corresponda al caso.
Fuente: Iprofesional






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