Ana Laborde
Profesora de Yoga
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3764-430623
Comprendiendo que venimos de diversos grados de estrés, al finalizar la sesión de Yoga disfrutamos los efectos del maravilloso despliegue de técnicas para el bienestar y la calma. Permanecemos sentados y buscamos la lectura habitual. En la página señalada Indra Devi nos decía: “No puede restarse importancia a la relajación y cada persona debería aprender la técnica de la relajación”. Ahora leemos:
“La relajación del cuerpo y de la mente ha ocupado siempre un lugar destacado en las enseñanzas del Yoga, desde que los yoguis comprendieron que no podía lograrse la iluminación espiritual cuando la persona no tiene sosiego en la mente y cuando sus músculos no están quietos, sino tensos y rígidos. Para poder practicar sus meditaciones, por ejemplo, tienen que estar absolutamente tranquilos y aquietados de mente.
A eso se debe que hayan dispuesto ejercicios especiales de carácter físico y mental, para ir relajando poco a poco la mente y los músculos… Estos ejercicios capacitan a la persona para dominar sus propios pensamientos y emociones, mientras contribuyen a aflojar sus articulaciones y músculos agarrotados…”. Aquí levantamos la vista recordando que así son nuestras experiencias durante la práctica, y seguimos leyendo:
“El Yoga enseña, además, ciertas posturas corporales que ejercen una influencia calmante en la mente, como la postura del loto que se adopta siempre para practicar la concentración y la meditación”. En lo cotidiano, “es un hecho comprobado que una postura física puede producir un efecto específico en la mente y viceversa…”.
Además, “cuando el cuerpo está relajado y en descanso, casi no hay desgaste de energía vital, que en Yoga se llama Prana”. Aquí recordamos lo que experimentamos en la práctica y continuamos leyendo donde Indra recuerda observaciones de Edmund Jacobson:
“…la mayor parte de la gente no sabe cómo relajarse. Observando a diferentes animales… los yoguis descubrieron que los felinos eran ejemplos del mundo animal en cuanto a capacidad para relajarse… Observe a su gato, cómo se estira y bosteza (el mejor ejercicio espontáneo de relax), y cuán inmóvil queda cuando descansa… Cuando esté Ud. fatigado y necesite descansar, imite al gato y túmbese aflojando todos los músculos sobre una alfombra o en un diván, pero el suelo es mejor”. Reflexionando sobre lo leído, ponemos el señalador y nos retiramos. Namasté.






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