Lo que comenzó como una apuesta familiar en plena pandemia hoy se convirtió en un modelo productivo que despierta el interés de cada vez más productores. La semihidroponía, un sistema que combina sustratos inertes, riego tecnificado y cultivo bajo cubierta, empieza a consolidarse en Misiones como una alternativa para transformar la producción de frutillas.
El crecimiento del emprendimiento encabezado por la familia Rolón refleja ese cambio: pasaron de 15.000 plantas a 120.000 en apenas cinco años, multiplicando la producción y apostando por una tecnología que promete mayor eficiencia, mejores rendimientos y una fruta de mejor calidad.
“Empezamos en 2019, en plena pandemia. Somos una familia de seis hermanos y volvimos al campo de nuestros padres para buscar una alternativa. Mi papá había producido frutillas hasta 2008 y decidimos retomarlo, pero con una tecnología más moderna”, relató el productor Nicolás Rolón en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones.
A diferencia del cultivo convencional, la semihidroponía no utiliza suelo agrícola. Las plantas crecen sobre sustratos inertes, reciben agua y nutrientes mediante un sistema de riego controlado y permanecen protegidas dentro de invernaderos.
Según Rolón, eso cambia por completo la lógica de producción. “La principal diferencia es que aprovechás muchísimo mejor el espacio. Al tener las plantas elevadas podés trabajar en dos o tres niveles dentro del mismo invernadero. Eso significa más plantas por metro cuadrado y, por lo tanto, mucha más producción”, explicó.
El productor señaló que esa mayor densidad permite obtener un rendimiento considerablemente superior utilizando menos superficie.
Menos pérdidas por el clima
En una provincia donde las lluvias intensas, el granizo y la elevada humedad suelen convertirse en enemigos permanentes de los productores, el cultivo bajo cubierta ofrece una ventaja decisiva.
“Las plantas están protegidas de las lluvias y del granizo. Además, es mucho más sencillo controlar la aparición de plagas y hongos porque el ambiente donde crecen está mucho más controlado”, afirmó.
Ese manejo más preciso también permite reducir el uso de agroquímicos y mejorar el estado sanitario de los cultivos.
“La naturaleza siempre puede jugarte una mala pasada, pero con este sistema uno tiene muchas más herramientas para manejar esas situaciones”, agregó.
Rolón destacó otro aspecto que pocas veces aparece cuando se habla de innovación agrícola: las condiciones laborales.
En lugar de trabajar directamente sobre el suelo, las plantas se encuentran a la altura de la cintura.
“Para el personal es muchísimo más cómodo. No tienen que pasar todo el día agachados y eso hace que el trabajo sea mucho más saludable”, sostuvo.
El principal desafío para quienes quieren iniciarse en este sistema sigue siendo el costo inicial.
El productor calcula que instalar un invernadero completamente equipado demanda una inversión cercana a los 10 millones de pesos.
“Estamos hablando de un invernadero de 14 por 50 metros, con unas 6.000 plantas, todo el sistema de riego instalado y listo para comenzar a producir”, detalló.
Sin embargo, considera que el desembolso inicial termina compensándose con el tiempo.
“Cuando uno hace los números a largo plazo, la inversión se amortiza. Las estructuras duran muchos años, se necesita menos mano de obra y la producción aumenta considerablemente”, explicó.
Incluso aseguró que existen alternativas para reducir costos. “Lo más caro es el hierro para los invernaderos, pero también se puede trabajar con madera. Nosotros incluso adaptamos plásticos de silobolsa para algunas canaletas y funcionó muy bien”, comentó.
El productor reconoció que la actividad también enfrenta dificultades. Los fertilizantes y otros insumos importados registraron importantes aumentos durante el último año, lo que obliga a ajustar permanentemente los costos de producción.
“Hoy los costos son bastante más altos, especialmente los fertilizantes y los insumos importados. Hay que encontrar el equilibrio para que los precios sigan siendo competitivos”, señaló.
Una misma planta puede producir durante varios años
Otra diferencia importante respecto del sistema tradicional es la vida útil de las plantas.
En los cultivos sobre suelo, la frutilla suele producir durante una sola temporada antes de ser reemplazada. Con la semihidroponía el panorama cambia.
“Nosotros renovamos las mismas plantas, las podamos, las volvemos a preparar y pueden producir durante dos o tres años”, explicó.
Gracias a ello logran extender la producción durante gran parte del año. “Generalmente arrancamos en marzo y seguimos hasta diciembre. Incluso podríamos producir todo el año, pero en verano preferimos parar porque la calidad de la fruta cambia con el calor”, indicó.
Misiones todavía importa gran parte de las frutas
Aunque el emprendimiento creció de manera sostenida, Rolón sostiene que la provincia todavía tiene un enorme potencial para desarrollar su producción local.
Actualmente comercializan sus frutillas en Posadas, Oberá, Santa Ana, Leandro N. Alem y Apóstoles, pero asegura que el mercado aún está lejos de saturarse.
“Todavía entra muchísima fruta desde Corrientes. Misiones no logra autoabastecerse, así que necesitamos muchos más productores“, aseguró.
Por eso considera que la semihidroponía puede convertirse en una herramienta estratégica para reducir la dependencia de otras provincias.
El próximo desafío: tomates cherry y morrones
Después del fuerte crecimiento registrado en la producción de frutillas, la familia decidió poner un freno a la expansión para consolidar lo logrado.
“Con las frutillas llegamos a las 120.000 plantas y por ahora ese será nuestro techo. El próximo paso será volver a producir tomates cherry y sumar morrones”, adelantó.
Finalmente, Rolón alentó a otros productores a animarse a incorporar esta tecnología.
“Los costos iniciales asustan, pero después todo son beneficios. Se utilizan menos productos, mejora la calidad, aumenta la producción y el consumidor recibe una fruta que dura mucho más. Vale la pena apostar por este sistema”, concluyó.







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