Además de las subas en cuadros respiratorios, las bajas temperaturas que se registraron este mes trajeron consigo un aumento de los accidentes domésticos por quemaduras, principalmente entre niños de 0 a 3 años que, por un descuido, llegan hasta la cocina y se queman con agua o aceite caliente.
Así lo advirtió la responsable de la Unidad de Quemados del Hospital Pediátrico, la doctora Mariana Valdés Viñuales, quien en diálogo con PRIMERA EDICIÓN confirmó que este mes ya ingresaron seis pacientes con quemaduras por agua caliente, cuatro de ellos menores de 3 años, en lo que definió como “una estadística que se repite año a año”.
Según explicó, el frío multiplica la cantidad de elementos calientes al alcance de los más chicos, como el agua para el baño, el mate cocido o las pavas eléctricas.
Un daño prevenible
Los menores de tres años son, por lejos, los más afectados por los accidentes domésticos en esta temporada. Los niños que todavía están en brazos de su mamá o recién aprendiendo a caminar se queman con líquidos calientes, que en invierno abundan más: agua, infusiones como té o mate, aceite o comida directamente de la olla. De hecho, Viñuales señaló que uno de los objetos más peligrosos es el termo de agua caliente, junto con las pavas eléctricas, que quedan al alcance de los más chicos en la cocina, que “es el lugar más inseguro de las casa”, agregó.
De acuerdo a la especialista, si los niños no ingresaran a ese espacio de la casa, “la estadística de quemaduras bajaría en un 60%”. Por eso, la principal recomendación es evitar que los chicos entren cuando hay alguien cocinando, y si la persona a cargo está sola, “hay que buscar la forma de aislarlos de esa zona, con un corralito o barrera”, indicó.
Otros puntos de riesgo en el hogar son la plancha, que atrae a los chicos por su brillo metálico, y los tomacorrientes y electrodomésticos sin protección.
Viñuales se refirió también a qué pasa después de estos descuidos: los accidentes con líquidos calientes generan quemaduras de espesor total (es decir, que llegan a la hipodermis), porque hay contacto con metal caliente o fuego. Esas heridas no cicatrizan solas, requieren de injertos de piel y al menos un mes de internación (muchas veces en terapia intensiva, como uno de los casos en tratamiento). En ese sentido, la médica remarcó que “las cicatrices acompañan de por vida” y no son solo estéticas: también son funcionales, “muchas veces discapacitantes” y necesitan cirugías reparadoras hasta la adolescencia.






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