Hay días en que las Cataratas del Iguazú parecen cambiar de carácter. Dejan atrás la imagen serena de postal turística y muestran su costado más poderoso: agua marrón, bruma espesa, ruido constante y una fuerza que se siente incluso antes de llegar a los miradores. Este martes es uno de esos días.
La imagen tomada durante la jornada por Walter Fernández muestra a los saltos envueltos en una nube, con el río cargado por las lluvias en la cuenca y un volumen de agua muy superior al habitual. Según datos de Copel, correspondientes a la estación Hotel Cataratas, a las 10 de este martes el caudal del río Iguazú llegó a 5.770 metros cúbicos por segundo.
El dato no solo explica la postal impactante que se vio en el área de los saltos. También ubica a las Cataratas en una franja de atención, ya que el registro quedó apenas 730 m³/s por debajo del nivel en el que habitualmente se evalúa el cierre del paseo a Garganta del Diablo, que suele activarse como medida preventiva cuando el caudal ronda los 6.500 m³/s.
Durante la madrugada y la mañana, el río mostró una suba sostenida. A las 4, el caudal era de 5.430 m³/s; a las 5, trepó a 5.550 m³/s; a las 6, alcanzó los 5.640 m³/s; a las 7, llegó a 5.710 m³/s; a las 8, marcó 5.750 m³/s; y entre las 9 y las 10 se mantuvo en 5.770 m³/s.
Para quienes visitan el parque, este tipo de jornadas tiene un atractivo particular. La experiencia cambia por completo: los miradores se vuelven más húmedos, el sonido del agua gana presencia y la bruma cubre buena parte del paisaje. El color amarronado del río también forma parte del fenómeno: aparece cuando el caudal arrastra mayor cantidad de sedimentos después de las lluvias.
En lugar de una postal calma, las Cataratas ofrecen hoy una imagen intensa con los saltos cubiertos de bruma y un río que volvió a recordar por qué este paisaje es uno de los grandes espectáculos naturales del planeta.
Por ahora, el caudal permanece por debajo del umbral que suele complicar el acceso a Garganta del Diablo, pero el monitoreo continúa siendo clave. En las Cataratas, la belleza muchas veces depende de ese equilibrio delicado entre contemplación y seguridad: cuanto más imponente se vuelve el paisaje, más atención exige el comportamiento del río.







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