A 23 años de la muerte de Mauro Francisco Manuel Ramírez, ocurrida dentro del Regimiento de Infantería de Monte 30 de Apóstoles, su madre, Susana Pintos, volvió a reclamar justicia y cuestionó con dureza la demora del juez federal José Luis Casals Guerrero en avanzar con la investigación. La querella insiste desde marzo en que el magistrado cumpla con la resolución de la Cámara Federal de Casación Penal y cite a declaración indagatoria a los militares Eduardo Jeremías Brevel y Ovidio Francisco Almeida.
“Son 23 años reclamando justicia por mi hijo. Son 23 años de impunidad porque la Justicia no quiere investigar”, expresó Pintos este jueves, al conmemorar un nuevo aniversario de la muerte del joven soldado. La mujer recordó que en diciembre de 2025 la Cámara Federal de Casación Penal hizo lugar al planteo de la querella, reabrió el expediente y ordenó que el caso sea investigado como un hecho de violencia institucional. Sin embargo, denunció que, seis meses después, la causa continúa sin avances.
“Han pasado ya seis meses y el juez Guerrero no acata las órdenes, sigue dilatando la causa y no tenemos respuestas”, afirmó. Según sostuvo, su hijo fue “fusilado dentro de las instalaciones del Ejército Argentino” el 26 de junio de 2003 y reiteró su pedido para que se determine la verdad de lo ocurrido.
“Quiero que se haga justicia, que se investigue como corresponde, que los responsables paguen por lo que le hicieron a mi hijo y estén en el banquillo. No quiero que esta causa quede impune”, manifestó.
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“No quiere investigar”
Consultada sobre los motivos por los cuales la investigación permanece estancada, Pintos dijo no comprender la actitud de la Justicia misionera. “Los jueces de Casación entendieron que había pruebas suficientes para seguir investigando. Sin embargo, acá el juez hace caso omiso a lo que le ordenaron. No quiere ver que acá hubo un asesinato. No quiere investigar. Las razones las desconozco”, señaló.
También sostuvo que, en un principio, el magistrado mostró interés por esclarecer el caso, aunque esa postura habría cambiado con el paso del tiempo. “Al principio estaba muy interesado, pero después cambió totalmente de actitud y se mantiene en esa postura de no querer investigar”, lamentó.
Ante la consulta sobre una posible influencia de la estructura militar en la demora judicial, respondió que “todo tiene que ver” con el hecho de que su hijo pertenecía a las Fuerzas Armadas. “Hasta el fallo de Casación nadie podía tocar a los militares. Hoy aparecen otros casos de soldados muertos en circunstancias dudosas o gravemente lesionados. Yo no digo que todos tengan la culpa, pero los responsables de la muerte de mi hijo son quienes estaban allí aquel 26 de junio de 2003”, sostuvo.

“Le truncaron la vida de un disparo”
Más allá del expediente judicial, Pintos recordó a Mauro como un joven con proyectos y una profunda vocación militar. “Fue el hijo que me enseñó a ser madre. Era un chico trabajador, estudiaba y encontró su verdadera vocación cuando decidió ingresar como soldado voluntario. Nadie lo obligó ni lo hizo por necesidad; lo hizo porque quería servir a la patria”, recordó emocionada.
Contó que Mauro proyectaba continuar su carrera militar, casarse y formar una familia en Apóstoles. “Siempre decía que iba a custodiar la bandera, seguir estudiando, ser militar, casarse y formar su familia. Le truncaron la vida de un disparo”, expresó.
La madre volvió a rechazar la hipótesis de suicidio sostenida al inicio de la investigación y aseguró que el joven atravesaba un buen momento personal. “Nosotros estábamos preparando su casamiento. Tenía proyectos de vida. Ese día llevó su termo, su walkman para escuchar música, estaba recién afeitado. Una persona que no quiere vivir no hace esas cosas”, afirmó.
Además, denunció la desaparición de pertenencias que, según dijo, nunca fueron recuperadas. “Desaparecieron su mochila, su celular y nunca me devolvieron sus cosas. Eso demuestra que algo pasó”, aseguró.
Pintos también reveló que Mauro había escrito cartas antes de morir en las que advertía que “algo no andaba bien” dentro del regimiento y que esos escritos nunca fueron incorporados a la causa. “Él estaba denunciando algo por escrito. Quizás quiso hacerme llegar esas cartas, pero no lo dejaron. Algo pasó en esa guardia, por negligencia o a propósito, pero a mi hijo me lo mataron”, concluyó.









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