
El crecimiento de Uber Moto en Posadas volvió a quedar bajo la lupa tras un accidente reciente que reabrió el debate sobre la seguridad, los controles y las responsabilidades en torno a este tipo de traslados. Aunque el servicio ganó terreno por su bajo costo y por la posibilidad de ofrecer viajes puerta a puerta, desde la Asociación de Motociclistas advierten que la actividad se desarrolla en una zona gris: no está prohibida, pero tampoco cuenta con un marco regulatorio claro.
Así lo planteó Alejandro Melgarejo, integrante de la Asociación de Motociclistas, en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, donde analizó el escenario actual y remarcó que el problema no se reduce a una aplicación, sino a una combinación de factores: crisis económica, transporte público deficiente, falta de controles sostenidos, precarización del trabajo en moto y baja percepción del riesgo vial.
Antes de ingresar de lleno en el debate sobre Uber Moto, Melgarejo hizo una advertencia vinculada a las condiciones climáticas, especialmente en jornadas frías y con niebla. Señaló que quienes circulan en motocicleta deben tener en cuenta que el frío afecta directamente la capacidad de reacción, sobre todo porque los comandos del vehículo dependen de las extremidades.
“En la moto el frío te aleja. Hay que abrigarse, usar equipo para motociclista, guantes, botas, porque los comandos están principalmente en las extremidades. El frío duele y te aletarga, y vas a tener menor tiempo de reacción en caso de que algo suceda”, explicó.
También recordó que las bajas temperaturas modifican el comportamiento de los materiales, reducen la adherencia y aumentan la distancia de frenado. A eso se suma la niebla, los vidrios empañados de los automóviles y la menor visibilidad. “Los motociclistas somos casi invisibles. Hay que tener en cuenta que somos el eslabón más débil en la cadena que circula a diario en las vías”, advirtió.
Para Melgarejo, ese punto no es menor porque en la moto los errores suelen tener consecuencias graves. “El problema con la moto es que aprendés del error y te puede costar la vida o puede salir demasiado caro”, sostuvo.
Al referirse específicamente a Uber Moto, planteó que la mala conducción no es exclusiva de los motociclistas, sino que atraviesa a todo el tránsito. “Muy mal todos, desde los motociclistas hasta los automovilistas. En general, la mala conducción es general”, afirmó.
Sin embargo, remarcó que el uso de motos para traslado de pasajeros implica un riesgo particular. Según explicó, el crecimiento del servicio se da en un contexto donde muchas personas buscan alternativas más económicas frente a un transporte público que calificó como caro y deficiente. Al mismo tiempo, la crisis llevó a numerosos trabajadores a “aventurarse” al traslado de pasajeros, envíos o mercaderías sin conocer plenamente las exigencias de un vehículo de alto riesgo. “Mucha gente salió a la calle sin conocer cómo se maneja este vehículo, que es de alto riesgo, y básicamente está sobreviviendo”, señaló.
Melgarejo describió que hay conductores que pasan 10, 12 o 14 horas arriba de la moto para poder cargar combustible y generar ingresos mínimos. En ese escenario, sostuvo que también decayó la calidad de la prestación. “Hoy ves motos que están en excelente estado, te das cuenta por los cascos, por el estado de la moto, las luces; y ves motos que se están cayendo a pedazos”, indicó.
Uno de los puntos más sensibles, según remarcó, es la falta de formación específica para trasladar pasajeros. Desde la Asociación de Motociclistas vienen trabajando desde hace años para que los conductores comprendan los riesgos a los que están expuestos. Melgarejo recordó que la entidad fue la primera en dictar en Misiones un taller de conducción con acompañante, hace aproximadamente cuatro años, cuando ya advertían que el fenómeno del traslado de personas en moto iba a crecer.
“No es lo mismo llevar una docena de empanadas o una pizza que llevar a una persona”, resumió. La frase concentra uno de los ejes técnicos del problema: una moto cambia su comportamiento cuando lleva acompañante, porque el peso, los movimientos y la postura de la otra persona influyen directamente en la estabilidad y la conducción.
Según explicó, no solo se trata de la responsabilidad del conductor, sino también de cómo debe comportarse el acompañante. “Todo lo que haga el acompañante influye en la conducción del vehículo, algo que no pasa en otro tipo de vehículos. La moto tiene esa particularidad”, dijo.
A pesar de la buena repercusión que tuvo aquella capacitación inicial, Melgarejo lamentó que no haya tenido continuidad. En su análisis, muchas personas obtienen la licencia o compran una moto sin saber lo mínimo necesario para trasladar de manera segura a otra persona.
El referente de la Asociación de Motociclistas también fue crítico respecto del uso del servicio como pasajero. Aclaró que él mismo nunca utilizó Uber Moto, aunque en varias ocasiones lo necesitó, porque lo considera una modalidad con demasiado riesgo. “Subirte a una moto sin saber cómo conduce el conductor, sin conocer a la persona, y muchas veces viendo que la moto está en un estado deplorable, implica que tenés que rezar para llegar sano hasta el otro lugar”, sostuvo.
En ese sentido, advirtió que los usuarios tienen una herramienta concreta para mejorar las condiciones del servicio: premiar o castigar a los conductores a través de la aplicación. Sin embargo, señaló que son pocos quienes lo hacen, aun cuando detectan motos en mal estado, conductores imprudentes o situaciones que no coinciden con lo informado por la plataforma.
Entre las prácticas que más preocupación generan, Melgarejo mencionó el alquiler de cuentas y de motos. Según afirmó, se registran casos en los que el pasajero solicita un viaje y llega una moto o un conductor diferente al que figura en la aplicación. Aun así, muchas personas se suben igual.
“Están alquilando las cuentas. Ya no tenemos cobertura segura ahí para el pasajero. Están alquilando las cuentas, están alquilando las motos. Pedís un Moto Uber y llega una moto que ni siquiera es la que está en la aplicación y tampoco el conductor es el que figura. Y la gente se sube igual”, alertó.
Para Melgarejo, esa decisión implica asumir riesgos innecesarios sólo por economizar. A su entender, si el vehículo, el conductor o las condiciones del viaje no coinciden con lo que muestra la app, el pasajero debe rechazar el servicio.
Consultado sobre quién debería velar por la seguridad, fue directo al cuestionar el rol de las plataformas. “A la app no le importa nada. Facturar nomás le interesa”, afirmó. A partir de allí, sostuvo que el Estado debe intervenir para establecer condiciones mínimas de seguridad, aunque reconoció que la palabra “regularizar” suele despertar resistencias.
“Cuando hablo de regularizar, saltan todos los demonios. Hoy la palabra que demoniza todo es regularizar. Y si a esto no se le da un marco, estamos liberados a que pase lo que pase”, planteó.
Melgarejo recordó que la Asociación de Motociclistas presentó hace años un proyecto en el Concejo Deliberante de Posadas para avanzar en una regulación. Según explicó, la intención no era equiparar Uber con un taxi, sino establecer reglas mínimas para una modalidad distinta, basada en una aplicación que conecta a usuarios con personas que prestan un servicio.
“Uber no es un taxi. No lo podemos tomar de la misma manera. Es otro modelo. Es una aplicación que une al usuario que busca algo con la persona que brinda un servicio. Punto. Hay que aggiornar la situación”, sostuvo.
El crecimiento de las motos, agregó, también se explica por las falencias del transporte público. Melgarejo señaló que las empresas del sector reconocieron que las aplicaciones les quitaron una parte importante del mercado. “Las motos coparon el mercado. Hace muy poquito los empresarios del transporte público decían: ‘Nos sacaron el 40% del mercado’. Y sí, porque el transporte público es caro, no llega puerta a puerta”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó que en algunos barrios los vecinos deben caminar varias cuadras para tomar un colectivo. En ese contexto, muchas personas optan por pedir una moto, aun sabiendo que se exponen a mayores riesgos. “Se arriesgan a todo”, remarcó.
Para el referente vial, la ausencia de un marco claro afecta a los pasajeros, pero también a quienes trabajan en la actividad. Sostuvo que hay conductores muy responsables que quieren reglas para poder trabajar tranquilos. Sin embargo, al no existir una regulación específica, quedan expuestos a criterios variables de control.
“Están trabajando en algo que no está prohibido, pero no está regularizado. Entonces están expuestos a que, dependiendo de lo ‘piola’ que esté la autoridad de aplicación, les secuestren el vehículo o les hagan pasar un mal momento”, indicó.
En relación con los controles, Melgarejo sostuvo que se incrementaron tras distintos hechos registrados en la provincia, entre ellos robos nocturnos y problemas vinculados a la actividad. Valoró que finalmente se hayan intensificado, aunque cuestionó que no fueran permanentes. “Por fin se dispararon los controles, aunque tendrían que haber estado siempre”, dijo.
El entrevistado también apuntó contra la falta de políticas sostenidas de seguridad vial. Recordó que Misiones viene de un año con 240 personas fallecidas en siniestros viales, una cifra que, según sostuvo, coloca a la provincia entre las más comprometidas del país.
“Son 240 familias afectadas. Pero hay un contexto político también. En este contexto de elecciones, nadie le quiere molestar al vecino. Están siempre pensando en la parte electoral”, cuestionó.
En una de las definiciones más duras de la entrevista, Melgarejo sostuvo que muchas veces las autoridades evitan tomar decisiones impopulares. “Prefieren que se maten a que se enojen. Eso es real”, afirmó. También señaló que parte de la sociedad rechaza controles o exigencias básicas, como el uso del casco o la obtención adecuada de la licencia, bajo la idea de que cada uno asume su propio riesgo.
A modo de comparación, mencionó el caso de España, país que -según planteó- logró mejorar sus indicadores de seguridad vial a partir de un proceso sostenido en el tiempo. “Lleva muchos años llevar adelante una política de Estado real en seguridad vial. Nosotros todavía no arrancamos con ese proceso”, sostuvo.
Más allá de sus críticas, Melgarejo reconoció que el uso de Uber Moto seguirá creciendo mientras el transporte público no resuelva sus problemas de costo, frecuencia y cobertura. “La necesidad tiene cara de hereje”, resumió. Para muchos usuarios, explicó, el servicio representa una alternativa rápida, económica y puerta a puerta, especialmente en horarios complejos, como las primeras horas de la mañana.
También anticipó que la Asociación de Motociclistas prepara charlas destinadas a quienes se dedican a trasladar pasajeros en moto. El objetivo será informar sobre derechos, obligaciones y aspectos técnicos de la conducción con acompañante. Las capacitaciones se realizarían en las próximas semanas, una vez definido el espacio y la organización con el equipo técnico.
“La idea es que aprendan estas normativas, este marco regulatorio, y cómo cuidarse una vez que están arriba de una moto con un pasajero”, explicó.
Melgarejo insistió en que la capacitación debe apuntar a la conducción específica con acompañante. “No es lo mismo conducir con una pizza o una docena de empanadas que con una persona de 90 kilos arriba de tu moto, cuando vos, conductor, pesás 60. Te desestabiliza todo el vehículo. Hay muchas cosas del punto técnico que no se tienen en cuenta”, remarcó.
Hasta que exista una regulación más clara, dejó una serie de recomendaciones para quienes utilizan Uber Moto como pasajeros. La primera fue comprar un casco propio, especialmente si se trata de usuarios habituales del servicio. Según explicó, debe ser a medida, estar en condiciones higiénicas y ofrecer la mayor protección posible.
También pidió verificar que el conductor y el vehículo coincidan con los datos que aparecen en la aplicación. Si la moto está en malas condiciones, si no cumple con los requisitos o si llega una persona distinta a la informada, el usuario no debería subirse.
“No te subas si la moto está en malas condiciones. Es demasiado arriesgado. Si te subís con alguien que no sabés cómo conduce y ya ves que la moto no está en condiciones, no lo hagas. Perdé un ratito de tiempo, pedí un servicio mejor y cuidá tu vida”, recomendó.
Para Melgarejo, el usuario tiene un rol central: puede premiar a quienes trabajan de manera responsable y sancionar a quienes no cumplen condiciones básicas. En un escenario donde el servicio crece más rápido que las reglas, esa decisión individual puede marcar una diferencia concreta.
Qué mirar antes de subirse a un Uber Moto
Si bien la regulación sigue pendiente, desde la Asociación de Motociclistas remarcan que el pasajero puede reducir riesgos con algunas medidas básicas:
- Usar casco propio. Si el servicio se utiliza de manera habitual, lo ideal es comprar un casco a medida, en buen estado y con condiciones higiénicas adecuadas.
- Verificar la aplicación. El conductor y la moto deben coincidir con los datos que muestra la plataforma. Si llega otra persona u otro vehículo, no conviene iniciar el viaje.
- Observar el estado de la moto. Luces, cubiertas, frenos, espejos y condiciones generales son señales importantes. Si la moto está deteriorada, es preferible rechazar el viaje.
- Evaluar la conducción. El usuario puede calificar y reportar a quienes no respetan velocidades, semáforos o maniobras básicas de seguridad.
- No subir por apuro. Perder unos minutos y pedir otro servicio puede evitar una situación de riesgo mayor.
“Pantallazo”






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