Cada año, cuando llega el 23 de junio, las llamas vuelven a iluminar la noche misionera. Las fogatas, el tradicional cruce de brasas, la quema de Judas y los deseos lanzados al fuego forman parte de una celebración que atraviesa generaciones y que mantiene intacta su capacidad de convocatoria.
Sin embargo, detrás de los rituales populares existe una profunda raíz religiosa vinculada a la figura de San Juan Bautista, el único santo cuyo nacimiento celebra la Iglesia.
“San Juan tiene la misión de anunciar que el Mesías ya está presente. Es una figura importantísima para los cristianos porque nos recuerda que todos, por el bautismo, somos profetas de nuestro tiempo”, explicó el párroco Alonso Freiberger, de la Capilla San Juan Bautista de Posadas, en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones.
El fuego como símbolo de purificación
Aunque para muchos la Noche de San Juan está asociada principalmente a los juegos y desafíos alrededor de las fogatas, el sacerdote señaló que el fuego posee un significado espiritual profundo.
“El fuego es un signo fuerte de purificación, de liberación y de luz. Es lo que trae Jesús a la vida de las personas, de los pueblos y de las culturas cuando lo dejamos entrar”, afirmó.
Según Freiberger, la tradición popular logró conservar elementos que reflejan valores centrales del Evangelio.
“El fuego ilumina, purifica y ayuda a que desaparezcan sombras como la corrupción, el egoísmo o todo aquello que atenta contra la dignidad humana”, sostuvo.
¿Por qué se cruzan las brasas?
Uno de los momentos más esperados de la celebración es el cruce de brasas, una práctica que despierta curiosidad y que año tras año atrae a cientos de personas.
Para el párroco, más allá del aspecto llamativo, el ritual encuentra sentido en una tradición cultural y religiosa que se remonta siglos atrás.
“La luz simboliza la victoria sobre las tinieblas, sobre el mal y sobre aquello que oscurece la vida. En esta época del año las noches se hacen más largas y el fuego aparece como una manera de mantener presente esa luz”, explicó.
Además, recordó que la festividad coincide con el inicio del invierno en el hemisferio sur, una época que históricamente llevó a las comunidades a reunirse alrededor del calor de las fogatas.
La fe en tiempos difíciles
Durante la entrevista, Freiberger también reflexionó sobre el papel de la fe en un contexto social complejo y marcado por la incertidumbre económica.
“La fe es un soporte vital para el ser humano. Necesitamos creer en algo o en alguien para seguir adelante. Cuando atravesamos momentos difíciles, encontramos en Dios una fuerza que nos sostiene“, señaló.
El sacerdote aseguró que en tiempos de crisis suele observarse una mayor participación en las celebraciones religiosas.
“Hay personas que quizás durante el año no vemos con frecuencia en la comunidad, pero que en estas fechas se acercan. Saben dónde poner su confianza y buscan un espacio para renovar la esperanza”, indicó.
Quemar lo malo para empezar de nuevo
Otro de los rituales tradicionales será la quema del muñeco de Judas, una costumbre que, según explicó el párroco, invita a dejar atrás experiencias negativas.
“La idea es poner allí las tristezas, las amarguras y todo aquello que nos pesa para liberarnos de eso y poder proyectarnos hacia adelante”, expresó.
Y agregó: “El perdón también tiene mucho que ver con esto. No significa olvidar, sino dejar de cargar aquello que nos impide vivir plenamente”.
Una fiesta que sigue convocando
La celebración tendrá lugar en la Capilla San Juan Bautista, ubicada sobre calle Félix Bogado 678, en inmediaciones del Hospital de Pediatría y el Parque Vicario.
Las actividades comenzarán con la procesión a las 19, seguida por la misa central a las 20. Luego habrá espectáculos musicales, puestos gastronómicos, encendido de la fogata, quema de Judas y, cerca de la medianoche, el tradicional cruce de brasas para recibir el Día de San Juan.
“Vivamos esta Noche de San Juan con mucha fe, sabiendo que Dios siempre está con nosotros”, invitó Freiberger.
Mientras el invierno comienza a hacerse sentir en Misiones, las llamas volverán a encenderse una vez más. Para algunos será una noche de rituales y deseos; para otros, una oportunidad para renovar la esperanza. Para todos, una tradición que se niega a apagarse.







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