La escena se repite en distintos puntos de Misiones. Productores que necesitan cosechar, limpiar malezas, arreglar alambrados o mantener cultivos, pero no consiguen trabajadores dispuestos a realizar las tareas. Lo que hace algunos años era una dificultad estacional, hoy se transformó en un problema estructural que preocupa cada vez más al sector rural.
En colonias de San Vicente, Oberá, Andresito, Aristóbulo del Valle y otras zonas productivas, conseguir peones rurales se volvió una tarea compleja. Muchos productores aseguran que, incluso ofreciendo trabajo durante varios meses, cuesta encontrar personas que acepten permanecer en la chacra.
La falta de mano de obra golpea especialmente a pequeños y medianos productores, que dependen del trabajo temporario para sostener actividades como la cosecha de yerba mate, el mantenimiento de cultivos, la horticultura o la producción ganadera.
“Antes vos avisabas en el pueblo y enseguida aparecía gente para trabajar. Ahora cuesta muchísimo. Muchos vienen un día y no vuelven más porque el trabajo es pesado”, contó Ramón, productor yerbatero de la zona de Campo Grande.
El problema tiene múltiples causas. Una de las principales es el bajo pago que pueden ofrecer los productores en un contexto económico complicado. Muchos colonos reconocen que los ingresos de la chacra no alcanzan para mejorar salarios y competir con otros empleos urbanos o informales.
A eso se suma el desgaste físico que implica el trabajo rural. Jornadas largas, calor, humedad, barro y esfuerzo constante forman parte de una rutina que muchos jóvenes ya no están dispuestos a aceptar.
“Los chicos prefieren irse a Posadas, Oberá o Iguazú para trabajar de otra cosa. Aunque ganen parecido, buscan algo menos sacrificado”, explicó Marta, productora hortícola de Ruiz de Montoya. Según relató, en varias ocasiones tuvo que reducir superficie cultivada porque no consiguió personal para carpir y cosechar.
En las chacras también señalan que hubo un cambio cultural en las nuevas generaciones. Muchos hijos de productores optan por estudiar o buscar oportunidades fuera del ámbito rural, mientras que pocos desean continuar con las tareas agrícolas tradicionales.
El fenómeno no es exclusivo de Misiones. En distintas provincias argentinas vinculadas al agro aparecen problemas similares, aunque en la tierra colorada se siente con fuerza debido a la gran cantidad de producciones que requieren trabajo manual intensivo.
La yerba mate es uno de los sectores más afectados. Durante determinadas épocas del año, los productores necesitan tareferos y personal para distintas tareas de mantenimiento, pero cada vez cuesta más completar cuadrillas. Algo parecido ocurre con las huertas y producciones familiares, donde gran parte del trabajo sigue dependiendo del esfuerzo humano y no de maquinaria.
Además, muchos productores remarcan que la mecanización todavía es limitada en las chacras misioneras. Las características del terreno, las pendientes y el tamaño reducido de algunas parcelas hacen difícil reemplazar completamente la mano de obra.
El problema también genera retrasos en tareas fundamentales. Cuando no hay personal suficiente, la limpieza de cultivos se demora, aparecen malezas, baja el rendimiento y aumentan los costos de producción. En algunos casos, incluso se abandonan sectores productivos porque no resulta rentable mantenerlos.
Otro factor que mencionan en las colonias es la informalidad laboral. Muchos trabajadores prefieren empleos temporarios o “changas” que permitan ingresos rápidos sin compromisos permanentes. Esa situación genera inestabilidad tanto para el trabajador como para el productor.
Mientras tanto, en varias zonas rurales crece la preocupación por el futuro. Los productores advierten que, si la tendencia continúa, algunas actividades tradicionales podrían reducirse en los próximos años.
Pese al escenario complejo, muchos colonos siguen apostando a sostener la producción familiar.
Algunos comenzaron a incorporar herramientas para reducir esfuerzo físico, mientras otros intentan organizarse entre vecinos para compartir mano de obra en épocas críticas.
Sin embargo, coinciden en que el problema excede a cada chacra individual. La falta de peones rurales ya no aparece como una dificultad pasajera, sino como uno de los grandes desafíos silenciosos del agro misionero.






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