Rosanna Toraglio
Periodista-BioPsicoTerapeuta
[email protected]
Sabemos que la sal es el condimento más preciado de todos los tiempos y que su poder va más allá de darle gustito a las comidas. Son miles y miles de escritos que hablan de las bondades de la sal, pero en nuestra región, también está arraigado el concepto de estar “salado”, tener una “saladura” y a nivel mundial, tirar o dejar caer la sal es de mal augurio.
Todo comenzó cuando Judas tiró el salero en la mesa, época en que no llevaban tapa y así fue que la derramó. Pero el hecho quedó en el imaginario colectivo a través de la pintura del gran Leonardo Da Vinci.
En la última cena Leonardo Da Vinci, lo pinta a Judas con el salero volcado y algunos intérpretes explican que la sal servía para alejar malos espíritus, purificar espacios y proteger hogares y cosechas, y tirarla es un signo de descuido, en este caso se lo asocia con traición.
El torpe, esa persona a la que le van ocurriendo diferentes hechos desgraciados se la llama “salada”, por lo torpe de dejarla caer. En los rituales antiguos católicos se usaba la sal en el bautismo, como símbolo de incorruptibilidad, se le daba un granito de sal en la boca del pequeño.
Actualmente se sigue utilizando la sal para protección de hogares, para lavarse las manos y sacarse las malas energías, los baños de sal que tienen su poder energético y curativo al mismo tiempo, rituales que van pasándose de generación en generación.
Estamos transitando la denominada Semana de la sal, pero su espíritu responde a que todos tengan en cuenta el daño que puede ocasionar en el cuerpo si se la utiliza en el consumo indiscriminado. La semana es de concientización para la salud y nada tiene que ver con los poderes, pero no se puede hablar del “oro blanco” sin valorar sus bondades.
Así como fue una moneda de pago por su alto valor también era considerada símbolo de amistad, pues su poder conservante de las carnes hablaba de esa permanencia. Tan valiosa era que en museos como El Prado de España hay saleros realizados en oro y en otros materiales valiosos, decorados y artísticamente diseñados.
La sal era lo primero que se colocaba en la mesa, estaba mal visto tocarla con los dedos por eso en las mesas de alta sociedad se servía con una cuchara especial, mientras que entre los más humildes estaba permitido servirse con la punta del cuchillo.
Hoy se corrobora su poder energético y amplía el campo de acción. Se puede utilizar en rituales para espantar espíritus malignos de una persona o del ambiente que estaría cargado de esa negatividad.
En rituales católicos, el sacerdote procede a bendecir la sal con oraciones para exorcizarla y luego ser colocada dentro del agua también bendecida para “que purifique de toda impureza todo lo que toque o rocíe, y proteja de todo ataque de espíritus malignos”.
Además, está comprobado que el ser humano necesita la sal diaria para sobrevivir, aunque a lo que esta semana de concienciación apunta es a evitar abusos en las diferentes condiciones de cada ser humano respecto a su salud física. Ahora que sabemos de sus bondades y su poder, podemos hacer un buen uso de la sal de la vida.
Rituales y baños con sal
La sal, especialmente la gruesa o de mar, se considera un “imán” para las vibraciones pesadas, envidias y la negatividad acumulada en hogares o personas. Colocar sal en rincones de la casa durante un día o dos y luego tirarla a la basura fuera del hogar, agradeciendo por la protección recibida.
Los baños con sal sirven para descargar la negatividad en el cuerpo que pudo haber absorbido durante la jornada. Prepararla con agua tibia y luego echarse frotando el cuerpo en el último enjuague.
Frotarse las manos con sal (gruesa común o de mar) para limpiar también las energías negativas permitiendo el ingreso de nuevas energías, dar paso a la prosperidad. Agua bendita con unos granos de sal sirven para rociar la casa bendiciéndola.









Discussion about this post