El alegato de la defensa de Richard Cristaldo ayer duró poco más de veinte minutos pero fue enfatizado con términos polémicos. El exjuez de Apóstoles, José Antonio Reyes, no solo solicitó la absolución del acusado por el beneficio de la duda, también lanzó afirmaciones: “Los serenos del campo La Rosita mintieron durante el juicio, lo mismo hicieron los dos policías que dijeron que Cristaldo confesó el crimen”.
“Los cuidadores de las lagunas de cría de peces y los campos del ganado son sanguinarios con los cazadores en la zona. Los persiguen, les disparan y mutilan, es mentira que no tengan armas o que solo utilicen una escopeta para espantar los patos que atacan a los alevines”.
También cargó contra los comisarios Sergio De los Santos y Gabriel Antonio Comes, jefe de la comisaría Primera de San José y exjefe de la Dirección Homicidios, respectivamente: “Cristaldo no declaró ni confesó el crimen en la comisaría de San José, no lo podían interrogar sin un abogado defensor, cometieron un delito, violaron las garantías constitucionales de mi defendido”.
Tanto Comes como De Los Santos, declararon el lunes ante el tribunal y coincidieron en que el día que se halló el cuerpo de Tizato en una laguna de “La Rosita”, propiedad de la empresa Rosamonte, el juez de Instrucción 4, Miguel Ángel Faría, ordenó la aprehensión del instructor de artes marciales y que cuando lo trasladaron a la dependencia policial de San José y le notificaban los motivos de la detención, se puso nervioso, rompió en llanto y se incriminó el hecho como un acto accidental: “Yo fui, se me escapó el tiro con el rifle”.
La manifestación fue informada de inmediato al juez Faría no como una toma de declaración del sospechoso sino para que decidiera qué hacer ante el momento clave. El magistrado ordenó que declarara en indagatoria en el juzgado cuando lo citara. Cuando lo llevaron ante el juez para la imputación provisoria, Cristaldo guardó silencio al respecto y negó la autoría.
Pero las afirmaciones de Reyes continuaron: “Tizato no era un chico débil, era morrocotudo y se peleaba con los padres, lo obligaban a ir a pescar y traer la comida a la casa. El padrastro le pegaba”.
De modo contrario, definió al acusado: “Cristaldo es un buen hombre, sano y de poco hablar, todo el pueblo lo sabe”. Y lanzó una afirmación más: “Tizato no era chiquito y una bala calibre 22 no pudo atravesarle el cuerpo, menos con ropa puesta”. Vale remarcar que durante el alegato del fiscal Glinka, este se explayó sobre la herida letal: “El disparo fue a corta distancia y al corazón de un chico flaquito.Le provocó una lesión que no fue fatal inmediatamente. Daniel murió por el balazo en el pecho, pero cuando fue arrojado con piedras en la ropa a la laguna aún estaba con vida, así lo indicó la autopsia del Cuerpo Médico Forense. El intento de Cristaldo fue desesperado por ocultar el cuerpo. No sabemos por qué lo mató pero si sabemos que no fue accidental, las pericias de Policía Científica al rifle así lo indican”.

“Cristaldo ocultó el cuerpo y mintió el recorrido de caza después, desorientó hasta en helicóptero los rastrillajes. Le mintió a los padres de Daniel y abusó de su superioridad física y la vulnerabilidad de un chico de 15 años que fue en alpargatas a cazar, sin seguridad alguna, mientras que él hasta borceguíes llevó. No hay teorías alternativas en este caso, Cristaldo intentó el encubrimiento del crimen”.






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