El relato oficial sobre la desaceleración de la inflación comenzó a convivir con una realidad cada vez más visible en los hogares argentinos: salarios que pierden contra los precios, consumo retraído, endeudamiento creciente y dificultades para sostener gastos básicos.
En las últimas semanas, distintos informes privados y estadísticas oficiales terminaron de consolidar una postal económica marcada por el deterioro del poder adquisitivo y la caída de la demanda interna.
Incluso el propio presidente Javier Milei terminó reconociendo públicamente una situación que el Gobierno había relativizado durante meses. “Yo entiendo que la gente se sienta mal porque se frenó la actividad, que entiendo que la gente se sienta mal porque cayó el salario real”, afirmó durante una entrevista en Neura, aunque defendió nuevamente el rumbo económico y aseguró que la alternativa “era una reverenda mierda”.
La admisión presidencial apareció en medio de una creciente acumulación de indicadores negativos vinculados al ingreso de las familias. Según datos oficiales del INDEC, la inflación de marzo alcanzó el 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), difundida por el Ministerio de Capital Humano, registró una suba de apenas 2,4%.
La diferencia se mantuvo también en el acumulado trimestral. Mientras la inflación alcanzó el 9,4% durante el primer trimestre del año, la evolución salarial llegó al 8,6%. El resultado es una pérdida real del poder adquisitivo que repercute directamente sobre el consumo y sobre la capacidad de los hogares para afrontar gastos cotidianos.
Aunque desde el Gobierno suelen cuestionar el alcance del RIPTE como indicador salarial, el índice continúa siendo utilizado como referencia para medir tendencias. El relevamiento contempla salarios de trabajadores con más de 13 meses de antigüedad, tanto del sector público como privado, e incluye únicamente componentes remunerativos sujetos a aportes previsionales.
Más allá de las discusiones metodológicas, los números comenzaron a reflejarse con claridad en otros indicadores de la economía real. Un informe elaborado por la Fundación Pensar y Casa Tres advirtió que la crisis de ingresos se profundiza y que cada vez más argentinos resignan consumos, servicios y obligaciones para sostener sus finanzas personales.
Según ese estudio, el 68% de los argentinos dejó de realizar alguna actividad o consumo habitual. Los principales recortes se registraron en ocio (65%), compra de primeras marcas (56%), indumentaria (53%) y vacaciones (42%).
La situación financiera de los hogares también muestra señales de deterioro. El 59% de los consultados aseguró haberse atrasado o directamente haber dejado de pagar alguna obligación por razones económicas. Entre los incumplimientos más frecuentes aparecen las tarjetas de crédito (42%), servicios (39%), préstamos (38%) e impuestos (26%).
En paralelo, el 56% de los encuestados afirmó que el ingreso familiar ya no alcanza para cubrir los gastos mensuales. “El número de argentinos que declaran que no les alcanza el sueldo alcanzó su pico histórico durante esta gestión”, sostuvo la Fundación Pensar en el informe.
La percepción social sobre el futuro económico tampoco ofrece señales alentadoras. El 44% de los consultados cree que la situación económica del país empeorará, mientras que apenas el 28% considera que estará mejor. Entre las principales preocupaciones aparecen la situación macroeconómica y el costo de vida.
El informe también profundiza sobre la evolución concreta de salarios, jubilaciones y empleo. En base a datos del INDEC, detalla que el salario real del sector registrado cayó 8,9% entre diciembre de 2023 y febrero de 2026. El impacto fue especialmente fuerte en el sector público, donde los ingresos retrocedieron 18,3%, mientras que en el sector privado formal la caída fue de 3,5%.
El deterioro fue aún más pronunciado en el salario mínimo, que según el estudio sufrió una pérdida real del 39%, alcanzando el nivel más bajo de los últimos veinte años.
En términos acumulados, la Fundación Pensar estimó que cada trabajador privado formal perdió alrededor de 2,3 millones de pesos de poder adquisitivo durante los últimos dos años.
Otro de los datos que refleja el ajuste sobre los hogares es el comportamiento del ingreso disponible, es decir, el dinero que queda luego de pagar impuestos, servicios y gastos fijos. Ese indicador cayó 2,1% en febrero, marcando el peor registro desde marzo de 2024 y ubicándose 5,4% por debajo del nivel de 2023.
El deterioro fue desigual según el nivel socioeconómico. Mientras los sectores de mayores ingresos acumulan una baja del 1,4% desde el inicio de la gestión, los hogares de menores recursos registran una caída del 5,8%.
Las jubilaciones también quedaron afectadas. La jubilación promedio con bono registró una caída real del 24%, mientras que la mínima perdió 30% frente a diciembre de 2023. El informe atribuye parte de ese deterioro al congelamiento del bono previsional, que limitó la recuperación de los haberes pese a las actualizaciones por inflación.
En el mercado laboral, los números muestran una dinámica contradictoria. Según la Cuenta de Generación del Ingreso e Insumo de Mano de Obra del INDEC, durante los últimos dos años se generaron 113 mil puestos de trabajo netos. Sin embargo, el crecimiento estuvo impulsado por formas laborales más precarias. Mientras se perdieron 266 mil empleos registrados, crecieron en 379 mil los puestos no asalariados y no registrados. Entre los sectores más afectados aparecen la industria, el comercio y la construcción. Solo la actividad industrial perdió 73 mil empleos.
A nivel geográfico, el empleo privado cayó en catorce provincias, encabezadas por Tierra del Fuego, Corrientes, Formosa y la Ciudad de Buenos Aires.
El deterioro económico también comenzó a impactar en el sistema financiero. Según el mismo informe, la deuda de los hogares creció 36 billones de pesos y la morosidad alcanzó niveles “casi sin precedentes”. Los préstamos personales registraron una tasa de incumplimiento del 14%, mientras que las tarjetas de crédito llegaron al 12%. En los sectores de menores ingresos, la mora escaló hasta el 34%.
En paralelo a estos indicadores, el Gobierno continuó defendiendo la desaceleración inflacionaria como principal logro de gestión. El dato de inflación de abril, que según el INDEC fue de 2,6%, volvió a instalar el debate sobre los costos sociales del programa económico.
En ese contexto, el economista Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), sostuvo que la desaceleración de precios no puede analizarse de manera aislada. “La realidad además de eso es que los salarios se mueven hace varios meses por debajo, con lo cual el poder de compra de la gente es cada vez menor”, afirmó.
Para Letcher, el esquema económico del Gobierno se sostiene precisamente sobre una caída del consumo interno. “La política del Gobierno cree que eso no puede suceder si yo quiero disciplinar la inflación. La única forma de pegarle a la demanda es que los salarios pierdan contra la inflación”, señaló.
El economista consideró además que la pérdida salarial continuará durante los próximos meses. “Si alguno aspiraba o creía que en los próximos meses los salarios le iban a ganar a la inflación, que descarte esa versión porque no va a suceder”, sostuvo.
También puso en duda la posibilidad de alcanzar una inflación cercana a cero en el corto plazo, tal como plantea el Presidente. “Para el mes de agosto parece bastante lejano. Incluso el vicepresidente del Banco Central está mostrando una curva donde la inflación encuentra un piso cercano al 2%”, indicó.
Letcher advirtió además que el Gobierno aplica mecanismos de intervención sobre algunos precios pese a sostener un discurso de libre mercado. “En el caso del combustible aplicó un congelamiento de 45 días. Ellos lo llaman ‘buffer de precios’, pero básicamente es un congelamiento”, explicó.
Sobre el consumo de alimentos, señaló que la caída de ventas funciona hoy como límite para nuevas subas. “Hoy se estabilizó en un nivel de precios más alto y con una caída de ventas muy importante”, describió respecto de la carne vacuna. “La herramienta principal para disciplinar los precios es la caída del consumo”, insistió.
El director del CEPA también cuestionó la metodología utilizada por el INDEC para medir la inflación. Según explicó, el organismo continúa utilizando una canasta de consumo basada en patrones de 2004 y 2005. “Está mal medido porque utiliza una canasta muy vieja, desfasada respecto de la realidad”, afirmó. Incluso sostuvo que la inflación real sería superior a la informada oficialmente. “El dato de inflación dio 2,6 y debería haber dado entre 2,8 y 2,9”, aseguró, atribuyendo parte de la diferencia al peso insuficiente que tienen las tarifas en la medición.
Mientras tanto, desde la Casa Rosada el discurso oficial continúa defendiendo el ajuste como única salida posible. “Cuando uno está en la silla eléctrica tiene que elegir entre un escenario malo y otro que es una reverenda mierda”, sostuvo Milei para justificar el programa económico implementado desde diciembre de 2023.
En la misma entrevista, el mandatario incluso reivindicó el rol de los especuladores financieros. “Gracias a los especuladores la humanidad vive”, afirmó. Y agregó: “Están brindando un servicio. ¿Qué querés? ¿Que no ganen plata?”.







