La noticia golpea de lleno a quienes durante años siguieron su historia, rezaron por él y acompañaron cada avance en una pelea que parecía no terminar nunca. Ezequiel Galeano, el joven eldoradense que se convirtió en símbolo de lucha y esperanza frente a la fibrosis quística, falleció en las últimas horas en Buenos Aires. La confirmación llegó a través de un desgarrador mensaje publicado por su hermano Gustavo en redes sociales.
“No sé cómo escribir esto, Ezequiel acaba de partir al cielo”, escribió junto a una fotografía del joven, en una despedida atravesada por el dolor, la fe y el amor familiar.
Ezequiel había sido diagnosticado con fibrosis quística desde muy pequeño y durante gran parte de su vida enfrentó severas complicaciones respiratorias. Su caso se hizo conocido públicamente en 2019, cuando su estado de salud se agravó y necesitó con urgencia un trasplante bipulmonar. Durante meses permaneció en lista de emergencia nacional del INCUCAI mientras su familia impulsaba cadenas solidarias y pedidos de oración para sostener la esperanza.
Finalmente, en marzo de 2021, llegó el órgano esperado y el trasplante se realizó con éxito. La recuperación fue lenta, pero le permitió volver a Eldorado y recuperar parte de la vida que la enfermedad le había arrebatado. En entrevistas posteriores contó que disfrutaba volver a compartir tiempo con sus amigos, seguir ligado al fútbol como director técnico y pensar incluso en proyectos solidarios y sociales para ayudar a otras personas.
Sin embargo, durante los últimos meses su cuadro volvió a complicarse. A comienzos de este año tuvo que regresar a Buenos Aires para iniciar nuevos tratamientos tras una falla en el pulmón trasplantado. Primero fue atendido en el Hospital María Ferrer y luego derivado al Hospital El Cruce, en Florencio Varela, donde los médicos intentaban evitar un nuevo trasplante. La familia había iniciado campañas solidarias para afrontar gastos de traslado y estadía mientras sostenía una fuerte cadena de oración.
En las últimas semanas, su estado había empeorado nuevamente. Permanecía internado en terapia intensiva mientras médicos evaluaban alternativas para intentar salvar el órgano trasplantado. “La idea es curarlo con medicamento y que no llegue a otro trasplante”, había contado semanas atrás su madre, Mercedes López.
La despedida publicada por su hermano reflejó también el profundo vínculo familiar construido alrededor de años de internaciones, tratamientos y resistencia. “No existen las palabras para este dolor”, escribió Gustavo, quien durante todo el proceso fue una de las voces más visibles en los pedidos de ayuda y acompañamiento espiritual.
La historia de Ezequiel atravesó a toda una comunidad. En Eldorado su nombre quedó asociado a la perseverancia, a la importancia de la donación de órganos y también a la capacidad de sostener esperanza aun en los momentos más difíciles. Durante años, miles de personas siguieron cada parte de ese camino: desde las cadenas de oración hasta la noticia del trasplante que le permitió volver a respirar con normalidad.
Hoy, esa misma comunidad vuelve a unirse, pero esta vez para despedirlo.






