La comunidad mbya guaraní Yvy Porã Marangatu, ubicada muy cerca de la ruta 103, a la altura del kilómetro 28 del municipio de Mártires, denunció en más de 35 oportunidades que personas ajenas a esa aldea ingresan a sus tierras y talan árboles para su comercialización.

“Nuestra comunidad está asentada en estas tierras hace cuatro años, son 107 hectáreas. Buscamos información sobre estas tierras en la Secretaría de Tierra y, en el momento que vinimos, nos dijeron que el dueño había dejado de pagar impuestos hacía más de 34 años. Desde que entramos, nunca nos molestó el dueño que es de Buenos Aires… como pueblo originario, siempre protegemos el lugar, cuidamos el medioambiente porque forma parte de nuestras raíces y costumbre porque siempre los pueblos originarios cuidan la naturaleza, el monte y los animalitos”, contó el cacique Marcial Giménez en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.
Según recordó, “dos meses después que entramos, iniciamos la comunicación con el dueño de las tierras y nos pasó el número de su abogado para que negociemos. Nuestra comunidad cuenta con el apoyo de una fundación que nos ayudará con la compra de las tierras. Mantuvimos durante tres meses el diálogo con el abogado, pero de golpe el dueño cambió de abogado y desde entonces perdimos comunicación”.
Por eso, la comunidad no pudo comprar las tierras y su cacique está alarmado por el avance de las personas que “destruyen el monte, sacan madera para vender y se benefician comercialmente de una propiedad ajena. Hicimos más de 35 denuncias, pero no obtuvimos ninguna respuesta”, aseguró el cacique.
Piden demarcación
“Todos los días están sacando madera, incluso pasan por la superficie que nosotros protegemos, que son unas 83 hectáreas. El intendente del municipio se comprometió a ayudarnos a hacer la demarcación porque ya pasaron muchos años y el dueño no se presentó ni se puso en contacto con la Municipalidad, por lo que estamos buscando la manera de mensurar el lugar para nuestro pueblo originario. Pedimos que se vea nuestra situación y nos ayuden a proteger este lugar porque están destruyendo la naturaleza”, alertó.
En la aldea viven 12 familias, alrededor de 54 personas. “Trabajamos en la chacra para alimentarnos, siempre andamos pacíficamente, no queremos incomodar a nadie ni tener problema con nadie”, remarcó Giménez.





