La guerra en Medio Oriente comenzó a ingresar en una nueva etapa de regionalización abierta. El conflicto ya no involucra únicamente a Israel, Estados Unidos e Irán: ahora también las monarquías del Golfo aparecen participando de forma directa en acciones militares contra Teherán.
Según reveló The Wall Street Journal y reprodujo la Agencia Noticias Argentinas, Emiratos Árabes Unidos ejecutó a comienzos de abril un bombardeo contra una refinería ubicada en la isla iraní de Lavan, en pleno Golfo Pérsico.
El ataque provocó daños severos que dejaron a la planta fuera de funcionamiento durante varios meses y representó un giro histórico en la postura emiratí, ya que antes del inicio de la guerra las monarquías del Golfo habían prometido mantener neutralidad en el conflicto.
Sin embargo, los reiterados ataques iraníes contra infraestructura energética, aeropuertos y centros turísticos emiratíes terminaron modificando esa estrategia y empujaron a Emiratos a adoptar una posición cada vez más beligerante.
La ofensiva ocurrió además en un momento especialmente sensible, mientras el presidente estadounidense Donald Trump impulsaba negociaciones para alcanzar un alto el fuego en la región.
Aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores emiratí evitó confirmar oficialmente el bombardeo, sí recordó declaraciones previas donde defendía el derecho del país a responder militarmente ante actos hostiles provenientes de Irán.
Desde Teherán denunciaron en su momento que la refinería había sido alcanzada por “el enemigo”, lo que derivó en una fuerte respuesta militar iraní. Según los reportes citados, Irán lanzó una contraofensiva masiva de misiles y drones no solo contra Emiratos Árabes, sino también contra Kuwait.
Uno de los datos más impactantes del informe sostiene que Emiratos se convirtió en el principal blanco de la ofensiva iraní, recibiendo más de 2.800 proyectiles, incluso por encima de los ataques dirigidos contra Israel.
Ese dato expone un cambio profundo en el tablero regional: la guerra dejó de girar exclusivamente alrededor del eje Israel-Irán y comenzó a involucrar de manera directa a actores árabes del Golfo que históricamente habían intentado evitar un enfrentamiento abierto con Teherán.
De acuerdo con las fuentes citadas por The Wall Street Journal, ni el Pentágono ni la Casa Blanca manifestaron malestar por la operación emiratí. Por el contrario, en Washington consideran que la participación de los Estados del Golfo fortalece la estrategia de “máxima presión” contra el régimen iraní.
El involucramiento directo de Emiratos también refleja cómo la guerra empezó a impactar sobre sectores vitales para las economías del Golfo. Según el reporte, la hostilidad iraní golpeó especialmente áreas estratégicas como el turismo, el mercado inmobiliario y la infraestructura energética, pilares centrales del modelo económico emiratí.
La escalada abre ahora un escenario mucho más complejo para Medio Oriente. Ya no se trata solamente de ataques indirectos o guerras por delegación: varios países comenzaron a involucrarse de forma directa en operaciones militares, aumentando el riesgo de una confrontación regional de mayor escala.
Fuente: Agencia de Noticias NA





