La esquina de Urquiza y Tomás Guido volvió a ser escenario de un hecho que expone un problema recurrente en el tránsito: el consumo de alcohol al volante. No se trató de un hecho aislado, sino de una conducta que, según los datos oficiales, sigue estando presente en las calles.
A las 0.40 de este domingo, un Chevrolet Corsa que circulaba en sentido norte-sur colisionó contra un Ford Focus que avanzaba de este a oeste. En este último vehículo viajaba una familia, incluidos dos menores.
El dato central del hecho apareció minutos después, cuando se realizaron los controles de alcoholemia. Uno de los conductores registró 2,12 gramos de alcohol por litro de sangre, un nivel que excede ampliamente cualquier parámetro permitido y que afecta de manera directa la capacidad de conducción.
De acuerdo a parámetros médicos y de seguridad vial, niveles de alcohol como el detectado pueden provocar pérdida de reflejos, alteraciones en la percepción de distancia y dificultades en la coordinación motriz, factores que incrementan significativamente el riesgo de siniestros. El otro conductor dio 0.
Dentro del Focus, los dos menores sufrieron golpes leves. Fueron evaluados en el lugar y no requirieron traslado a un centro de salud por decisión de su padre. Más allá de las lesiones, el episodio vuelve a poner en foco la exposición de terceros -en este caso, niños- ante conductas de riesgo en el tránsito.





