A veces, la rutina de los Bomberos de la Policía en el interior de Misiones no se mide en incendios forestales, sino en la capacidad de resolver lo imprevisto. El sábado por la mañana, en Santa Ana, el aviso no fue por humo, sino por el mugido desesperado de un animal que la tierra se había tragado.
Un vacuno de unos 300 kilos -un peso muerto difícil de manejar incluso para los expertos- terminó en el fondo de una excavación estrecha: un tubo de apenas un metro de diámetro y cuatro de profundidad. Lo que siguió fue una muestra de esa ingeniería rústica y efectiva que solo aparece cuando la urgencia aprieta.
Los efectivos de la División Bomberos llegaron cerca de las 10 con la idea de usar el molinete de la autobomba y cuerdas de rescate. Pero la física es terca: 300 kilos en un pozo de barro no suben por voluntad propia. Tras los primeros intentos fallidos, quedó claro que no iba a alcanzar.
Fue ahí cuando la red de contactos local funcionó más rápido que cualquier protocolo. Se pidió ayuda al municipio, que mandó una retroexcavadora. No era solo sacar al animal, era rediseñar el terreno en minutos para no lastimarlo.
Entre el ruido de la pala mecánica ampliando la fosa y el aliento de los vecinos, la maniobra final logró lo que parecía imposible: poner al vacuno de nuevo sobre sus cuatro patas, sano y salvo. Tras el rescate, la misma maquinaria municipal selló la excavación.






