La Argentina envejece. Y no es una frase hecha ni una sensación generacional: es un proceso demográfico concreto que ya se refleja en la vida cotidiana. Cada vez hay más personas mayores y menos niños. Ese cambio, silencioso pero estructural, obliga a repensar no solo el sistema previsional y sanitario, sino también la manera en que culturalmente se vive la vejez.
Así lo planteó la doctora Mirta Soria, especialista en gerontología, durante una entrevista en el programa El Aire de las Misiones, que se emite por FM 89.3 Santa María de las Misiones.
El disparador fue el comienzo de un nuevo año. “Comenzar es un verbo irregular”, reflexionó Soria. Comenzar las clases, comenzar una temporada radial, comenzar una jubilación. Y también -aunque cueste decirlo- comenzar la vejez.
La pregunta surgió al aire: ¿la vejez tiene que ver con una edad o con una actitud?
Para la especialista, el punto de partida es claro: comienza alrededor de los 60 años, históricamente vinculados a la jubilación, en línea con el modelo europeo que marcó esa edad como referencia. A partir de allí, explicó, se producen cambios fisiológicos normales, propios del proceso biológico.
Pero no alcanza con el dato cronológico. “Después de la edad sigue la actitud”, señaló. El primer paso es reconocerse. “Debemos dejar de lado eso de que somos las chicas o las nenas. Somos personas mayores. Somos viejas”, afirmó sin eufemismos, planteando la necesidad de abandonar la negación cultural.
La resistencia a asumir los años, explicó, es frecuente. Muchas personas desean vivir más tiempo, pero no quieren llegar a determinada edad. “Nos cuesta asumir que tenemos 60, 70, 80 o 90 años”, sostuvo.
En ese sentido, valoró como ejemplo a figuras públicas que reconocen su edad con orgullo, como Mirtha Legrand, quien se mostró públicamente celebrando sus 99 años y expresó su deseo de convertirse en centenaria. “Es un orgullo tener esta edad”, remarcó Soria.
Jubilación y transición
El comienzo de la jubilación fue otro de los ejes abordados. Según relató, en los últimos meses muchas personas comenzaron a recibir notificaciones para iniciar trámites previsionales, algo que antes podía decidirse con mayor margen de elección.
Ese paso no es menor. Implica dejar de cumplir horarios formales y reorganizar la vida cotidiana. “Es una etapa pasiva en el sentido administrativo, pero no necesariamente en lo vital”, explicó.
Incluso propuso revisar el término “pasivos”. “Somos personas activas hoy por hoy, pero eso depende de nosotros”, afirmó. La vejez no debe asociarse automáticamente con improductividad o aislamiento.
Cambios físicos y cuidados
Soria también abordó los cambios biológicos propios de la adultez avanzada. Recordó la menopausia como una etapa que muchas mujeres no comprendían en profundidad, incluso cuando la atravesaban. La disminución hormonal, explicó, aumenta la vulnerabilidad ósea, por lo que caídas pueden derivar en fracturas si no hay suficiente calcio y prevención.
La medicación crónica -como la vinculada a la presión arterial- también aparece como parte habitual del proceso. “Son cambios normales, propios de la vejez”, subrayó, insistiendo en la importancia de tenerlos presentes sin dramatizarlos.
Más allá de lo individual, la gerontóloga puso el foco en un fenómeno estructural: la disminución de la tasa de natalidad. “Hoy nos cruzamos más con personas mayores que con niños”, observó.
En Misiones -indicó- los números reflejan esa tendencia. La menor cantidad de nacimientos modifica la pirámide poblacional y anticipa un escenario en el que el peso relativo de las personas mayores será cada vez mayor. Este cambio plantea desafíos en términos de políticas públicas, sistema previsional, atención sanitaria y acompañamiento social.
Para Soria, el eje central no es temer a la vejez, sino asumirla con identidad. “Es importante que yo me reconozca con la edad que tengo”, insistió. En sus charlas con personas mayores, suele preguntar quiénes se consideran viejos. Pocas manos se levantan. El término todavía genera rechazo.
Sin embargo, su propuesta es clara: dejar de asociar la vejez con algo improductivo o negativo. “Antes decidían por nosotros. Hoy no es así”, afirmó.
La invitación final fue simple pero profunda: disfrutar cada etapa de la vida identificándose con ella. “Reconocer la etapa que estoy viviendo”, sintetizó.
Argentina enfrenta un proceso de envejecimiento poblacional que ya no es una proyección futura sino una realidad en marcha. Asumirlo culturalmente puede ser el primer paso para abordarlo con responsabilidad y dignidad. Y, como señaló la especialista, comenzar -aunque sea un verbo irregular- también puede ser una oportunidad.


